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Inés Ballester: «Mi oncóloga me animó a contarlo en la tele»

«El cáncer no me cambió la vida. Se puede ser feliz durante y después», destaca Ballester

Laura García Estevez, oncóloga, y Inés Ballester, periodista y presentadora / Foto: Luis Díaz
Laura García Estevez, oncóloga, y Inés Ballester, periodista y presentadora / Foto: Luis Díaz

«El cáncer no me cambió la vida. Se puede ser feliz durante y después», destaca Ballester

Estaba en uno de los mejores momentos de su vida. «Tenía trabajo, estaba feliz, emocionalmente con mi pareja estaba bien...» Pero una analítica rutinaria le dio uno de los marcadores tumorales descompensados y se convirtió en una auténtica guerrera contra un cáncer de mama, el cual nunca había dado señales de aviso. «No tenía ningún bulto, no me sentía mal, no estaba cansada... Siempre estuve convencida de que se habían equivocado hasta que fue pasando el tiempo». Ballester explica que «se puede ser feliz antes, durante y después del cáncer». El primer oncólogo que trató a la periodista dijo que le daría quimioterapia «sí o sí», no quiso ni escuchar hablar de la prueba del estudio genético de su tumor y así es como la presentadora conoció a la oncóloga Laura García Estévez.

La doctora asegura que «entendí perfectamente que el beneficio de que recibiera quimioterapia era bajísimo. Teníamos la opción de esta plataforma genómica y el tumor tenía todos los criterios para poder mandar la muestra a EE UU y salió un resultado súper favorable. El haber sometido a Inés quimioterapia no hubiera servido más que para dar toxicidad», destaca.

Fue precisamente su oncóloga quien le animó a hablar de su cáncer en televisión. «Tomé la decisión de no hablar de ello, pero fue Laura quien me animó a dar el paso e, incluso, me preguntó que, si en el caso de que me tuvieran que dar quimio, saldría con el pañuelo a presentar el programa. Ella fue quien me dio las claves para mandar el mensaje de que se puede ser feliz» a pesar del calvario. «Yo lo fui». «Lo que no quería era frivolizar con la enfermedad porque también hay que respetar el dolor de cada uno». «El cáncer no me cambió la vida ni el carácter». Una de las cosas que ayudó a Ballester fue que su oncóloga le diera su móvil, algo que García Estévez hace con sus pacientes. «Ninguna ha hecho mal uso de ello», dice, al tiempo que recomienda hacer deporte y seguir una alimentación saludable es imprescindible para curarse.

Dice Ballester que durante bastante tiempo le tuvo “martirizada” la idea de que algo había hecho mal porque siempre se atribuye al estrés entre una de las causas del cáncer, una mala alimentación, un trauma... La oncóloga destaca que sólo está demostrado que el tabaco es uno de los factores que producen cáncer. Eso sí, ha reñido mucho a Inés por no hacer ejercicio físico. “Hay que comprarse unas zapatillas buenas, andar, intentar hacer el deporte que te guste...”

Y subraya la importancia de llevar una alimentación equilibrada basada en frutas y verduras. Ballester asegura que ahora se cuida más, que con el drenaje guardado en el bolsillo se escapaba incluso con su marido a comer a un restaurante, porque le encanta comer bien. La periodista recuerda la anécdota: “Cuando me hicieron la reconstrucción, que además duró un montón de horas, vinieron a verme al hospital mis amigos Natalí y Álvaro, él es dueño del restaurante Arzábal. En vez de llevarse a mi marido a comer fuera, trajeron mantel, servilletas y cubiertos y sobre la cama montaron un banquete con toda clase de manjares: jamón, croquetas... Al día siguiente volvieron con comida japonesa. Las enfermeras alucinaban. Ellos sabían que era la mejor manera de hacerme feliz...”.

García Estévez ha viajado a otros países como China para estudiar los ejemplos de aquellos que desarrollan en mayor o menor media cánceres de mama, saber sus comportamientos, su genética y así tratar de entender qué es lo que más o menos influye. Aconseja que cuando una mujer sea diagnosticada de cáncer de mama “se trate en una unidad de mama, que si tiene alguna duda busque una segunda opinión, que no todos los sitios, desde mi punto de vista, son válidos”. Porque, subraya, se necesita de gente “súper cualificada”.

A Ballester le preocupa eso que escuchó en una ocasión de que llegará un momento en que harán falta oncólogos. “¿Eso es verdad?”, le pregunta a la doctora. “Habrá un momento que empiecen a faltar. Mi hija quiere ser médico, pero oncóloga, no”. Y ambas mandan un mensaje a todas las luchadoras: “Un porcentaje altísimo, se cura”.