Malasia, el lujo de la autenticidad

Algunos países enamoran nada más llegar; otros no lo consiguen nunca. Pero sólo unos pocos tienen el don de conquistarnos sin movernos de casa, de ejercer ese magnetismo irresistible que nos obliga a ir hasta allí. Malasia es uno de ellos, entre otras cuestiones porque es una tierra de contrastes donde reina la tolerancia. El país posee, para empezar, una geografía atípica: la Malasia peninsular, en la punta meridional del continente asiático, poco tiene que ver con la Malasia oriental, al norte de la isla de Borneo, situado al otro lado del mar de China. Son casi 30 millones de habitantes (entre malayos, chinos, indios e indígenas autóctonos), un grupo humano ecléctico que vive en perfecta armonía gracias a los firmes pilares de la tolerancia.

Encrucijada entre India y China, la fusión de varias culturas ha ido moldeando su historia hasta el punto de mezclar sobrecogedores palacios con sobrios templos y mezquitas junto a tradicionales edificios coloniales o de estilo chino que conviven con edificios hipermodernos como los que se levantan en Kuala Lumpur, capital del país. Todo ello con el privilegio de poseer una de las faunas y floras más variadas del planeta, hasta el punto de que su selva primaria, refugio de los últimos orangutanes del mundo, cubre el 70% del territorio.

La frenética capital de Malasia es una jungla de asfalto donde el tiempo vuela. Basta pronunciar su nombre para que venga a nuestra memoria la imagen de las torres Petronas, convertidas por méritos propios en el símbolo de Kuala Lumpur. No es para menos, pues se trata de las torres gemelas más altas del mundo, hasta el punto de que se convierten en la silueta más buscada del «skyline» de la ciudad. Pero además de admirarlas de lejos, hay que acercarse a ellas, pues la experiencia es impactante. Es ahí cuando nos damos cuenta de las grandiosas dimensiones de estas gigantescas torres de 452 metros de altura y 88 plantas. El padre de estas «criaturas» es el arquitecto César Pelli, que tuvo el acierto de inspirarse en el arte tradicional islámico, muy evidente sobre todo en la parte superior de las dos torres, con forma de la estrella de doce picos. El «skybridge», un puente de doble altura situado entre los pisos 41 y 42, une las dos torres, siendo el punto más alto al que podemos acceder. Sin embargo, también existe la posibilidad de subir hasta el «observatory deck», el mirador situado en la planta 84 que pone Kuala Lumpur a nuestros pies. Las vistas desde allí son, simplemente, inolvidables. El único peaje que debemos pagar es el de madrugar y hacer cola, pues tan sólo se ponen a la venta 100 entradas diarias para acceder hasta este mágico rincón.

La capital de Malasia desvela sus diferentes rostros a medida que vamos pasando de un barrio a otro, pero en cualquier rincón bulle de animación tanto de día como de noche. Chinatown, Little India, el barrio colonial... Aquí hay mundos completamente distintos que no dejan indiferente, pues el aroma más tradicional puede respirarse a la sombra de altos edificios futuristas, lo que da lugar a un vibrante cóctel. El triángulo de oro de la capital es el centro financiero, donde se levanta la impresionante Menara KL, la torre de 276 metros de altura que alberga un privilegiado mirador. Pero la ciudad también presume de patrimonio cultural y religioso que bien merece la pena descubrir, como Jamek Mosque, una bonita mezquita ubicada donde los dos ríos de la ciudad confluyen marcando el lugar de su fundación. La Plaza de la Independencia y el edificio del Sultán Abdul Samad, con una torre del reloj que está considerada como una de las diez más bonitas en todo el mundo, son otras de las fotos obligadas que hay que tomar en Kuala Lumpur, aunque no hay que dejar de visitar el templo Thean Hou, el Palacio Real o la mezquita nacional, expresión contemporánea del arte y la ornamentación islámicas tradicionales.

