Escapada de la semana: un huracán de Historia en Altafulla

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, debido a su casco antiguo, los castillos medievales y villas romanas que lo rodean, este pequeño pueblo catalán arrastra consigo una rica historia.

Playa de Altafulla a mediados de los 60. Al fondo se puede ver la silueta del Castillo.
Playa de Altafulla a mediados de los 60. Al fondo se puede ver la silueta del Castillo.

Desde Roma hasta los Condados Catalanes

Villa Romana de los Munts. FOTO: Jaume Meneses (nombre del dueño) https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/deed.es

La historia del pueblo de Altafulla podría semejarse a una representación en miniatura de la historia de España. Si nuestra cultura comenzó a darse forma durante los años del Imperio Romano, igualmente ocurrió con esta localidad a las orillas del mar Mediterráneo, situada a 15 kilómetros escasos de Tarragona. Prueba de ello es la cercana Villa Romana de los Munts, ahora en ruinas, pero que contó en su época dorada con baños termales, amplios terrenos agrícolas con cultivo de trigo, vid y olivos rodeándola, y una importante comunidad pesquera que todavía hoy sigue activa en la zona. Con el paso de las invasiones visigodas, la villa romana fue prácticamente arrasada y durante el siglo V fue abandonada definitivamente.

La Historia siguió cabalgando hasta chocar con la invasión musulmana de la península. Los territorios pasan de manos a vertiginosa velocidad y sin una fuente fiable que nos saque de dudas, los años se emborronan, y junto a ellos el origen de Altafulla. Aunque se piensa que las primeras edificaciones se levantaron después del Castillo de Altafulla, a lo largo del siglo XI, también cabe la posibilidad de que fuera anteriormente una villa musulmana. Algunos estudiosos afirman que su nombre significa la misericordia de Alá (al -taf-Ullah) aunque es poco probable que así sea, ya que se aproxima más a la traducción catalana de hoja alta (alta fulla) debido a su posición privilegiada sobre las aguas mediterráneas. En cualquier caso, el Imperio Carolingio recuperó rápidamente los territorios perdidos a los musulmanes, la Marca Hispánica se disolvió en los Condados Catalanes y Ramón Berenguer I fundó definitivamente la villa durante sus campañas militares contra la taifa de Lérida.

Los castellers de Altafulla son un espectáculo imperdible. FOTO: Joan Grífols , calafellvalo https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/

El nombre de Altafulla cobró fuerza mientras los reinos cristianos cobraban el tributo a las taifas debilitadas. El castillo de Altafulla, actualmente abierto al público dos días al mes desde 2019, obtuvo cierta importancia en la zona, debido a que formaba parte del entramado de castillos y fortalezas que separaban el condado de Barcelona con los territorios de Al-Ándalus. El castillo ha sido propiedad de numerosas familias catalanas (Berenguer, Requesens, Castellet, Montserrat…) y ha sufrido diversos cambios, principalmente durante el siglo XVII. Es por eso que ahora presenta un estilo claramente renacentista que no se adecúa con los cánones originales que sostuvo en la baja Edad Media.

¿Qué tienen en común Napoleón y Altafulla?

Paso a paso, tropezándose más veces de las que nos gustaría, la Historia avanza por los alrededores de Altafulla, merodeándola como ave de presa durante unos pocos siglos, hasta lanzarse en picado sobre ella. Los musulmanes llevan trescientos años al otro lado del Mediterráneo y una nueva amenaza cruza nuestra frontera, esta vez desde los Pirineos. Napoleón Bonaparte y su Grande Armée se presentan en España para frenar la sangría de soldados franceses provocada por los guerrilleros españoles, retoma el control de la península y las batallas se apiñan en la tierra como bolas de cañón durante el combate. Una de esas batallas, enfrentando al barón de Eroles y el general francés Maurice Mathieu, ocurrió en un pequeño pueblo cercano a Tarragona de nombre Altafulla. El veinticuatro de enero de 1812, 4.000 valientes españoles conocieron el ácido sabor de la derrota y Altafulla fue saqueada por fuerzas francesas.

La iglesia de San Antonio, de donde se sacó el retrato que supuestamente calmó la peste.

Todos sabemos que la historia de Napoleón termina bien para España y mal para el corso. Altafulla volvió a ser libre y la Historia galopa, quizás más erguida que otras veces, hasta llegar al siglo XXI. Altafulla se ha convertido en un remanso de paz para disfrutar de los pocos días de vacaciones que logremos arrancarle al jefe. Es un pueblo amante de las fiestas, tanto que tienen dos fiesta mayores. La Fiesta Mayor por San Martín, el 11 de noviembre, y La Fiesta Mayor “menor” en honor a San Antonio de Padua, el 11 de septiembre. Merece la pena saberse la historia de esta segunda fiesta. Cuenta la leyenda que, durante un brote de peste en 1820, los lugareños sacaron a pasear un cuadro del santo por el pueblo, para ver si su intercesión les libraba de la horrible enfermedad. Cantos, desfiles y tradiciones siguieron los días siguientes. Y al final, de una forma u otra, la peste remitió y el cuadro pasó unas semanas más en el pueblo, hasta que el 11 de septiembre de ese mismo año lo devolvieron a la iglesia de donde salió.

Llegó el turno del turismo

Uno de los elementos más importantes de la localidad es el casco antiguo, conocido como Vila Closa, que todavía mantiene intactos entre sus estrechas callejuelas edificios del siglo XVII y XVIII. Aquí podrá perderse el visitante sin intención de encontrarse hasta pasadas un par de horas. Es tradición, historia. El turismo está en boga en el pueblo de Altafulla. Por eso cuenta con magníficos alojamientos, especialmente el Altafulla Mar Hotel cerca de la costa y el Hotel Gran Claustre en el casco antiguo, perfectos para disfrutar cómodamente de esa mezcla entre historia y playa que tanto atrae. Para los aventureros, aquellos que prefieran saco abrochado y tienda de campaña en su recorrido por la hermosa costa catalana, también hay dos campings indispensables, casi tan históricos como el pueblo: Santa Eulalia y Don Quijote.

El Castillo de Tamarit, construido a mediados del siglo XI. FOTO: Alberto G Rovi (nombre del dueño) https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/deed.en

¿Cuál sería el plan ideal? Es sencillo. Una visita al Castillo de Tamarit, de estilo románico y perfectamente conservado, a lo largo de la mañana. Para comer, no hay sitio mejor que el restaurante Voramar Cal Vitali, cuyo arroz con presa ibérica, boletus y mayonesa de foie fue galardonado como el mejor arroz de España en el 2017. Y antes de que caiga el sol, cuando la tarde todavía brille, un paseo por la hermosa playa de Cala Fonda para recordar aquellos pescadores romanos que faenaban a pocos metros de allí. Este es el conjunto de culturas, historias y hogares que componen Altafulla: un pedazo de tierra que España dio forma hasta que nosotros vinimos a disfrutarlo.