Testimonio gráfico

Federico García Lorca: Una fotografía olvidada que cuenta una historia

Una imagen del poeta granadino aparece entre los papeles personales del crítico de arte Rafael Santos Torroella, propiedad del Ayuntamiento de Girona

La fotografía aparecida en el archivo de Santos Torroella
La fotografía aparecida en el archivo de Santos TorroellaAjuntament de Girona

Hace unos días, desde estas mismas páginas, nos hacíamos eco de la digitalización de una parte importante del archivo fotográfico que forma parte del fondo documental del crítico de arte Rafael Santos Torroella y que hoy es propiedad del Ayuntamiento de Girona, tras adquirir la colección de este estudioso. Si bien hasta ahora hemos sabido que había imágenes de los encuentros de Santos Torroella con Dalí, Miró o Tàpies, hay una copia que merece ser rescatada porque tiene tras de sí una historia interesante relacionada con las andanzas de un poeta granadino por la ciudad de los rascacielos, aunque la fotografía fuera tomada muy lejos de allí, concretamente en la localidad de Cadaqués. Veamos de qué estamos hablando.

La imagen está protagonizada por Federico García Lorca quien aparece disfrazado como un árabe, un juego que practicaba para deleite de sus amigos en la Residencia de Estudiantes, y con el que quería subrayar, al ser originario de Granada, que se identificaba con una cultura perdida, la que cayó con la victoria de los Reyes Católicos en la ciudad de la Alhambra. Así se lo subrayó, por ejemplo, a Ernesto Giménez Caballero durante una entrevista para «La Gaceta Literaria» en 1928.

Quien se preocupó de capturar ese momento fue Anna Maria Dalí con su cámara, concretamente durante el verano de 1927, las vacaciones que el poeta pasó en Cadaqués invitado por Salvador Dalí.

De todo ello, además de otras instantáneas captadas antes, en la Semana Santa de 1925, tenemos buen testimonio gracias a la labor de Anna Maria, entregada a que esos momentos no se perdieran. Sin embargo, no se limitó a realizar fotografías festivas sino que consiguió encuadres y una construcción de la imagen de una altísima calidad. Que a Lorca le gustó ese trabajo tras la cámara da buena fe el hecho de que se llevara con él algunas, hoy conservadas en el archivo del Centro Lorca de Granada, aunque no está todo. El conjunto forma parte de un álbum que por fortuna no se ha perdido y que ha preservado la heredera de Anna Maria Dalí.

Cuando dos años más tarde, en junio de 1929, Lorca tomó el barco que lo llevaría Nueva York con la esperanza de quitarse de encima no pocos fantasmas internos y externos, en su maleta llevaba con él algunos recuerdos, entre ellos un puñado de las fotografías de Anna Maria. Eso lo sabemos porque al poco de poner los pies en la ciudad de los rascacielos, una revista llamada «Alhambra» no dudó en informar sobre la estancia de Lorca allí, traduciendo por primera vez al inglés algunos de sus versos. Las dos páginas se ilustraron casi en su totalidad con varias de las imágenes de Anna Maria Dalí.

Lorca apareció en «Alhambra» en agosto de 1929, dos meses después de que hubiera nacido una revista que se presentaba como «una nueva vía entre las tierras de Cervantes y Whitman». Bajo la dirección de Ángel Flores, «Alhambra» tuvo una vida breve, contando en el diseño gráfico con Gabriel García Maroto, viejo conocido de Federico y editor del lorquiano «Libro de poemas». Precisamente Maroto es probablemente quien se escondía tras el seudónimo «Daniel Solana», autor del artículo que presentaba a Lorca al lector estadounidense y que incluía las traducciones al inglés de «Preciosa y el aire» y «Romance de la pena negra».

Fijémonos en las fotografías que Lorca entregó a Flores y Maroto. Son un total de cinco. Una de ellas nos muestra a un serio Federico sentado junto a una fuente en Lanjarón, probablemente durante alguna de las estancias que su familia realizaba en esta población de las granadinas Alpujarras. El resto son originales de Anna Maria Dalí y su Kodak «rudimentaria», como ella misma la definía.

El artículo de «Daniel Solana» nos muestra a Lorca haciéndose el muerto, una imagen que le sirvió a Salvador Dalí como base para una de sus obras más conocidas de ese periodo, «Invitación al sueño», una tela hoy por desgracia desaparecida. Dalí surge precisamente en esta misma página de «Alhambra» acompañando a Lorca, ambos sentados en la playa de Es Llané, y comunicándose el pensamiento a través del cordón del albornoz del poeta. Que Lorca quisiera que Dalí estuviera en la revista es una constatación de que seguía siendo importante en su vida, pese a que en esos días estaban distanciados. En el pie de foto se dice «Escribiendo un manifiesto con Dalí».

En la otra página, donde tenemos los dos poemas, Lorca optó por dos fotografías diferentes. En una de ellas está acompañado de Anna Maria Dalí en divertida actitud junto a dos niños, vecinos de los Dalí en Cadaqués. La segunda imagen es la que nos ocupa y lleva un pie de foto ciertamente original: «En la costa de África». En realidad. es la costa de Cadaqués.

El hecho de que la copia de la imagen no sea buena hace sospechar que Santos Torroella realizó una ampliación a partir de algún ejemplar del número de «Alhambra».

Llama la atención, al menos si se tiene en cuenta lo digitalizado y hasta ahora publicado en la web del Ayuntamiento de Girona, que no aparezcan otras fotografías de Lorca que Santos Torroella guardaba. No se puede olvidar que el crítico e historiador de arte tuvo un contacto directo con Anna Maria Dalí, especialmente mientras preparaba para su editorial Cobalto una primera edición del copioso epistolario lorquiano y que se dio a conocer en 1950.

También es llamativa una ausencia como la de la imagen, la única existente, de Santos Torroella con Federico García Lorca durante el paso del teatro universitario la Barraca en Salamanca, en 1933. Probablemente esto forme parte de otras entregas de esta digitalización.