Ocio

Cumpliendo sueños

Todos tenemos un sueño que no sabemos si algún día podremos hacer realidad. El mío siempre fue dar la vuelta al mundo en un velero. No se cómo ni cuándo comenzó ese anhelo marinero, sólo sé que he tenido que esperar más de cincuenta años para intentar hacerlo realidad

El sueño de Ángela Portero siempre fue dar la vuelta al mundo en un velero. Ha tenido que esperar más de cincuenta años para intentar hacerlo realidad.
El sueño de Ángela Portero siempre fue dar la vuelta al mundo en un velero. Ha tenido que esperar más de cincuenta años para intentar hacerlo realidad.

Todos tenemos un sueño que no sabemos si algún día podremos hacer realidad. El mío siempre fue dar la vuelta al mundo en un velero. No se cómo ni cuándo comenzó ese anhelo marinero, sólo sé que he tenido que esperar más de cincuenta años para intentar hacerlo realidad.

Siempre fui una soñadora. Soñaba despierta, imaginando otras vidas, vivencias utópicas que anidaban en mi mente como si fueran reales. Una imaginación sin límites estimulada por una desmedida pasión por la lectura que me acompañó desde la niñez. Entonces, era voraz y poco selectiva. Leía y leía, sin orden ni concierto hasta que la exigua biblioteca de mis padres fue quedándose sin títulos que me sedujeran. Entonces, era el orden de los libros en la librería, la foto que ilustraba la cubierta de una novela, una cita sugerente de un autor en un epígrafe o un atractivo prólogo, la razón por la que ése libro y no otro, acababa bajo mi almohada para llenar de historias, leyendas o sueños mis noches en vela. Leía a escondidas en la cama mientras la linterna que alumbraba aquellas páginas transformaba las sombras en personajes y héroes que daban luz a mi habitación.

La mejor edad es cuando dejas de cumplir años y cumples sueños.

Por eso a nadie le extrañó que quisiera ser periodista. Escribir y contar historias eran todas mis aspiraciones antes de imaginarme en un velero. Con el tiempo, aquellos sueños fueron cumpliéndose sin ser yo apenas consciente, sin luchar demasiado por conseguirlo, sin ni siquiera tiempo para saborear los éxitos o asumir los errores. Algunos decían que había nacido con estrella pero yo seguía creyendo que para hacer realidad cualquier deseo sólo había que soñar...

Así que sigo haciéndolo, incluso cuando el declive profesional y los sinsabores de la vida me golpean haciéndome creer que los ideales que me quedan por lograr se perdieron bajo el manto de la desesperanza. Fueron dos largos años de oscuridad y ostracismo, de pastillas que enmascaraban la tristeza. Sin fuerzas ni ilusiones para luchar; sin trabajo y con mis hijos a punto de abandonar el nido, mi vida parecía no tener sentido. Abarloada al fatalismo, a punto estuve de tirar la toalla, de darlo todo por perdido. A los cambios hormonales propios de la edad se sumaba el vértigo que me producía comprobar que todo se derrumbaba a mi alrededor y que me sentía incapaz de encontrar el rumbo. Había llegado a la mitad del camino, a esos temidos 50.

Así, con mi nave a la deriva, encontré con mi amiga Raquel López-Varela, la manera de recuperar su gobierno. Ella, como yo, tenía a sus hijos prácticamente emancipados, estudiando fuera de España, algunos ingresos y la posibilidad de tomarse un tiempo para ella, después de toda una vida criando a su prole y ejerciendo la abogacía. Raquel y yo, hace años que compartimos camarote cuando navegamos. Junto a otros amigos solemos alquilar un velero en verano para navegar por Ibiza. Y desde hace dos años, en esa semana en la que las penas se ahogan al sentir la brisa en el rostro y la sal en el cuerpo, fantaseamos con dar la vuelta al mundo en un velero.

Como llegan las golondrinas por primavera, renacieron mis ganas de vivir y mis ansias de libertad. Pero además, para tener alguna opción de trabajo teníamos que obtener la libreta marítima y realizar el curso de Formación básica en seguridad marítima (STCW95). Lo hicimos en septiembre en Murcia y fuimos conscientes de los peligros que conllevaba nuestra aventura a medida que aprendíamos a resolver situaciones de riesgo tales como un fuego a bordo o salir airosas de un hipotético abandono de barco. Aprendimos a sofocar cualquier tipo de incendio, a utilizar máscaras de respiración asistida, a realizar primeros auxilios y a sobrevivir en una balsa salvavidas a la deriva. En octubre, ya con el certificado en mi poder, realicé las pruebas médicas en el Instituto Social de la Marina para obtener el ENG 1. Sentí una enorme satisfacción cuando por fin, con todos los trámites realizados me expidieron en la Dirección General de la Marina Mercante la libreta marítima internacional en la que podría certificar las millas realizadas en la aventura que estábamos a punto de iniciar. No tuvimos tiempo, sin embargo, de refrescar nuestros conocimientos de buceo aunque ambas ya contamos con el título del PADI Open Water Diver, el curso de buceo más popular del mundo.

Así, con estas nuevas titulaciones y la expectativa de aprender a navegar con la práctica, completamos nuestros perfiles en dos de las páginas más importantes del sector: Crewbay y Findacrew y empezamos a contactar con diferentes armadores.

Nos habíamos marcado un reto: cruzar el Atlántico desde Canarias al Caribe. Una travesía de más de 3.000 millas náuticas y casi un mes de navegación que nos proporcionaría la experiencia necesaria para encontrar en las islas caribeñas nuevas oportunidades para trabajar a bordo de algún barco y financiar esta vuelta al mundo.

¿Por qué dos mujeres, superados los 50, deciden cambiar el rumbo de sus vidas?

Algunos dicen que estamos locas. Llaman locura a ese miedo que te paraliza a perseguir un sueño, a actuar para cambiar tu destino y a elegir. Muchos no entienden nuestras motivaciones y unos pocos, desearían hacer lo mismo pero no se atreven. Pero nosotras teníamos un sueño y juntas decidimos hacerlo realidad.

Conectar con otros soñadores es la razón por la que me decidí a escribir este blog en el que narraré nuestras aventuras y desventuras navegando alrededor del mundo. Si nos sigues descubrirás que una travesía de miles de millas náuticas empieza con un sólo gesto: soltando amarras. Aprenderás que las personas empiezan a morir cuando dejan de perseguir sus sueños y que sólo el miedo al fracaso convierte un sueño en algo imposible de cumplir.

Y, tú? ¿Te atreves a soñar con nosotras?

Síguenos todos los jueves en www.larazon.es y en nuestro vblog (www.KnowmadWomen.com) dónde podrás acceder a más contenidos relacionados con nuestra aventura.