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Artur Ramon renace

Una de las galerías históricas de Barcelona cambia de espacio y se traslada hasta la calle Bailén para redefinirse y ayudar especialmente a fomentar el coleccionismo.

  • Artur y Mónica Ramon contemplando la instalación que firma Pamen Pereira
    Artur y Mónica Ramon contemplando la instalación que firma Pamen Pereira

Tiempo de lectura 4 min.

03 de enero de 2018. 08:06h

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Víctor Fernández Barcelona. 3/1/2018

Durante décadas, desde 1942, la sala de arte Artur Ramon Art ha tenido su sede a muy pocos metros de la catedral de Barcelona, en la calle de la Palla, convirtiéndose en uno de los espacios de referencia para el coleccionismo artístico en la capital catalana gracias, especialmente, a sus excepcionales exposiciones.

Pero la calle de la Palla ya es historia. Desde hace unas semanas, la sala tiene nuevo y espléndido espacio en el número 19 de la calle Bailén, un hecho que también le ha permitido a la galería «resetearse», tal y como dice a este diario Artur Ramon Navarro. «Hemos aprovechado el cambio de espacio para hacer también un cambio de modelo. Queríamos situarnos en una zona que fuera más tranquila, con una proyección de calidad y lejos del turismo masivo», apunta el galerista.

En esta nueva andadura, pensando especialmente en un público más internacional, la sala presenta sus credenciales con dos propuestas expositivas singulares. En un primer nivel, el visitante se encontrará con una hipnótica propuesta de la artista contemporánea Pamen Pereira con vajillas, teteras o soperas flotando, un guiño al pasado anticuario de Artur Ramon. En otro lugar, en la primera planta, se presenta una exposición con obras de artistas a la sombra de Caravaggio, un total de ocho pinturas entre las que destaca la presencia por partida doble de José Ribera. Todo ello se convierte en una declaración de intenciones de lo que quiere ser Artur Ramon Art. A lo largo de este año, también habrá muestras de los hermanos Pere y Josep Santilari con una personalísima lectura de los siete pecados capitales bajo el título «Seven», además de un recorrido por la obra de Manolo Hugué o las miniaturas del siglo XVII. Tampoco se descarta en el futuro poder presentar los fondos de diferentes colecciones privadas.

Y el coleccionismo es una de las principales vías de esta sala. «Estamos abiertos a todo porque no buscamos ser elitistas. Lo que nos interesa es promover el coleccionismo, aunque no es fácil en un momento en el que a las clases medias les resulta difícil comprar mientras que a las nuevas generaciones no les interesa el arte», subraya Ramon.

Siguiendo esta línea de ayudar a quien se inicie en el noble arte de comprar arte, el espacio quiere ayudar presentando servios de especialización y estudio. «Damos garantía sobre lo que vendemos porque tenemos una completa responsabilidad sobre lo que vendemos. Lo que no haremos serán certificados porque se pueden cometer errores. Lo que sí sucede es que cada obra o cada autor tiene un experto y nosotros podemos hacer de intermediarios entre ellos y el coleccionista», matizó Ramon.

La galería tampoco quiere olvidar el pulso expositivo de la ciudad, estar atento a los autores que en esto momento forman parte del paisaje de la capital catalana. Por eso, en una de las salas del primer piso pueden verse ahora obras en pequeño formato, una selección con muy buen gusto, con piezas de Ponç, Casas, Fortuny o Pichot.

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