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Genética VS extinción: Estudiar las heces, lo último para salvar la vida salvaje

Biomarcadores, fecundación asistida, catálogos de ADN y clonación se complementan con la conservación del hábitat para evitar la sexta extinción masiva

Biomarcadores, fecundación asistida, catálogos de ADN y clonación se complementan con la conservación del hábitat para evitar la sexta extinción masiva

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En grupo de investigadores del zoo de Chester y de la Universidad de Manchester han iniciado recientemente un proyecto de conservación llamado «Salvar especies con heces». Lo que pretenden es entender las causas del pobre crecimiento poblacional de ciertos animales en peligro de extinción como el rinoceronte negro oriental o las cebras de Grévy; su intención es identificar los biomarcadores hormonales que les den pistas sobre la salud de los animales y su estrés reproductivo para después, de una manera que no concretan, aplicar los mismos conocimientos que se han adquirido en la reproducción asistida en cautividad en estos ejemplares salvajes. Su objetivo es aplicar todos estos conocimientos para salvar especies gravemente amenazadas. «Lo que han hecho es estimar el estado fisiológico a través de los excrementos. Se puede deducir el estado metabólico, pero de ahí a salvar especies hay diferencia. La escasa productividad puede deberse a causas internas que evitan que se estén adaptando bien al entorno. Esto sería un problema, como lo es el hecho de que detecten necesario hacer algo que no sea factible. La intervención en animales salvajes es complicada», explica Lluis Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Es cierto que cuantos más estudios y conocimiento haya sobre una especie más posibilidad habrá de ayudarla a través de la reproducción asistida.

Los estudios genéticos se han convertido en un aliado de la conservación de especies en peligro. No son ni serán sustitutas de la preservación del hábitat natural, pero sí han demostrado una alta eficiencia para sacar a ciertos animales de la lista de «en grave peligro de extinción» de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Un caso de éxito es, sin duda, el panda gigante, con el que se lleva trabajando varios años, también en el zoo de Madrid. En la última década han nacido en estas instalaciones Chulina, Xinbao, Po y De De (estos últimos representan el primer parto gemelar con reproducción asistida que ha tenido lugar fuera de China). En estos casos, la biotecnología sirve para criar cachorros que se devuelven a su entorno natural, a los santuarios que el gobierno chino ha creado en los últimos tiempos. «Los pandas gigantes estaban hasta hace dos años en la lista de especies gravemente amenazadas y ahora han subido un escalafón. Las técnicas de reproducción asistida son una herramienta con mucho potencial en la conservación, aunque tienen que formar parte de una solución integral», afirma Agustín López, director biológico de Parques Reunidos (de los que forman parte Zoo de Madrid y Faunia).

Estas técnicas que han dado grandes frutos en pandas –o con el tití leonado que ha vuelto a poblar zonas naturales de Brasil– y que se han probado en delfines, etc. no están exentas de complejidad. «Cada especie es un mundo. Nosotros trabajamos con ratones y ratas y, aunque a simple vista se parecen, genéticamente no tienen nada que ver. Los parámetros de éxito en una no se aplican en la otra. En ratones la fecundación in vitro tiene unas tasas de éxito del 100% y, por ejemplo, en humanos ronda el 50%. Además, en estas técnicas la hembra es insustituible», dice Montoliu. Por eso, por mucho que exista material genético congelado es difícil sacar una especie del borde de la extinción si no hay hembras en las que se puedan gestar los embriones y si no hay un número suficiente de ejemplares. «Cuando quedan muy pocos individuos es muy difícil traer de vuelta una especie porque es fundamental la variabilidad genética; hay que evitar la endogamia y seleccionar los padres y madres más adecuados para asegurar el porvenir de la especie a cien años vista», cuenta López. A partir de 300 ejemplares más o menos se puede hacer un trabajo exitoso.

Eso explica la dificultad que están teniendo los investigadores para salvar de la extinción completa el rinoceronte blanco del norte. Y eso que recientemente se ha conseguido un éxito que acerca las posibilidades de «resurrección» de la especie. Científicos del Instituto Alemán de Leibniz para la Investigación del Zoológico y la Vida Silvestre han conseguido crear el primer embrión híbrido in vitro, mezcla de ovocitos de hembra de rinoceronte del sur con semen crioconservado de machos del norte (el último ejemplar moría esta primavera).

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Para evitar esta pérdida de variabilidad genética y que se llegue a más situaciones de colapso de las poblaciones (la ciencia habla de la sexta extinción masiva de especies, ya que se calcula que cada año desaparece al menos una) están apareciendo en todo el mundo gran cantidad de bancos de germoplasma. Uno de los proyectos más recientes y ambiciosos es el Earth BioGenome que propone secuenciar el ADN de 1,2 millones de especies en la Tierra (animales, plantas, microorganismos...). Un largo trabajo ya que a día de hoy sólo hay secuenciadas un 0,2% del total existente.

La clonación parece la última frontera, el último sueño para traer de vuelta especies desaparecidas incluso hace cientos de años como el mamut. «Sin embargo, las dificultades son enormes, primero extraer material viable y luego ponerla en una especie parecida que puede ser incompatible», explica Pedro Otaegui, profesor de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Barcelona. «En algunos casos, como con cabras, el germoplasma ha servido para la clonación con fines de conservación. Sin embargo, han pasado 20 años desde la clonación de la oveja Dolly y la eficiencia de estas técnicas está entre el 1-2%», concluye Montoliu.

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