En el norte de la península malaya se encuentra el Royal Belum Rainforest, una perla del joyero del ecoturismo internacional, aún sin descubrir, pero que sin duda es una de las citas obligadas en el país. Este parque nacional alberga una de las selvas tropicales más antiguas del mundo, con más de 130 millones de años de edad, por lo que se convierte en el destino idóneo para poner una buena dosis de aventura a este viaje. Aquí el viajero puede sentirse como un auténtico Indiana Jones al recorrer la espesura de la jungla y, si hay suerte, incluso puede toparse con especies tan imponentes como el elefante asiático, el rinoceronte de Sumatra o el tigre malayo. Lo que sí encontramos, sin apenas pestañear, son numerosos ejemplares muy coloridos de las aves Hornbill, pues este parque nacional tiene la mayor diversidad de esta especie en todo el mundo. Entre paseo y paseo nos asaltan preciosas cascadas que invitan a refrescarnos, aunque lo que más llama nuestra atención son las colosales dimensiones de una de las flores más grandes del mundo, la Rafflesia, que por aquí crecen en total libertad hasta alcanzar casi los 11 kilos y el metro de diámetro. Pero no sólo hay una extraordinaria biodiversidad, ya que en este parque también viven los Orang Asli, una etnia indígena malaya que aún conserva intacta su forma de vida en palafitos de madera, tal y como ocurría hace cientos de años.

Pangkor Laut es una pequeña isla privada situada al oeste de la isla principal de Pulau Pangkor, ubicada en la costa oeste de la península malaya, en el estrecho de Malacca. A ella se llega cómodamente con el ferry desde el embarcadero de Marina Island. En esta isla, de unas 120 hectáreas, solo existe un resort de lujo que pasa casi desapercibido en el horizonte gracias a su diseño de madera, muy respetuoso con el entorno, lo que hace de él un auténtico refugio de paz y sosiego en plena naturaleza. El color del mar de la playa más bonita de la isla hace honor a sus tonalidades, pues lleva el nombre de Bahía Esmeralda. Para acceder a ella hay que atravesar la jungla, pero es todo un privilegio poner disfrutar de una exclusiva cena romántica, a la luz de las velas, en mitad de la playa. Al día siguiente podemos mimar el cuerpo y el alma en el Spa-Village del resort o darse un relajante baño en las dos infinity-pools con vistas panorámicas al mar.

Borneo, la tercera isla más grande del mundo, regala al viajero la posibilidad de ver orangutanes en libertad en su hábitat natural e incluso la de visitar a una tribu de indígenas en su poblado tradicional. Para ello hay que desplazarse hasta la región de Batang Ai, pues ahí, a 250 kilómetros al este de Kuching en la frontera con Indonesia, el ecosistema de la selva tropical permanece intacto, por lo que no es difícil toparse con orangutanes, gibones y hornbills. La experiencia es tan auténtica que el medio de transporte empleado para moverse por el parque nacional son los «longboats» tradicionales de los Iban, pequeñas barcas que recorren un sistema ramificado de canales que hacen del viaje una aventura muy especial. Pero aún más es especial es, si cabe, el privilegio de dormir en uno de los alojamientos turísticos que existen en el recinto de un asentamiento de indios Iban, lo que nos permite contemplar, a un palmo, la forma de vida de esta tribu. Y no hay que olvidar, además, darse un chapuzón bajo la cascada Enseluai y comer una rica barbacoa con pescado y arroz con berenjenas preparados en caña de bambú.

El especialista en Malasia: Vive Malasia (www.vivemalasia.es) es un touroperador directo especializado en viajes a Malasia con oficina en Madrid (91 8298 301). La empresa está acreditada por la Dirección de Turismo de Malasia como especialista español en el destino asiático y cuenta con una amplia red de profesionales en Malasia para garantizar la calidad del servicio.

Documentación: para poder entrar en Malasia es preciso presentar el pasaporte en vigor por lo menos seis meses a partir del día de entrada en el país.

Moneda: Ringgit

Idioma: la lengua oficial es el malayo, pero el inglés está muy extendido por todo el país.