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Mayra Gómez Kemp: «Casi nadie había oído hablar del cáncer de lengua hasta que yo lo dije»

El suyo es uno de los rostros más conocidos y queridos de la televisión gracias al mítico concurso «Un, dos, tres». De origen cubano, padeció en 2010 un tumor de garganta y en 2012 tuvo una recaída. Un cáncer, el de cabeza y cuello, del que en España se registran 13.000 nuevos casos al año y que el próximo 27 celebra su Día Mundial. Conocer sus síntomas es vital para conseguir un diagnóstico precoz con el que se logra el 75% de remisión.

  • Mayra Gómez Kemp / Presentadora
    Mayra Gómez Kemp / Presentadora

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23 de julio de 2018. 18:33h

Comentada
Eva S. Corada Madrid. 23/7/2018

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-Participa en una campaña «Mensajes del corazón a la cabeza» en la que la gente podrá dejar sus mensajes de apoyo a los pacientes con cáncer de cabeza y cuello. ¿Cuál sería el suyo?

-Mi mensaje es: «sí se puede». Y ¿por qué decimos «Mensajes del corazón a la cabeza»? Porque se nos olvida muchas veces que el cuerpo es el que se enferma y el cuerpo es el que se salva. La medicina, los tratamientos, los médicos lo que hacen es ayudar a tu cuerpo a curarse. Y el cuerpo es todo, no es sólo el tumor, es el corazón y la cabeza. Tú tienes que poner de tu parte para apoyar con el corazón y la cabeza a curar tu cuerpo. Tu actitud es muy importante.

-¿Qué les diría a las personas que están pasando por lo mismo que usted vivió? No ya un consejo sino un truco, de paciente a paciente.

-Hoy en día hay muchos y buenos tratamientos en España, no tenemos nada que envidiarle a ningún país. Confía en tu médico, en tu especialista, en tu oncólogo y haz lo que te digan y pon todo lo que esté de tu parte. Se puede salir de esto, se puede mejorar. A mi me dijeron que yo podría no hablar ¡y a mi no hay quien me calle, que no es lo mismo! Hay tratamientos; yo fui al logopeda; yo pedí todas las ayudas que estaban disponibles y las tuve. Y no tenía miedo de pedir ayuda. Es muy sano pedir ayuda.

-Ha sufrido dos cánceres, uno de lengua primero y otro de garganta tres años después. ¿Contemplaba la posibilidad de volver a recaer? ¿Cómo se enfrentó a la situación?

-En el primer segundo derrumbándome, lo que duró todo lo que yo tardé en cabrearme y en decirme a mí misma: «Tú no te puedes morir antes que Fidel Castro». Ahí empezó a caer la adrenalina, me fui a ver a mi médico y lo primero que le pregunté fue que cómo íbamos a tratar esto. Me explicó que con radioterapia y quimioterapia y le dije: «¿Cuándo empezamos, antes de ayer?» Y a los pocos días comenzamos.

-La enfermedad y el posterior tratamiento le afectaron al habla. No poder comunicarse para una profesional de la comunicación debió de ser duro... ¿Cómo para hizo recuperar el habla?

-Al principio hablaba como Darth Vader en la «Guerra de las Galaxias», fui a la logopeda y me puso unos ejercicios. He llevado a mi lengua al gimnasio todos los días haciendo los ejercicios, repitiéndolos, todavía a día de hoy los hago. Uno de ellos me encanta porque es hacer pedorretas, entonces pienso en gente a quien se las haría y se las dedico. Constancia y lucha y el saber que se pueden mejorar las cosas. Y no quedarte en lo que no puedes hacer o lo que no puedes comer. Yo pongo el énfasis en lo que sí puedes hacer en lo positivo que me ha traído. Por ejemplo, hay cosas que ahora no puedo comer pero hay muchas otras que sí y tiene una ventaja: ¡no engordo ni a tiros! Miro el lado bueno.

-Una parte importante de la campaña tiene que ver con la concienciación que es fundamental ya que, a través del diagnóstico precoz se conseguiría parar este tipo de tumor en un 70-75% de los casos.

-No fumando es como se puede prevenir. No bebiendo alcohol en exceso. No comiendo comidas demasiado calientes. Pero sobre todo, y lo más importante: no fumar. Es lo peor. El fumar se paga siempre. Si no es con un enfisema es con un cáncer de pulmón, de cabeza y cuello, uno hasta de vejiga. Lo primero y más importante, si puedes, es no empezar a fumar. Y después, si fumas, dejarlo.

-En su caso se llegó a tiempo. ¿Cómo se lo diagnosticaron?

-Se lo debo a mi dentista. Fui porque me molestaba una muela y, de paso que estaba allí le dije que tenía una molestia en la lengua, como una llaguita. Me dijo que creía que era un afta, lo miró y me preguntó hacía cuánto que lo tenía. Como llevaba unas cuantas semanas me pidió una biopsia y ¡yo le dije que se estaba pasando tres pueblos! Él mismo la llevó ese día al laboratorio. Y era cáncer. Yo nunca había oído hablar del cáncer de lengua. Ni yo ni mucha gente hasta que yo «salí del armario» y lo conté no hablaba nadie.

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