Compensar emisiones: con la conciencia tranquila y una atmósfera más limpia

Cualquiera puede promover la reforestación de la Amazonia o la generación de energía verde en China en la misma medida que el volumen de CO2 que emitimos cada día.

Cualquiera puede promover la reforestación de la Amazonia o la generación de energía verde en China en la misma medida que el volumen de CO2 que emitimos cada día.

En 2017 se alcanzó un nuevo récord de concentración de CO2 en la atmósfera, tal y como denunció la Organización Meteorológica Mundial en su boletín anual. Y aunque las emisiones parecen estabilizarse –cinco toneladas de CO2 por cada español–, la cifra todavía está lejos de las deseables y sostenibles que rondan el 1,7 per cápita a escala mundial.

Mientras, gobiernos, entidades, empresas y ciudadanos luchan con mayor o menor acierto para reducir la liberación de gases de efecto invernadero, principales culpables del cambio climático. Los mecanismos de compensación de huella de carbono permiten mitigar sus efectos. La idea es que lo que no conseguimos evitar, lo compensemos. Y es lo que facilita en España la Fundación Ecología y Desarrollo, Ecodes.

«Empezamos en 2005 con la primera propuesta en español que buscaba compensar emisiones bajo la premisa clara de que todos somos corresponsables», explica Víctor Viñuales, director de la organización. El proyecto que puso en marcha la entidad, CeroCO2, invitaba a «medir ese grado de corresponsabilidad, plantearnos cómo reducir las emisiones y finalmente compensar aquellas que no se pudieran evitar, lo que ayudaría además a que en otras partes del mundo se desarrollasen iniciativas y tecnologías medioambientales».

Para el director, la primera reflexión de una persona de a pie es matizable. «Siempre pensamos que el cambio climático es un problema enorme, planetario, de cumbres mundiales y grandes estadistas. Un asunto de tal dimensión en el que, como ciudadanos individuales, no podemos hacer nada. Pero es lo contrario, se trata de un problema tan inmenso que solo se puede solucionar si cada uno de nosotros asume su cuota de responsabilidad». Existen dos maneras de hacerlo. Por un lado, se puede elegir si captar una cantidad de CO2 igual a la lanzada a la atmósfera a través de proyectos de «sumidero de carbono» por reforestación. Por otro, actuar en la prevención a través de la eficiencia energética, la sustitución del uso de combustibles fósiles por energías renovables o el tratamiento de residuos. En ambas pueden participar de forma voluntaria los dos grandes tipos de emisores que se han identificado. «Los grandes y más fáciles de controlar, alrededor de 1.000 en España, y los causantes de las emisiones difusas: esos millones de vehículos y viviendas que constituyen el principal desafío y en los que despilfarramos mucha energía, lo que es malo para el clima y para la factura como país y como particulares», explica el cofundador de Ecodes.

A las posibilidades de compensación, Ecodes suma un sistema de control de cumplimiento tanto por parte de los emisores como por las iniciativas que actúan localmente, así como asesoramiento e incluso reconocimiento ante los objetivos alcanzados. Y entre los proyectos en marcha para compensar se encuentran centrales hidroeléctricas en China, reforestaciones en la Amazonia peruana y en Nicaragua o mejoras en prácticas agrícolas ecológicas en Guatemala. «Al fin y al cabo, las mayores víctimas del cambio climático se dan en países que no lo han provocado», reconoce Viñuales, que alude al concepto de «justicia ambiental» al referirse a la puesta en marcha de este tipo de programas en Latinoamérica y Asia.