Vaya faena nos ha hecho la aerolínea

En el momento en que escribo esta pieza, debería estar repasando mis apuntes sobre Nuakchot. Tendría que haber llegado ya a la capital mauritana, hace aproximadamente veintidós horas, y haberle pagado a Sidi (mi guía) la segunda mitad de su tour porque ya le pagué la primera mitad como fianza. Quizá estaría preparando mi equipo para pasar los días siguientes con una tribu de bereberes. (Antes de que nadie se pregunte por qué no organicé un viaje por España con la que está cayendo, confirmo que ese viaje lo llevo haciendo los tres últimos meses y lo seguiré haciendo los tres siguientes, y que la virtud está en el equilibrio, digamos que el viaje a Mauritania era el interludio perfecto).

Expondré al lector lo que pensaba al gastarme mi sueldo de un mes y también un par de cientos ahorrados, por qué quería haber estado en Mauritania aunque me contagiase allí del virus. Lo que pensaba era, veamos: casi siete meses y este bicho sigue rondando, el personal está hasta los ovarios mientras solo salen a pasear con horarios y bozal, el mundo entero parece haberse convertido en una broma macabra, urge a toda costa solucionar este embrollo. Ya sabía que el tema iba a estar complicado porque no anda el horno para bollos pero me dije, qué demonios, cojo los billetes con seguro de cancelación y si doy negativo en la PCR, corro a intentarlo.

Al menos en lo que a mí respecta, mi granito de arena, mi hoja en el suelo. Pensé, pues mira, voy a Mauritania y busco cosas chulas como haría un sabueso con la madriguera del conejo para escribirle al público. Y al menos viajan un rato. Aunque sea con palabras.

También merecía la pena por Sidi. Al principio él no importaba pero después de conocerle, haber hablado tantas notas de voz y llamadas perdidas hasta que conseguimos fijar el itinerario ideal, de haberle dicho Dios te guarde y que él contestase y que Alá te bendiga a ti también; Sidi es un amigo. Es lo bueno que tienen los medios de comunicación hoy en día, que puedes hacerte amigo de un mauritano con tanta facilidad como esta. Sidi me lo dijo, menos mal que vienes amigo porque hace meses que no me llega un euro (quería que le pagase en euros, por supuesto, chico listo, no iba a ser en su deslustrada moneda) y tengo a mis empleados que se suben por las paredes.

Entonces también era por Sidi. Por los hoteles que iba a reservar, los platillos de arroz con pollo que caerían a lo largo de todo el camino, los repostajes de gasolina, el visado de entrada, cualquier necesidad que me pidiese allí el cuerpo, todo cuanto gastara en un país que, siendo sinceros, agradecería un pequeño granito económico en su maltrecho agujero.

Creo que el viaje estuvo bien justificado. Resultaba beneficioso para muchos y para mí también. A quién no le apetecería irse a tocar el Ojo del Sáhara.

Pero el caso es que la compañía aérea que me llevaba hasta allí, no hace falta decir el nombre, canceló los billetes. Así, plim. Cancelados. Escribo entonces desde Lisboa. Tras descubrir la traición aeronaval cogí el coche y vine aquí para hacer unas rutas por el país luso. A falta de pan… Aunque sea celiaco.

Y estoy pensando que es una faena lo que ha hecho la aerolínea. Para todos, para mí y para Sidi, para los negocios del país, los lectores españoles que logran evadirse soportando mi bazofia. Sí, claro que intenté ser crítico, me dije que la compañía necesitaba maximizar ingresos y que procuraba vender vuelos hasta el último momento, que era normal, de primero de ADE. Conseguí comprender, pese al enfado por lo sucedido, que ellos también viven su drama, uno muy duro. Luego me dije que eso estaba muy bien pero que quedaba el problema de los mauritanos. No tanto porque no les llegó el dinero sino porque se les dio la esperanza de que llegarían a tenerlo.

Soy tonto porque considero que el mundo se ha mezclado demasiado, ya vienen demasiadas guerras y tratados y matrimonios y exploradores e internet con los años. La excusa de que yo soy mi patria y el resto son extranjeros ha caducado en esta crisis que afecta a todo el globo. Creo que tengo un concepto de patria pero no este, no este tan viejo de ellos fuera y yo estoy dentro cuando dentro y fuera se ha relativizado. Y esta sucesión de ideas me hace pensar que ya no es útil mirar por uno mismo (mi propia persona, mi compañía, mi país) sin tener en cuenta a aquellos que aparentemente no importan un carajo, porque una recuperación económica solo vendría de la mano de la caridad y la búsqueda del bien común. Son cosas mías, lo sé.

En todo caso, menuda faena para los mauritanos.

Y todo por qué. Lo ignoro, pero sí he visto en las calles de mi país que nosotros también necesitaríamos un puñado de ingleses gastándose el dineral aquí. Las compañías aéreas… ¡Yo qué sé, rebajen los vuelos, suban los precios, piensen algo nuevo! ¡Pongan a sus mejores mentes a idear un nuevo modelo de ventas porque el que tienen quedó obsoleto! Yo en eso no puedo ayudarles.

Aunque ya que me estoy sincerando te digo que en el fondo, fondo pienso que el mundo podría ser como una gran comuna, deberíamos construir nuestras propias casas y plantar huertos con gallinas y cabras, cero emisiones porque gastaríamos el dinero en energía limpia e igual de efectiva. Pero eso sí que es una tontería. Nos separamos de ese posible futuro al matar a Abel por unas fogatas.