Ballenas en extinción, en comida para perros

La última moda en Japón: snacks para los canes elaborados con rorcual común, una especie al borde de la desaparición cuya población sufrió un declive de un 70% entre 1929 y 2007 debido a la caza comercial.

Su cabeza en forma de V caracteriza al que es el segundo cetáceo más grande. Pero ni la belleza de este ejemplar capaz de cubrir unos 300 kilómetros al día, ni la delicada situación de su población, que sufrió un declive de un 70 por ciento entre 1929 y 2007, según los datos facilitados por UICN, le sirven de paraguas frente a la caza comercial. Catalogado en peligro de extinción según la Lista Roja de UICN, son los balleneros islandeses, los japoneses y los noruegos sus peores enemigos en este momento. Lo último: dar caza a este cetáceo para acabar convirtiéndolo en golosinas para los perros en Japón, tal y como han denunciado desde la Agencia de Investigación Ambiental (EIA).

Una denuncia internacional que ha permitido que al día siguiente al menos una de las dos empresas que han detectado que venden estos productos retire toda la mercancía. Pero vayamos por partes.

Aunque el empleo de carne de delfín y ballenas en comida de perros en Japón está bien documentado, los investigadores han descubierto que están utilizando rorcuales comunes, especie en peligro de extinción, para convertirlos en un snack. Es decir, los islandeses no sólo dan caza a una especie que está protegida para alimentar a los japoneses, sino también para alimentar a sus mascotas. Algo que ha sido tachado de «deplorable» desde Animal Welfare Institute y de «grotesco» desde la IEA.

«Los rorcuales comunes están protegidos de la caza comercial por la Comisión Internacional Ballenera, pero Islandia, con una reserva a la prohibición, sigue cazando. En concreto, la compañía islandesa Hvalur hf es la que los da caza. En Japón que sepamos venden esta carne como snack desde hace dos años en Michinoku Farms –que lo acaba de retirar tras la denuncia– y en Meef.com», afirma a este semanario Clare Perry, de la EIA. «Resulta algo grotesco alimentar a mascotas con una especie en peligro de extinción, que sepamos sólo se hace en Japón», añade.

«Considerando el estado general de los recursos pesqueros y el estado de los ecosistemas marinos, es inaceptable utilizar cualquier recurso de pesca para alimentación de perros y menos mamíferos marinos, por diversas razones, tanto de carácter científico, moral o cultural», afirma François Simar, asesor senior del Programa Global Marino de la UICN.

Tras la denuncia pública hecha esta semana, la compañía japonesa Michinoku ha dado marcha atrás. Y en cuestión de unas horas retiró todos sus productos con carne de ballena del mercado. El presidente de la compañía, Tajuma Konno, dijo en declaraciones a AFP que «quizá era un ignorante respecto al debate de las ballenas, no venderé el producto si eso molesta a la gente».

Una medida aplaudida, pero que llega al menos dos años después de su comercialización. Tiempo durante el cual Michinoku ofrecía los snacks en varios tamaños: 60 gramos por 4,55 euros, 200 gramos por 12,63 euros y 500 gramos por 28,34 euros. A estos productos y a los tradicionales hay que sumar que la compañía vende también snacks para perros de carne de canguro australiano y de caballo de Mongolia.

Desde el grupo de conservación japonés IKAN afirmaron que la principal razón para vender este tipo de productos es atraer a un público rico con algo diferente, como sucede con la comida de perro elaborada con carne de tiburón y foie que puede adquirirse en Japón.

Si bien, en comparación con el mercado que tiene la carne de ballena para humanos, la venta para golosinas para los compañeros de cuatro patas es pequeña. Por ejemplo, a mediados de abril, la tienda de mascotas Dingo, en Tokio, bajó los precios del paquete de 200 g de 11,02 a 7,2 euros. Es decir, carne de ballena en peligro de extinción vendida como un artículo de ganga. Algo surrealista, ya que mientras toda la comunidad internacional (salvo Islandia, Noruega y Japón, que no se han adherido a Cites, la Convención Internacional sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) acuerda no comerciar especies como el rorcual común, en peligro de extinción, perdiendo dinero –al menos los pescadores–, otros países siguen dándoles caza, aunque su destino final sea ya no sólo alimentar a humanos, sino también a sus mascotas.