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Psiquiatría en la infancia

Imagen cedida por Dreamstime
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Hay asuntos que no se pueden parar. Que no corresponde ni a los políticos ni a la Justicia decidirlos. Son los expertos los que han de tener la primera y la última palabra. Ejemplo de esto es la necesidad perentoria de que haya una especialidad de psiquiatría infantil y de la adolescencia. Europa la reconoció en 2005. Nuestro país todavía en 2019, no lo ha conseguido. Sigue en un vacío legal tras 20 años de lucha de los afectados: asociaciones de padres y profesionales. Parece que los partidos también están de acuerdo pero, como la justicia, la política todo lo ralentiza. Una y otra se han convertido en dos mastodontes para el avance social. Sólo Bulgaria y España no han incluido esta especialidad médica. Una especialidad cada vez más tristemente necesaria. Porque los críos y los adolescentes están sufriendo en su corazón y en su mente la locura de los adultos. Nuestros pequeños europeos no mueren de hambre, mueren de pena. Cada día hay más criaturas con problemas de ansiedad, depresión, retrasos intelectuales o problemas de conducta graves. Demasiado lentamente se descubren enfermedades en los pequeños. Como el TEAF (trastorno del espectro alcohólico fetal), cuyas familias con niños afectados llevan años con diagnósticos erróneos y malos tratamientos. Niños a los que si se le hubiese diagnosticado pronto tendrían muchas más posibilidades de tener una vida feliz. Feliz para ellos, sus familias y la colectividad entera. Se dice que entre un 15% y un 20% de los infantes tienen algún problema mental. Problemas que cursan con síntomas diferentes a los de los adultos. El doctor Arango, jefe de psiquiatría del Gregorio Marañón, siempre pone el ejemplo de la depresión. Un adulto deprimido está triste. Un niño está irritable. Si esto se deja pasar, esa criaturita será un niño infeliz y un depresivo crónico. Los niños con problemas mentales son personas conflictivas, como los mayores. Y, como los mayores, si no se les trata con acierto, pueden ser adultos agresivos para la sociedad. La misma sociedad que les perjudicó.