La fortaleza de la Mota: el valor de la frontera

El complejo monumental, de origen nazarí, se asoma a más de mil metros de altura sobre Alcalá la Real (Jaén)

Fue la bisagra entre los reinos de Castilla y Granada en tiempos de batallas y conquistas. La huella de la vida y la guerra en la Edad Media sigue presente en Andalucía. Fortalezas, ciudadelas, torreones y murallas almenadas que asisten silenciosos al paso de los siglos sobre un cerro, dominando los campos que ahora son de labor y antes de batalla. Durante centurias vivieron olvidadas o simplemente de espaldas a su verdadero valor sin que nadie reparase en el protagonismo que tuvieron para la Historia. Es más, en algunas ocasiones, sobre todo durante la invasión de las tropas napoleónicas, se utilizaron como almacenes, fortines o directamente fueron voladas por los soldados franceses a lo que hay añadir el olvido e incuria que se dan la mano para derribar muros y almenas con mayor facilidad que la bala de un cañón.

Si no de la ruina, la renacida fiebre por los castillos y las fortalezas se mantiene gracias a series como «Juego de tronos», que rescata una ambientación medieval aunque su trama sea pura fantasía sin ninguna base histórica. No lo pretenden los guionistas, pero sin embargo gran parte de los recintos de la Edad Media que hasta hace unos años sólo veían nubes, cabras y olivares son ahora objeto de estudio y revalorización. Todo el mundo quiere ver el castillo, el patio de armas, las galerías y conocer dónde se alojaba la tropa en los días de campamento. Cosas de la televisión, se puede pensar, pero la realidad siempre es más atractiva que lo que la imaginación humana pueda recrear por imprevisible y por cierta. Ocurre esto en las fortalezas que se encuentran en las zonas que se movieron durante siglos en la denominada frontera y que acompaña a los nombres de un gran número de pueblos andaluces que vivieron en un espacio de luchas, asedios pero también intercambio y riqueza.

La Fortaleza de la Mota en Alcalá la Real (Jaén) es uno de esos lugares en los que la Historia se palpa en cada una de sus piedras y sillares. Construida en su origen entre los siglo XIII y XIV por la dinastía Nazarí, durante 150 años sirvió como bisagra entre los reinos de Castilla y Granada hasta que fue conquistada después de un largo asedio, la población se rindió por el hambre, bajo el reinado de Alfonso XI en 1341. En ese momento pasó definitivamente a manos cristianas aunque en siglos anteriores fue testigo y protagonista principal de los cambios que se dieron en Al-Andalus desde que se tiene noticia de ella en el siglo VIII, aunque el conjunto actual es del XVII. Todo ello se puede entender en el Centro de Interpretación de la Frontera que está abierto a las visitas para dar una visión global de este tipo de construcciones.

Consta de tres espacios, los arrabales exteriores, la alcazaba y el alcázar que se asoman al pueblo a más de mil metros de altura, lo que demuestra su carácter defensivo y estratégico en la Edad Media. Abajo, el pueblo blanco se desparrama con su caserío de casas blancas y bajas al más puro estilo andaluz desde el que se ve la torre de la iglesia de Santa María la Mayor que también forma parte del conjunto. Se trata de una construcción posterior que se asienta sobre un primer templo gótico mandado levantar por Alfonso XI encima de la anterior mezquita musulmana. Su actual trazo es renacentista, aunque sufrió un gran deterioro durante la Guerra de la Independencia.