Pérez Pascuas, vinos de terruño casi eternos

Bajo la actual tutela de José Manuel Pérez Ovejas, nieto de los fundadores, los vinos de la bodega tienen un estilo propio: son más finos y complejos que la mayoría de los vinos de la Ribera del Duero.

Viña pedrosa puede codearse sin complejos con los vinos de cualquier zona del mundo.
Viña pedrosa puede codearse sin complejos con los vinos de cualquier zona del mundo.

Bajo la actual tutela de José Manuel Pérez Ovejas, enólogo de gran bagaje académico y de carácter humilde, nieto de los fundadores, los vinos de la bodega tienen un estilo propio: son más finos y complejos que la mayoría de los vinos de la Ribera del Duero.

Cuando la familia dejó de entregar sus uvas en la cooperativa de Pedrosa –allá por 1980–, ni siquiera existía oficialmente la D.O. Ribera del Duero, pero ya por entonces los tres hermanos Pérez Pascuas –Adolfo, Benjamín y Manuel, herederos de la pasión por la viña que les había inculcado su padre, Mauro– ya formaban parte del pequeño grupo de viticultores y cooperativas que alumbrarían por fin la Denominación de Origen Ribera del Duero en 1982.

Los Pérez Pascuas partían con un capital muy valioso: 35 hectáreas de viñas cuidadas con esmero a lo largo de muchos años, listas para producir vinos de calidad desde el primer momento. No cabe duda de que disponer de este viñedo fue un factor decisivo para conseguir el aprecio que el público mostró enseguida hacia los vinos de esta casa. Y también lo fue el trato de amigos que dispensaban a cuantos se acercaban hasta la bodega a conocer y disfrutar sus vinos.

Pero si hay que señalar un momento clave para comprender lo que es hoy en día Pérez Pascuas, hay que situarse en 1989, cuando José Manuel Pérez Ovejas, hijo de Benjamín, regresa a la bodega familiar con un espectacular bagaje de conocimientos y títulos (ingeniero agrónomo, máster en Viticultura, licenciado en Enología...) para hacerse cargo de la dirección técnica.

Ciencia y tradición

Muchos temieron entonces un cambio de procedimientos, de forma de hacer las cosas, de ruptura con el pasado y la tradición. Pero nada más lejos de la realidad; José Manuel llegaba con un objetivo bien claro: ser un enólogo práctico y poco intervencionista, compatibilizando y armonizando los conocimientos adquiridos en los libros con los que le habían sido transmitidos por sus mayores.

Hoy, con 27 vendimias a sus espaldas y numerosas visitas a los mejores viñedos del mundo –Burdeos, Toscana, Borgoña, Napa Valley...–, José Manuel considera que los vinos de Viña Pedrosa pueden codearse sin complejos con los de cualquier zona del mundo.

Y todo eso lo han conseguido a base de un trabajo muy serio, que se basa en el viñedo y en la uva tempranillo –la tinto fino de la Ribera–, un icono reverenciado en la casa a la que tienen en un altar: «Es una uva generosa que lo da todo, pero que requiere viñedos viejos y ajustar bien los rendimientos».

El convencimiento de que una producción moderada hace que la calidad se incremente exponencialmente los ha llevado a limitar la producción hasta el entorno de las 600.000 botellas anuales, una cifra muy corta disponiendo de 145 hectáreas de viñas. Y según dice el propio José Manuel: «no tenemos intención de crecer más».

Inversión en i+d+i

Pero hay muchos más detalles que definen la filosofía de esta casa. Y, por ende, la personalidad de sus vinos. Por ejemplo, a pesar de su carácter familiar y de contar con una gran experiencia, la bodega incluye cada año en sus presupuestos una partida de fondos para invertir en I+D+i, que consideran irrenunciable.

La exportación está también siempre presente en los planes de esta bodega, pero al no estar presionada por la necesidad de vender se centra en mercados maduros; escuchándolos no se sabe qué les produce más satisfacción, si el hecho de vender los vinos o el placer de verlos en las cartas de muchos de los grandes restaurantes de todo el mundo.

Ese trabajo silencioso y concentrado que caracteriza a José Manuel Pérez Ovejas –antítesis del enólogo estrella– se transmite a sus vinos, que tienen un estilo propio. Son vinos más finos y más complejos que la mayoría de los vinos de la Ribera, se crían en roble americano y francés sea cual sea su categoría y hasta hoy nadie ha encontrado un Viña Pedrosa agotado. ¿Serán inmortales?

Esta pregunta no es retórica; me la hago porque en febrero de este año tuve el privilegio de catar 23 vinos viejos de la casa y entre ellos estaba un «crianza» de 1985 que aún estaba pidiendo guerra.

CEPA GAVILÁN 2014 Y VIÑA PEDROSA 2013

Bodega Personal La Razón ofrece la oportunidad de comparar el distinto carácter de los dos «crianzas» de Pérez Pascuas: Cepa Gavilán, fresco y frutal, con sólo 12 meses de crianza, y Viña Pedrosa 2013, potente y complejo, criado 18 meses en barricas y con una larguísima vida por delante.

Más información: Se pueden adquirir estos vinos en la página web www.bodegapersonal.es o llamando a los teléfonos 912 900 409 o 902 876 808.