Sos del Rey Católico, el pueblo de frontera que vio nacer a un rey

Conocida por ser el lugar de nacimiento de Fernando el Católico, esta bellísima localidad aragonesa es en realidad una explosión de historia, naturaleza y gastronomía

No miente quien reconozca que cada pueblo posee su esencia particular. Espíritu, alma, manías propias. Puede apreciarse al pasear por las callejas de cualquiera de ellos, cuando se descubre que los aromas que manan de los muros de los hogares, entremezclados con los bosquecillos del entorno, no se asemejan a ningún otro. Cada pueblo español posee su propia piedra, una vegetación concreta enmarcándola, sus métodos para terminar los tejados, y el resultado de este batiburrillo de tradiciones y hermosura desemboca en nuevos olores, desconocidos incluso para el más experimentado de los viajeros.

Esta esencia que diferencia cada pueblo se hace patente al visitar Sos del Rey Católico, situado en el valle de Valdonsella al noroeste de Zaragoza. Las casas de piedra se oscurecen al atardecer y brillan con la primera luz del día, como si hubiesen sido sometidas a un hechizo de belleza cambiante, como si el detalle final de sus constructores hubiera sido este mismo hechizo que metamorfosea el tono de sus muros.

Un pedazo de Historia escrita

Antes de zambullirnos en las esquinas de la localidad para palpar sus paredes y desentrañar los embrujos, haría falta conocer ciertas esquirlas de su pasado. Este reconocimiento histórico puede hacerse desde el primer momento que se ve aparecer por la carretera, colocada de forma escalonada sobre un monte rocoso. Las casas apiñadas de piedra vieja dan una impresión compacta, dispuesta a la defensa, y es así, desbrozando la posición del pueblo y la colocación de sus casas, cuando comprendemos rápidamente que se trata de un pueblo de frontera.

Desde las guerras púnicas hasta Napoleón. Gracias a diversos reconocimientos arqueológicos, se sabe que esta región estuvo ocupada desde el siglo VI a. C por los suessetanos, un pueblo indoeuropeo de afiliación céltica que no dudó en posicionarse a favor de Aníbal Barca para enfrentarse a las tropas romanas de Publio Cornelio Escipión en el 211 a. C. Una mala decisión que terminaría con una derrota y un castigo. Un castigo que levantaría rencores y que derivaría en múltiples revueltas de la localidad contra el poderío romano, hasta que el pretor de la Hispania Citerior Terencio Verrón se lanzó al asedio con máquinas de guerra.

Un pueblo de frontera, rebelde si hace falta. Tras la conquista musulmana de la península, en el año 714 ya habían alcanzado la región de Valdonsella y encontraron en Sos una excelente posición para defender sus intereses de posibles ataques asturianos o francos. Luego llegaron los navarros y con ellos Sancho Garcés I, tomaron la región, luego llegaron de vuelta los musulmanes en el 907 y recuperaron el control. Son los devaneos de un pueblo de frontera. En 1044, Sos fue incorporado al reino de Aragón por Ramiro I y esto no gustó a los navarros, se multiplicaban las fronteras, y de los combates entre navarros y musulmanes, el fuego que nacía a los pies de Sos lo prendieron navarros y aragoneses. Es un pueblo de frontera, enzarzado durante cinco siglos en combates entre castellanos, navarros, aragoneses, musulmanes, rebeldes sin causa. Fue tal la fidelidad de este pueblo por la corona de Aragón, que el rey Martín I dispuso que Sos nunca pertenecería a señor alguno, como tampoco sería de nobles o instituciones eclesiásticas. Un pueblo de frontera en el que nació Fernando el Católico, aunque este detalle es casi menor.

Queda una galopada breve a los últimos siglos. Para descubrir las capas de pintura más recientes que cubren el pueblo, impregnadas por los franceses, primero durante la Guerra de la Sucesión (cuando Sos apoyó a Felipe V de Borbón) y después durante la invasión napoleónica, cuando fue tomada por tropas francesas en 1810 para cercar al héroe y guerrillero Espoz y Mina. Aunque de poco sirvió porque es pueblo de frontera, difícil de amedrentar aunque se intente a cañonazos. Espoz y Mina recuperó Sos para España un año después y nunca nos lo han vuelto a arrebatar.

Un pedazo de Historia en piedra

Con un ojo puesto en el papel y el otro en el entorno, recorriendo en paralelo los hechos sucedidos en esta localidad con las representaciones físicas de los mismos, el visitante deberá conocer de primera mano los enclaves de Sos del Rey Católico, para que sean estos quienes le confíen los detalles de su historia.

En el yacimiento arqueológico de Cabeza Ladrero se susurran los momentos de la ocupación romana. Es excitante descubrir esta frontera histórica que delimita el imperio romano, al conocer de primera mano la figura del dios Atis, amante de la diosa Cibeles. La sangrienta historia de este dios es inaudita. Abandonado por sus padres en el monte, fue criado por mortales y obligado a desposarse con la hija de un rey, hasta que la bellísima Cibeles apareció en la ceremonia provocando la locura de Atis. Incapaz de proseguir el enlace, este dios casi desconocido se castró los genitales para no entregarse jamás a mujer alguna.

La etapa medieval probablemente sea aquella con mayor representación. Dos visitas indispensables serían las de los castillos de Añués y de Roita, próximos a la localidad y en ruinas, aunque todavía firmes frente a los bandazos de la edad y del olvido. Ambos se trataron de importantes baluartes para defender los pasos de frontera que separaban los reinos de Navarra y Aragón. La lonja medieval de Sos del Rey Católico, por otro lado, se mantiene en excelente estado y supone un salto atrás en el tiempo por el sonido chasqueante de los pasos del visitante sobre las calles de piedra, es el lugar ideal para encontrar la inspiración que desata el pueblo. El castillo de la Peña Felizana, del que solo queda la torre de homenaje, se levanta casi en el centro de la localidad con una fiereza arrobadora.

Tampoco debe faltar el Palacio de los Sada, conocido por haber sido el lugar de nacimiento de Fernando II de Aragón, el Rey Católico que da nombre a esta localidad. Exento de adornos en su fachada, de aspecto sobrio y fuerza regia, permite un breve momento de fantasía. Ocurre mientras el visitante camina junto a este, al escuchar un llanto estridente que nos avisa del nacimiento del príncipe de Aragón y se desliza entre las ventanas. Sí, ¿por qué no? Escuchamos al niño llorar y comentamos con nuestros compañeros, casi de pasada: allí dentro llora un futuro rey, y se escribirán poemas y leyendas inmortales bajo su nombre.

Hay más para visitar en Sos del Rey Católico, puede pasearse por los jardines del Santuario de Valentuñana y aspirar los olores poderosos del pino y la roca desnuda, puede doblarse cada esquina y encontrar un secreto nuevo tallado en las mismas, o contar una a una las siete puertas de su muralla veterana. Haga el visitante su entrada triunfal por la Puerta de Zaragoza y busque un local donde almorzar comida regional. Mi recomendación sería el Restaurante del Parador de Sos, bendecido con unas vistas privilegiadas desde su terraza. El lomo de corvina es exquisito y no puede faltar su deliciosa tabla de quesos acompañada de un vino aragonés.