La última bala

“Si les sale bien el plan, si las cuentas funcionan, en Sevilla tendrán que alargar el invento como quieren en San Telmo”

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, en la Expo de Dubái
El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, en la Expo de Dubái EFE

A la espera de que el relato exista, los «todólogos» siguen ganándose el pan y la sustancia con las predicciones pero sin dar con la tecla. Me gustaría pisar una de esas tiendas victorianas que sólo quedan en Londres para que una chica disfrazada de gitana me diga la buena ventura y me cuente cuándo serán las elecciones andaluzas. «Mr Lugo, será antes del Corpus…» (léase con acento british-salchichero). Ya no me quedan mecanismos para predecir este futurible que parece que es más importante que la propia esencia de para lo que se va a votar, es decir, que el propio ejercicio de la política. Porque el cuento de la buena pipa sigue intacto, aunque el baño de realidad de esta semana en el Parlamento asegure lo contrario. Bloqueo no hay, luego nos vamos a final de año y a disfrutar del último verano de esta legislatura. Ésa es la teoría, ¿no? Decía que estábamos a la espera del relato, que no es otro que lo que hoy suceda, no tanto con el futuro de Castilla y León, como con el de Mañueco y Casado. Si les sale bien el plan, si las cuentas funcionan, en Sevilla tendrán que alargar el invento como quieren en San Telmo. Si no, ya se juega con la idea de que una vez que se recojan las cofradías se llamará a las urnas para que antes del Rocío haya que votar. En realidad, eso no lo sabe nadie y sólo está en la mano de Juanma Moreno, que se ha pasado los últimos días vendiendo Andalucía, que es lo que tiene que hacer un político. Al más puro estilo fenicio (¿sabrá un malagueño lo que le gusta a un moro?), les ha contado a los árabes que hay que apoyar a Málaga para que tenga su Expo como la tuvo Sevilla. ¿Acaso no es esto la política? Cuando tome tierra puede que la realidad sea otra y haya que meter el turbo. Tendremos ya el relato.