Astronomía

La NASA señala algo nunca visto en 3I/ATLAS, el objeto que “visita” nuestro sistema solar

“Las observaciones tienen el potencial de revelar detalles cruciales sobre la física y la química de la formación de los planetas en sistemas distintos del nuestro", señala el estudio.

3I/ATLAS
Ilustración del objeto interestelar 3I/ATLAS JS/DesignerJS/Designer

El último y único tercer visitante interestelar conocido de nuestro sistema solar se vuelve cada semana más fascinante. Avistado a principios de julio, el objeto, bautizado como 3I/ATLAS, sería, según todas las observaciones hasta la fecha, un cometa. Viaja tan rápido que una sola mirada a su velocidad bastó para que los astrónomos supieran que proviene de incontables miles de años luz de distancia. E incluso podría ser más antiguo que todo nuestro sistema solar.

Ahora, el Telescopio Espacial James Webb ha dirigido su mirada, en concreto, su Espectrógrafo de Infrarrojo Cercano, hacia el objeto, proporcionándonos más detalles sobre su tamaño y composición que respaldan lo que otros observatorios, incluido el Telescopio Espacial Hubble, habían descubierto previamente.

Estos hallazgos fueron publicados en un nuevo estudio realizado por científicos de la NASA y diversas universidades, actualmente en espera de revisión por pares. Y hay un detalle especialmente fascinante en las conclusiones: “3I/ATLAS tiene la proporción de dióxido de carbono a agua más alta jamás observadas en un cometa”.

Y también parece que el hielo enterrado en el cometa podría haber estado expuesto a niveles de radiación más altos que los provenientes de nuestro sistema solar, según descubrieron los autores. Se trata de una muestra prístina del cosmos, entregada, por casualidad, justo a nuestra puerta.

“Las observaciones espectroscópicas continuas de objetos interestelares tienen el potencial de revelar detalles cruciales sobre la física y la química de la formación planetaria en sistemas planetarios distintos del nuestro”, confirma el estudio.

Se cree que los cometas surgen en grandes cantidades durante la formación de un sistema planetario y pueden ser expulsados ​​por encuentros gravitacionales con objetos más grandes, como planetas, explican los autores del estudio. Estas bolas de nieve cósmicas, una mezcla de roca, hielo y polvo, se calientan al acercarse a una estrella como nuestro Sol, lo que provoca que liberen una nube brillante de gas llamada coma, lo que les da su apariencia distintiva.

Se creía que el anterior visitante interestelar, Borisov, también era un cometa. Ambos han mostrado claros signos de actividad cometaria, como la presencia de una coma. Pero Borisov era en gran medida similar a los cometas bien estudiados de nuestro sistema solar, escribieron los autores, salvo por los inusuales niveles de monóxido de carbono.

Con su extremo desequilibrio de agua y carbono, 3I/ATLAS parece ser un objeto muy distinto. Una hipótesis que sugiere esta proporción de carbono, sin precedentes, es que el cometa se formó inicialmente en la nube circunestelar de gas y polvo que rodea una estrella naciente llamada disco protoplanetario, concretamente cerca de una región llamada línea de hielo de CO2, donde las temperaturas son lo suficientemente bajas como para que las moléculas de CO2 puedan congelarse y convertirse en un sólido.

Alternativamente, algo podría estar impidiendo que el calor del Sol llegue a las profundidades del núcleo del cometa, suprimiendo la sublimación del hielo de agua en vapor de agua, especularon los autores.

En este preciso momento, 3I/ATLAS se dirige velozmente hacia el centro del sistema solar a más de 222.000 kilómetros por hora. Su velocidad, sumada a su trayectoria, apuntan a que se originó en el centro de la galaxia, posiblemente en un sistema estelar con bajo contenido de elementos pesados. Y para alcanzar un ritmo tan increíble, tendría que ser inimaginablemente antiguo: quizás de 3 a 11 mil millones de años, según estimaciones previas. Los últimos hallazgos de James Webb podrían ayudar a aclarar más dudas sobre sus orígenes e historia.

Se espera que 3I/ATLAS alcance el perihelio, su distancia más cercana al Sol, alrededor del 30 de octubre de este año, acercándose a la órbita de Marte. Durante el recorrido, se desplazará por detrás del Sol desde nuestra perspectiva, lo que significa que, durante un tiempo, será imposible observarlo.