En diciembre, al calor de España

En pleno mes de diciembre en España, cuando medio país se encuentra en alerta por fenómenos de frío y nieve, y las gripes y los constipados se extienden como la pólvora entre la población, resulta difícil creer que el clima de nuestro país pueda resultar atractivo a alguien.

Sin embargo, España es país receptor en invierno de numerosas especies de aves procedentes de Europa gracias a su posición geográfica -entre dos continentes- y a su clima "templado", que favorece el abastecimiento de alimento durante los meses más duros del año.

Muchas de las aves que nos visitan, al menos medio millón al año, lo hacen sólo de paso en su viaje hacia África, mientras otras fijan aquí su residencia invernal.

Pero España no es sólo país receptor de aves migratorias en invierno, también es emisor de otras especies, las más frioleras, como el alimoche o la cigüeña negra, que prefieren los climas más suaves del sur y deciden abandonar sus áreas nacionales de cría.

Y eso pese a que los inviernos españoles son ahora más suaves y suponen por ello mayor disponibilidad de comida, el principal condicionante de la migración.

Por eso, de todas las especies que emigran de España, hay un gran número de "arrepentidas", que en los últimos años han modificado su conducta debido al cambio climático o para garantizar su supervivencia en zonas donde son más vulnerables, como las islas.

La cigüeña es un buen ejemplo de ello; desde 1994, su población, con más de 25.000 parejas, ha crecido anualmente entre un 7 y un 12 por ciento, y alrededor del 30 por ciento ya no emigra a África; en todo caso, se desplazan hasta el sur de la península.

Podría decirse, según datos del CSIC, que el número de ejemplares de cigüeña que pasan el invierno en España ha aumentado en los últimos veinticinco años de cero a 40.000.

Pero el fenómeno de quedarse en España en invierno no se limita a estas aves ni a la influencia del clima. Ocurre también que algunas especies con costumbres migratorias se vuelven sedentarias para evitar su extinción.

Se trata sobre todo de aves insulares con madurez sexual tardía, que, como el resto de las migratorias, encuentran en sus viajes todo tipo de peligros que amenazan su supervivencia. En las islas, el sedentarismo es básico, pues grandes cambios en el tamaño de la comunidad puede ponerlas en peligro, según un estudio del CSIC.

Un tercer grupo de aves migratorias ha cambiado su comportamiento en cuanto al tiempo que permanecen fuera de nuestro país; así, algunas especies, como la golondrina o el vencejo, han adelantado su regreso entre una semana y diez días.

Y un último grupo de aves, en el que se incluirían algunas rapaces y otras aves carnívoras, no llegan a ser migratorias, pero sí realizan desplazamientos inusuales de su lugar de residencia siempre en consonancia con las fluctuaciones de sus fuentes de alimento.

De las más de 450 especies de aves que frecuentan España, más de la mitad son migratorias y un 15 % de ellas se encuentran amenazadas, según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Un fenómeno el de la migración que sigue planteando numerosos enigmas. SEO/BirdLife, a través del programa de seguimiento Red Fenológica, trata de detectar a escala nacional el efecto del cambio climático sobre el comportamiento de las aves.

Y mediante su programa Migra, la ONG recaba todos los datos necesarios para establecer parámetros de comportamiento que, por otro lado, son un indicador del estado de salud de nuestros espacios naturales y de nuestro clima.

Se trata de conocer las especies que realizan grandes movimientos, sus rutas migratorias, áreas de reposo durante el viaje y áreas de invernada, las que únicamente realizan movimientos dispersivos fuera de la época de reproducción y las que son absolutamente sedentarias.