Un matemático pide al Gobierno una “imagen más veraz” de la pandemia en la desescalada

Durán cree que la política de comunicación del Ejecutivo “ha sido floja" y que los ciudadanos "no pueden recibir sólo órdenes”. Estima que el 1 de mayo los infectados reales rondaban los 2,5 millones

Un grupo de jóvenes en un banco de Sevilla
Un grupo de jóvenes en un banco de SevillaManuel OlmedoLa Razón

No hay recetas que repetir contra el casi invisible Covid-19 y la erosión sanitaria y económica que ha traído consigo. Hay que cercarlo e innovar para construir a partir de él. A ambas cuestiones pueden contribuir los números. Así lo cree el catedrático de Análisis Matemático de la Universidad de Sevilla (US), Antonio J. Durán, quien defiende que lo difundido hasta ahora del Estudio Nacional de Sero-epidemiología de la Infección por SARS-Cov2 en España da la razón a quienes advirtieron de que “la cifra de infectados reales posiblemente era un orden de magnitud superior” a la de detectados. En una nueva entrada accesible en el Blog del Instituto de Matemáticas de la US, Durán parte de dicho análisis para vincular extrapolaciones a diversas fechas, teniendo en cuenta la evolución de los datos de muertes y que entre la infección y el fallecimiento “transcurren en media más de dos semanas”. Toma como referencia los contagiados reales aportados por el mencionado informe y los decesos a fecha 17 de mayo y apunta que, si el pasado 7 de marzo los infectados detectados eran 525, los reales oscilarían entre los 185.000 y los 213.000; y si los oficializados del primer bloque el 1 de mayo eran 242.979, los del segundo se situarían entre los 2.200.000 y los 2.500.000.

Un segunda conclusión significativa del estudio sero-epidemiológico es, a su juicio, “la gran heterogeneidad de la epidemia en las distintas provincias y regiones de España”. “Poco tiene que ver”, anota en el blog, “el 2,7% de infectados reales en Sevilla con el 12% en Madrid”. Una desigualdad que debería tener una “consecuencia obvia”: que “las medias de contención tendrían que ser diferentes en los distintos territorios". Para el catedrático, el que haya un rebrote de la enfermedad o no, dependerá “no sólo de que el Gobierno acierte con las medidas” que impulse, también de “la responsabilidad con que la ciudadanía se comporte y de los hábitos que adopte”. Considera que las matemáticas podrán jugar un papel importante para alertar de una nueva oleada, si llega. En ese sentido, anota a LA RAZÓN que “no son todos los datos igual de importantes”. “El de infectados detectados hay que tomarlo siempre con mucha cautela, el de muertes es más fiable, pero va con dos semanas de retraso, que es tiempo de margen que le damos al virus”, se explica. Hay que rastrear la estela del de los ingresados hospitalarios, para darle “menos ventaja" a Covid-19.

Por eso cree acertado el que “los test rápidos se vayan a hacer en los centros de Atención Primaria” y en mayor cantidad, lo que permitirá hacer saltar las alarmas antes, pero aboga además por que se realicen estimaciones fiables de infectados reales y por “poner en cuarentena” a los contagiados señalados y a las cifras de éstos. "De otra forma, el rebrote puede ser tan súbito como ha sido este primero”, asegura. En ese punto, se pregunta cuál hubiera sido la situación si alguien hubiera sido capaz de estimar que el 7 de marzo, los infectados no eran 525, sino que rondaban los 200.000.

El catedrático de la US es consciente de que en Europa el uso de aplicaciones móviles que permitan “contactar con aquéllos con los que un infectado ha estado cerca” ha provocado un debate en torno a la invasión de libertades individuales, pero entiende que es una herramienta que “no se debería descartar” del todo, porque el coronavirus puede ser una presencia cotidiana “de años” hasta que se encuentre y se extienda una vacuna. “Si no tenemos mucho cuidado, el rebrote está garantizado, habrá que volver al confinamiento y el desastre económico llegará después”, condensa.

Tiene claro que “a finales de junio” no se podrán “coger aviones, trenes, ir de conciertos o a restaurantes” como se hacía antes de que el coronavirus deshiciera vidas. En ese sentido, indica que ha habido puestas en escena de ideas mejorables. “Los ciudadanos no pueden recibir sólo órdenes, tienen que tener información sobre por qué hay que hacer lo que sea”, asevera. Para Durán, “la política de comunicación ha sido floja”, afirma, para pespuntear a esto que el Gobierno central “podía haber hecho algo más” en ese ámbito, como mando único que es. Con todo, mantiene que “la gente ha respondido en general bastante bien y en un porcentaje altísimo se ha quedado en casa, con las excepciones que siempre hay”. Si bien, insiste en que si los ciudadanos cuentan con “explicaciones más adecuadas” y con “una imagen más veraz de la gravedad de la situación” esto ayudará a que cumplan con su parte. “No es lo mismo que te digan que hay 80.000 infectados, que 800.000 y la cifra de infectados reales ha tardado mucho tiempo en darse”, recalca. Las matemáticas podrán “echar una mano muy buena” en ese apartado, como en los anteriormente reseñados y en la planificación de medidas que sean necesarias en la desescalada. Aunque siempre dependerán de algo de partida: “De cómo recopile la Administración los datos”. Si eso falla, será difícil acertar.

La entrada de Durán puede consultarse aquí: https://institucional.us.es/blogimus/2020/05/estudio-sero-epidemiologico-del-coronavirus-informe-preliminar-y-algunas-conclusiones/