Cambios climáticos
La Razón

«El Niño»: Las organizaciones meteorológicas alertan del evento más fuerte desde 1997

«El Niño» está instalado en el Pacífico Oriental y ha reducido el volumen de monzones en India un 12%. Nadie sabe cómo se combinará con el año más caluroso desde que hay registros y un Ártico en deshielo

La Organización Meteorológica Mundial advertía esta semana de que este año el fenómeno conocido como «El Niño» puede convertirse en uno de los cuatro peores desde el año 1950. «Un maduro y fuerte fenómeno está presente en el Pacífico tropical. El evento de este año es el más fuerte desde 1997-1998 y es potencialmente uno de los cuatro más potentes desde 1950», concluían desde la OMM.

Los organismos que estudian el fenómeno, desde el Centro de Predicción de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica americana hasta la OMM declaran la llegada de «El Niño» cuando por tercer mes consecutivo se registra, en la zona del Pacífico tropical, una temperatura de la superficie del mar unos 0,5º C por encima de la media de otros años. Se detecta gracias a la participación de sistemas como los satélites, las boyas a la deriva y de análisis del nivel del mar. Lo que les ha llevado a lanzar la alarma es que durante el pasado mes de agosto la superficie central y oriental del Pacífico Oriental ha registrado valores de entre 1,3 y 2 grados por encima de lo normal. Pero no es sólo la temperatura, «El Niño» se está dejando sentir en otros aspectos. «El Departamento Meteorológico de la India ha confirmado un monzón con un 12 por ciento menos volumen de lluvias de lo normal», explican desde la OMM. Y eso es sólo un avance de lo que queda por llegar. A menudo el Cuerno de África experimenta un aumento de las precipitaciones e inundaciones, mientras que en el sur del continente hay más sequía de la habitual. Además, se prevé que la costa occidental de América del Sur cuente con más precipitaciones de lo normal y se espera, aunque no se puede afirmar, que pueda traer lluvias invernales a la castigada y seca California.

El fenómeno, cuyo nombre científico es ENSO («El Niño-Oscilación del Sur»), se conoce desde hace más de un siglo. Los pescadores de Perú fueron los primeros en observar algunas de sus nefastas consecuencias; un descenso en el volumen de sus cazas durante los primeros días, es decir, coincidiendo con la Epifanía de Jesús. De ahí su curiosa nomenclatura. Es el resultado de la interacción entre lo que ocurre en la superficie del océano y la atmósfera sobre esa zona del Pacífico tropical y se repite desde entonces con cierta frecuencia, aunque no sigue una pauta preestablecida. De hecho, el registro histórico confirma que su frecuencia varía de los dos a los siete años.

Los cambios en las temperaturas de la superficie del océano afectan al volumen de precipitaciones tropicales y a los vientos atmosféricos sobre el océano Pacífico, lo que a su vez impacta sobre las temperaturas y las corrientes oceánicas, causando cambios climáticos en diversos puntos del globo. Esto significa que «los vientos alisios se debilitan y los patrones de lluvia se invierten. «El Niño» está entrando desde 2014 y previsiblemente estará presente hasta la primavera del próximo año. Afectará a Indonesia, Perú, Estados Unidos y a nivel general, a la agricultura y la pesca. En el desierto de Perú, donde suelen tener precipitaciones de entre 15 y 20 mm por metro cuadrado al año, esta cantidad puede superar los varios cientos de mm durante «El Niño» opina Jerónimo Lorente, catedrático de Física Atmosférica de la Universidad de Barcelona. Su duración suele ser de dos años, aunque según los registros se han producido episodios de hasta tres y cuatro. Otra de las cosas que se dan por ciertas es que el fenómeno se recrudece durante los meses de diciembre a abril, periodo en el que las aguas de esta zona alcanzan las mayores temperaturas. Lo mismo este año; se espera que durante esos meses se produzcan las situaciones más severas.

Prevenidos

La observación y la prevención ante lo que pueda suceder de cara a este invierno sirve para «anticiparse y mejorar la gestión de la agricultura, el abastecimiento de agua, la pesca y otros recursos», confirman desde la NOAA. «Estamos mucho mejor preparados este año que en 1997-1998 gracias a previsiones estacionales más precisas y fiables. Muchos países ya están haciendo planes de contingencia para hacer frente a la sequía o las lluvias torrenciales. Por ejemplo, en Indonesia (sequía) se está dando consejos a los agricultores sobre la siembra para minimizar el impacto de «El Niño» y Perú está implantando estrategias de reducción del riesgo de desastres. Así que esperamos que la pérdida de vidas se minimice, así como el daño a las economías. Es difícil, evitar daños en las infraestructuras por las inundaciones, pero hay un montón de medidas para limitarlos, por ejemplo, asegurar que todos los drenajes se limpian de basura y mejorar la gestión de los embalses», detallan miembros de la OMM.

Una de las incógnitas a las que se enfrenta la comunidad científica es dilucidar si el cambio climático está afectando a la frecuencia con la que se producen estos fenómenos o si puede agravar la intensidad de los mismo. Desde la NOAA afirman que aún es pronto para decir si hay una relación definitiva. Sin embargo, hay una gran expectativa por ver de qué manera interactuará «El Niño» con el que promete ser el año más caluroso desde que existen registros.

Hay demasiadas incógnitas para adelantar qué pasará y los expertos lo viven como una oportunidad para verificar si los sistemas de alerta e información climático creados sirven de utilidad. «Es tema de mucha investigación», afirman desde la OMM, aunque ellos tienen clara una cosa. «‘‘El Niño’’ va a asegurar que las temperaturas se mantengan altas durante el resto del año. 2014 ha sido el más caluroso jamás registrado, principalmente a causa de las temperaturas de la superficie del mar, y eso ha sido antes de la llegada del fenómeno. Y estos últimos siete meses han sido los más calurosos de la historia. Hemos tenido récord mínimo de hielo marino del Ártico y perdido una enorme zona de la cubierta de nieve del hemisferio norte, probablemente más de un millón de kilómetros cuadrados en los últimos 15 años», matizan desde la organización. Lorente opina que hay que ser cautos. «No se sabe por qué «El Niño» de 1997 fue tan fuerte. Se pude decir que la temporada de huracanes del Pacífico va a ser intensa, pero faltan datos y es pronto para afirmar lo que va a ocurrir», concluye Lorente.

Otra incógnita que tienen los expertos es si a este fenómeno les seguirá, como en otras ocasiones, «La niña», un periodo en el que ocurre exactamente lo contrario, en enfriamiento de la superficie del agua que provoca más lluvias o por el contrario más sequía en aquellas zonas donde son característicos ambos sucesos.

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