Viajes

Al centro de la Tierra se entra por León

Se sitúa en la pedanía de Valporquero de Torío a 1.386 metros de altura

Se sitúa en la pedanía de Valporquero de Torío a 1.386 metros de altura

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En la cueva de Valporquero (León) la naturaleza se ha convertido en arte. Hace más de un millón de años tomó su camino natural, erosionando con fuerza todo lo que encontraba a su paso y convirtiendo la piedra caliza en una improvisada pinacoteca subterránea. Un sinfín de túneles, lagos, estalagmitas y estalactitas se abren paso en esta joya de la arquitectura natural, que se inició en el Pleistoceno de la era Cuaternaria, cuando los primeros hombres ya poblaban la Tierra. Durante aquella «edad de hielo» comenzaron a formarse las galerías y las simas como consecuencia de la filtración del agua de lluvia que iba atravesando poros, fisuras y grietas del macizo. Ese goteo rítmico y constante fue esculpiendo de forma caprichosa la piedra, dando lugar a un gran museo en pleno corazón de la montaña leonesa, situada en la pedanía de Valporquero de Torío a 1.386 metros de altura.

Algunas de sus maravillas, localizadas en plena Reserva de los Argüellos, cuentan ya con nombre propio: Gran Rotada, Hadas, Gran Vía, Cementerio Estalactítico y Columna Solitaria. Así como también El fantasma, La Virgen con el Niño, Las Gemelas o la Torre de Pisa. Todos ellos tan misteriosos y atractivos como las escenas de la película “La herencia Valdemar” (José Luis Alemán) que se rodó en su interior. Pero si por algo llama la atención este magnético lugar del interior de la Tierra es, precisamente, por las experiencias que viven sus visitantes: cada año son más los que, impresionados por sus imágenes, deciden perderse en la inmensidad y la profundidad de Valporquero para admirar un lugar único que sorprende aún más por sus sonidos. Ya el año pasado la visitaron 69.551 personas, pero el objetivo de éste es superar el récord de 2017, cuando 76.000 personas recorrieron sus entrañas.

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La primera parada es la Gran Rotonda, donde se alojan varios microlagos y pequeñas formaciones con formas muy características. Desde aquí se avanza hacia el interior de la cueva, donde los techos son cada vez más altos y blanquecinos. Si el turista tiene suerte podrá ver las grandes cascadas y escuchar el recorrido del agua que se pierde en la Sala de las Hadas, uno de los espacios más espectaculares. Siguiendo el antiguo curso del río, el camino se abre paso a través del Cementerio, un lugar en el que las estalactitas caídas y las estalagmitas que afloran del suelo de forma caótica dan una imagen de estremecedora de la sala. Y así hasta acabar en la Gran Vía y la Sala de las Maravillas. Para admirarlas, no es necesario ser espeleólogo. Basta con portar un calzado cómodo y una chaqueta para disfrutar de los caprichos del agua en la roca de una de las cuevas más bonitas de España.

La cueva de Valporquero abre todos los días de mayo a septiembre, entre las 10.00 y 18.00 horas. Dispone de tres recorridos guiados de diferente duración, cuyos horarios, precios y reserva de entradas se pueden consultar en la web www.cuevade-valporquero.es.