Opinión

Un pequeño coche verde

“Cuando otros meten la política en las aulas nos duelen más las tripas, pero como tenemos la suerte de que en este gazpachito andaluz cada uno tira para su pueblo, estas preocupaciones patrioteras no duran mucho”

La Torre del Oro, con la bandera de Andalucía
La Torre del Oro, con la bandera de AndalucíaLa RazónKiko Hurtado

Petrópolis volvió a ser noticia esta semana, allí se suicidó el escritor Stefan Zweig junto a su mujer un 22 de febrero de hace 90 años. Maldita coincidencia porque Zweig si de algo nos advirtió, fue del mal que anida en todo nacionalismo. El nuestro es bastante “soft” y folclórico, pero me rechina toda la parafernalia del 28F. Una imposición institucional aliñada en los primeros tiempos de la Transición que sirvió de mecanismo para lograr una autonomía de “primera”. O al menos eso nos contaron, pero a la vista está que no lo somos cuarenta años después. Algo debió fallar.

Las experiencias nacionalistas en Andalucía fueron un fracaso y el nostálgico Partido Andalucista (PA) se desintegró ante la falta de un discurso coherente, fagocitado por los dos grandes grupos del bipartidismo. No hubo más, unos y otros, populares y socialistas, con mayor o menor entusiasmo, se apropiaron de lo que mejor les vino en gana para ganar votos. No recordemos ahora cómo salió adelante el actual estatuto de 2006 para no sonrojar a nadie y porque no viene a cuento, pero andalucistas, andalucistas de verdad, que se lo crean, no hay ya nadie, aunque en los colegios se cante el himno y los niños pinten banderas sin que nos hagamos ninguna pregunta. Cuando otros meten la política en las aulas nos duelen más las tripas, no provoca más coraje, pero como tenemos la suerte de que en este gazpachito andaluz cada uno tira para su pueblo, estas preocupaciones patrioteras no duran mucho.

Pero no olvidemos el ejemplo de Zweig, víctima del nacionalismo alemán como tantos miles de europeos, mientras en Ucrania las bombas llevan el mismo argumento. ¿Qué es ser ruso?, ¿qué es ser ucraniano?, ¿qué es ser andaluz? No me queda claro, pero quizás eso se preguntaba Blas Infante, otra víctima del fanatismo, en este caso del nacionalismo español, dentro del pequeño coche verde, qué coincidencia, donde lo metieron sus asesinos para finalmente fusilarlo. A lo mejor sea eso.