Perros para complementar la terapia psiquiátrica

Adolescentes ingresados el Hospital Gregorio Marañón de Madrid desconectan de «todo» gracias a los canes

Los perros van identificados dentro del recinto hospitalario como parte del personal del mismo
Los perros van identificados dentro del recinto hospitalario como parte del personal del mismo

Adolescentes ingresados el Hospital Gregorio Marañón de Madrid desconectan de «todo» gracias a los canes

Que el perro es el mejor amigo amigo del hombre es un hecho bien conocido y que también sirve para paliar dolencias lo certifican estudios científicos. El Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid ha puesto en marcha un novedoso e innovador abordaje terapéutico con los canes como intrumento médico. Esta semana han terminado con los doce talleres que se han impartido a los adolescentes (con edades entre 12 y 17 años) ingresados en la Unidad de Psiquitaría.

«Feliz... He desconectado de todo... Me ha gustado mucho... Humanización...». Estas son algunas de las expresiones con las que cierran los jóvenes el taller, tras haber realizado actividades de entrenamientos con los perros, «que les sirve para establecer un vínculo, una forma de abrirse y de dotarse de autonomía», explica Dolores Moreno, jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente del hospital. La idea que ha cosechado sus beneficios surgió de una residente, María José Toribio y coordinadora del proyecto Sonrisas Perrunas, que vió en «Perros Azules» la oportunidad de desarrollar un proyecto de intervención asistida en la unidad de psiquiatría.

Entre cuatro y diez chicos y chicas seleccionados por el equipo de terapeutas salían a la terraza de la planta de psiquiatría disfrutan durante una hora de lo que en principio era una actividad de ocio, que con el paso de los talleres los clínicos han visto que tenía un efecto más allá en los adolescentes. «Ahora necesitamos cuantificar y medir los efectos que ha producido en los chicos, como la no necesidad de pedir medicación, el desarrollo de habilidades...», apunta Moreno. En los talleres todo surge, nada se fuerza, «al principio algunos se muestran distantes, como que no va con ellos, pero cuando acaba la sesión están entusiasmados. Entonces ves que los perros han hecho mella en ellos», explica la responsable de Perros Azules. En la terapia, lo ideal es que por cada paciente haya un can, un técnico que lo acompaña y un experto que hace de nexo de unión entre el paciente y el perro. La sesión trata de poner en conexión al perro y al chico, mediante ejercicios de entrenamiento que los expertos explican a los chicos y que éstos repiten con los perros. Van de uno en uno, los acarician, los miran, se sonríen... y cuando se quieren dar cuenta: «¿Ya? No se quedan más...», lamentan algunos, lo que certifica el sello positivo que queda en ellos.