El lado más oscuro de la familia Thunberg

La madre de la activista adolescente achaca sus males psíquicos al cambio climático y el padre aparcó su vida de actor para construir el «icono greta». Su hermana también quiere degustar la miel de la fama y lucha por convertirse en un icono feminista. Lo cuenta en el libro «Nuestra casa está ardiendo»

Enfadada, con lágrimas en los ojos y el rostro desencajado, la activista medioambiental sueca Greta Thunberg, de 16 años, acusó en la Cumbre de Acción Climática de Naciones Unidas (Nueva York, EEUU) a los líderes mundiales de traicionar a su generación por su inacción frente al cambio climático. «Me han robado mis sueños, mi infancia, con sus palabras vacías, ¿cómo se atreven?», le preguntó a los allí presentes. Aunque su cara ya era conocida, aquel discurso ante los líderes internacionales de medio mundo fue la confirmación del poder mediático de su cruzada personal contra el calentamiento global. Amada por muchos y odiada por otros, es el nombre del momento. Un año atrás, Greta no era nada más que una niña que decidió «hacer pellas» todos los viernes y sentarse ante el Parlamento sueco para denunciar la falta de acción de la clase política ante la emergencia climática. A los pocos meses los «Friday for future» o «Viernes por el Futuro» se convirtieron en un movimiento mundial y en un icono. Día tras día estuvo en la calle sentada con su cartel artesanal para denunciar el deterioro del planeta. Su firmeza y su familia son sus marcas de identidad, pero también sus mayores motivos para criticarla. ¿Qué esconde realmente el fenómeno Greta? ¿Cómo ha conseguido erigirse como adalid de la lucha contra el cambio climático y ensombrecer el trabajo de centenares de científicos que se esfuerzan por entender los efectos del calentamiento? ¿Por qué sus padres no frenan su sobreexposición a los medios? Antes de que ella naciera, sus progenitores ya sabían lo que era la popularidad. Están relacionados con el mundo del espectáculo sueco. Él, Svante Thunberg, con un estilo que recuerda a Pablo Iglesias, es actor de televisión. Ella, Malena Ernman, una cantante de ópera que participó en Eurovisión. Precisamente, la matriarca del clan relata en el libro autobiográfico «Nuestra casa está ardiendo», narrado por ella y firmado junto a su esposo y sus hijas Greta y Beata, las idas y venidas de esta peculiar familia. Mucho antes de que la exposición mediática convirtiera a Greta en un producto, fue su madre quien se hizo conocida por su carrera internacional como cantante lírica y miembro de la Real Academia Sueca de Música. Entre espectáculo y espectáculo conoció a su ahora marido, el actor Svante Thunberg, hijo de los intérpretes Olof Thunberg y Mona Andersson. Él abandonó su carrera para dedicarse en cuerpo y alma a la lucha de su hija. Cuando Greta aparece lamentándose y sollozando al imaginarse el mundo cuando ella sea mayor, su padre está detrás. Es más, durante su larga travesía de 21 días por el océano, él la acompañó. La madre de la adolescente, al igual que su marido, es una experta del mundo de la farándula. Lo mismo canta ópera que representa a Suecia en Eurovisión. Participó, como no podía ser de otra manera, con una canción de ópera con la quedó en el puesto 21 por delante España, que ese año participó en el certamen que se celebró en Moscú con Soraya, la participante de «Operación Triunfo». En 2003 nació Greta, su primera hija, y en 2005 lo haría Beata. La situación en la casa de los Thunberg era de todo menos normal. Según describen en sus memorias, así era un día: «Greta acababa de empezar el quinto curso y no se encontraba bien. Lloraba a todas horas, de camino al colegio, durante las clases. Dejó de reír, de hablar y de comer». Relata que solo podía tomar ciertos alimentos. Cada almuerzo era un episodio de angustia. En una escena del libro aparece Greta comiendo ñoquis. Cuando termina, sus padres miran el cronómetro: 2 horas y 10 minutos. En otro capítulo, Greta asiste con su padre a un acto de fin de año de su colegio. Los niños la señalan y se ríen. Con atención la escuchan contar que sus compañeros la tiran al suelo y se esconde en el baño a llorar. Como madre, Malena llama al colegio y le responden que todo es culpa de ella, ya que los niños dicen que está muy extraña. Pero no solo el comportamiento de su hija mayor es raro. La pequeña Beata también lo hace de un modo anómalo. «Solo os preocupáis por Greta. Nunca por mí. Te odio, mamá. ¡Eres la peor madre de todo el mundo!», recoge el libro. De hecho, a lo largo de las memorias se vincula la historia de la familia ahogada por los dramas con la crisis de un planeta enfermo. Dos fenómenos que vinculan. En un momento de la obra lo justifican con un dato: «Las enfermedades psíquicas en chicos y chicas de 10 a 17 años han aumentado por encima del cien por cien en una década». Es más, el libro plantea que la opresión de las mujeres y personas con discapacidad deriva del cambio climático y una vida insostenible. «Yo fui una niña de luxe del Estado de Bienestar. Cuando veo los niños que crecen hoy, treinta y cinco años más tarde –cuando veo a mis hijas–, pienso que si yo hubiera crecido en la misma sociedad que ellas habría estado perdida», escribe. La crisis de la familia y la crisis climática global son síntomas del mismo trastorno, argumentan los progenitores. En otro pasaje subraya que «la mayoría de nosotros se sentirá mucho mejor si dejamos de ir constantemente a la próxima gran ciudad, al próximo viaje, al próximo aeropuerto o al próximo lo que sea». Y es que Greta y Beata tienen en común que presentan un cuadro psicológico complejo. La mayor padece el síndrome de Asperger, un trastorno obsesivo compulsivo y mutismo selectivo, mientras que Beata sufre TDAH con rasgos de Asperger, trastorno obsesivo compulsivo y trastorno de oposición desafiante. Aunque la mayor no es la única estrella del clan. La pequeñano quiere quedarse atrás. A sus 13 años ha iniciado su carrera profesional en la música como cantante siguiendo los pasos de su madre. Primero subiéndose con ella a los escenarios y desde hace un tiempo ya en el foco mediático tras el estallido de fama familiar. Beata pone su voz para denunciar el acoso escolar. No es su única lucha. En el libro, Malena también deja ver otra causa que mueve a Beata: el feminismo. La joven no entiende por qué socialmente «los chicos valen más que las chicas», a lo que su madre responde: «Son las estructuras patriarcales de la sociedad». Una nueva causa para la familia. En todo este fenómeno hay elementos fundamentales: las redes, los like y el poder de los medios. De ello también habla la matriarca: «Si todo esto resulta un poco duro y desesperanzador, recordad que quizá solo se precisa un único gran ídolo o influencer para empezar a reconfigurar el mapa». Con más tres millones de seguidores en Twitter y 8,3 millones en Instagram, la fama de Greta está siendo un negocio rentable y un gran éxito de markéting.