«Yerma» reseca el CDN

Miguel Narros dirige a Silvia Marsó en la tragedia lorquiana

Silvia Marsó, como la protagonista del drama rural

«Maldito sea mi padre, que me dejó su sangre de padre de cien hijos. Maldita sea mi sangre, que los busca golpeando contra las paredes». El lamento de Yerma casi al final de su travesía por la desgracia, resume su drama: una mujer condenada a no tener hijos, aunque sea la semilla agotada de un marido esquivo y seco la causa. Una de las principales tragedias de Federico García-Lorca regresa a Madrid, al Centro Dramático Nacional, que es coproductor del espectáculo junto a Producciones Faraute, que es tanto como decir que quien dirige el montaje es el veterano Miguel Narros.

Escenario telúrico

Como ocurre con «Electra», «Casa de muñecas» o «Doña Rosita la soltera», en «Yerma» hay una gran protagonista que carga con buena parte del peso de la función, aquí con la voz y el rostro de Silvia Marsó. Y, junto a ella, entre otros intérpretes, Marcial Álvarez como Juan, el ajado marido, Iván Hermés como el viril Víctor, que condensa los sueños de hembra de la protagonista, atada por su honradez, las costumbres y los rumores a una existencia infeliz, y Eva Marciel, como María, la amiga de Yerma, quien al comienzo acaba de quedarse embarazada. «Yerma no envidia a su amiga por ser plena. Tan sólo siente la pobreza de la vida, es una mujer que no ha podido cumplir con el pulso vital de la reproducción», reflexiona Marsó. Desnudez escénica, tierra seca y un hilo de agua conforman el paisaje de esta «Yerma», una escenografía firmada por Monica Boromello. «Se ha creado un entorno telúrico, muy importante porque la obra lo es», reflexiona la actriz. Y prosigue: «Yerma es la luz, es pura, pero no lo consigue porque su destino fue manipulado». En esa manipulación, ese no cumplir los sueños, la intérprete ve un paralelismo –algo cogido por los pelos– con la situación actual, «el destino de muchos jóvenes de ahora, truncado por la codicia». Otra cosa es que hablemos de las mujeres de hoy. «Se ha avanzado bastante –concede la actriz–, pero no olvidemos los casos que hay de asesinatos en el hogar, en la pareja, por el machismo. Por no hablar de si se representa "Yerma"en un país musulmán. La obra está hablando aún de la realidad».

Lo que sin duda sigue viva es la poderosa prosa de Lorca, aquí sembrada de versos en las canciones: «Lorca sabe entender los deseos y las frustraciones de las mujeres. Fue el primer dramaturgo que supo poner en su boca los verdaderos conflictos que viven», explica Marsó. Y añade Narros: «Él era homosexual y creador, pero había una parte de la creación que le estaba vedada».