domingo, 28 mayo 2017
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Andalucía

«No es malo que el escritor viva en una duda permanente»

  • Después de casi una década sin publicar una novela, en «El azar y viceversa», Felipe Benítez Reyes, narra las peripecias de un buscavidas para mantenerse a flote.

Felipe Benitez Reyes
Felipe Benitez Reyes
Manuel Olmedo

–¿Diez años dan para escribir una buena novela?

–Bueno, eso depende de cómo sea la novela, que eso es lo que no sé. Yo he necesitado este tiempo para escribir ésta, pero ya si es buena o mala es algo que no me corresponde decirlo.

–Pero muchos compañeros, como Caballero Bonald y Almudena Grandes, no dejan de lanzarle flores. No se quejará.

–Sí, pero uno siempre tiene sus dudas. Es más, no es malo que el escritor viva en una duda permanente. La excesiva seguridad en el escritor no es una buena guía, porque te lleva a dar por buena cualquier ocurrencia, cualquier solución argumental o estilística; creo que uno tiene que estar no ya inseguro pero sí temeroso. Es una manera de no perderle el respeto a la literatura, al saber que estás trabajando una materia muy delicada, peligrosa, en la que cualquier detalle hace que un texto se desmorone o tambalee.

–Ahora que todo el mundo habla de Cervantes, le han salido unos personajes muy cervantinos: pegados al calor de la calle, buscándose la vida continuamente, sirviendo a uno y otro amo, pero siempre con cierta sabiduría.

–Al fin y al cabo el protagonista es un personaje itinerante, como El Quijote, que salía al mundo para satisfacer sus delirios y éste sale para solucionarse la vida. Sí, tiene mucho de aventura del que se echa a los caminos y termina encontrándose con gente y situaciones inesperadas. También de «El Lazarillo», aquél que desempeña oficios muy variados no por elección sino por necesidad, que acaba siendo servidor de muchos amos, el que antepone la supervivencia a cualquier otra consideración. Eso le confiere no sólo una conciencia, sino un pensamiento o una moral de subsistencia, que es mucho más flexible que la moral hecha desde el acomodo.

–¿Usted se ha creído eso de que en los personajes de Cervantes, en «El Lazarillo» o en las obras de Lope de Vega reside eso que llama el alma española?

–Pienso que el alma española, si existe, sería un milagro. Primero sería un milagro que existiera un alma colectiva y segundo que hubiera un alma colectiva que tuviera una nacionalidad. Me parece un nivel de abstracción demasiado complicado, prefiero pensar que las cosas son menos esotéricas. Lo que sucede es que son personajes también emblemáticos de una determinada clase social porque acaba teniendo un patrón que se repite. Entonces, como arquetipo de una clase social sí, pero como un país no lo veo, porque un país es algo mucho más complejo que eso.

–¿Rota es un buen fortín para contar historias?

–Bueno, yo es que vivo allí y me va bien. Nací allí, viví muchos años fuera, pero es un sitio que me resulta agradable, con mi familia, con un ritmo de vida pausado, me ofrece la tranquilidad suficiente para escribir y concentrarme en un proyecto largo como éste. Soy una persona muy casera, paso la mayor parte del tiempo en ella, tengo la única virtud de no aburrirme porque no sé lo que es el aburrimiento. Siempre estoy corrigiendo algo, proyectando, ordenando libros antiguos o escuchando música.

–Ya no es el pueblo que aparece en la novela, ha cambiado mucho.

–Sí, bastante. Ahora la base militar tiene mucha más presencia desde la llegada del escudo antimisiles, con los barcos y los millares de soldados y técnicos. Curiosamente se está reconstruyendo un poco lo que fue la Rota de los años setenta, que estaba muy volcada en el americano. Eso se está reimplantando en el pueblo, está empezando a resurgir ese submundo que se crea al calor de unos colonizadores supuestamente ricos.

–Santiago Carrillo afirmó en una ocasión que el único robo lícito era el de un libro. ¿Piensa lo mismo si el libro en cuestión es el «Tesoro de la lengua castellana o española»?

–Totalmente, pero si un libro ya se titula como tesoro está claro que te lo van a robar, como pasa en la novela, que lo roban porque pone tesoro. Es un libro que al final acaba siendo muy importante en su vida, pero es también un recurso del narrador para justificar el lenguaje culto del personaje, que cada día se aprenda cuatro o cinco palabras del diccionario.

–Antes hablamos del diputado Romero, que no tiene ningún tipo de escrúpulos. ¿Lo que sucede ahora en España viene de lo que se fraguó en la Transición?

–Creo que la Transición fue defectuosa y que todavía no ha acabado, hay muchas cosas que están muy pendientes de mejora, porque hay lastres institucionales que no han pasado por ningún filtro. Hay que ponerse a purificar todo esto un poco, la vida de las instituciones, los mecanismos democráticos, la Ley Electoral, la capacidad de extorsión de los poderosos mediante los bancos a los ciudadanos de a pie; hay muchas situaciones que hacen que la democracia sea muy defectuosa y muy débil en su presencia.

–¿Su generación esperaba mucho más?

–Yo personalmente esperaba más, hubo un momento en el que el punto de mira democrático se desvió como una escopeta de feria. De pronto todo empezó a torcerse, a viciarse hasta llegar a la situación que vivimos ahora. Eso es producto de la política como una especie de gremio y de negocio. Nos han tendido muchas trampas, porque en un principio se dijo que los políticos tienen que estar bien pagados para que los mejores acudan a la política. Lo que sucedió es que los supuestos mejores siguieron en su sitio, haciendo lo que mejor sabían, y al reclamo de los buenos sueldos y prebendas llegaron los que no sabían hacer otra cosa, con lo que nos hemos encontrado un panorama de políticos ineptos cuya ineptitud lleva a la corrupción. Eso ha sido una de las grandes lanzadas hecha a la política, el desembargo de inútiles ha sido tremendo y el discurso redentor sale gratis, lo puede tener cualquiera. El problema es que la gente se lo traga, cuando debería estar escarmentada.

–Pero los ciudadanos tienen la culpa, se han equivocado y tienen que volver a votar.

–Eso me ha parecido una de las mayores faltas de respeto que se han producido en nuestra historia reciente. La gente vota de manera diversificada y nos dicen que ese resultado no sirve, que vuelvan a votar para ver si sale algo que nos venga bien.

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