Vacunas, asignatura pendiente en adultos

Los expertos insisten en que hay que diseñar estrategias para reenganchar a los adultos al calendario vacunal

Vacunación de un adulto en un centro médico.
Vacunación de un adulto en un centro médico.

Descuido, desconocimiento falta de información de los profesionales médicos... Las causas de las bajas tasas de vacunación en adultos son múltiples, por lo que los expertos insisten en que hay que diseñar estrategias para reenganchar a los adultos al calendario vacunal.

Tras casi tener al alcance de la mano un calendario vacunal infantil «perfecto», llega la asignatura pendiente en los adultos: conseguir que se eleven las tasas de vacunación. A diferencia de los pequeños, los mayores, ya sea por una causa o por otra, dejan a un lado la inmunización y sólo acuden a ella en casos puntuales, como una urgente e inmediata recomendación médica o un viaje a una zona que requiera tomar medidas profilácticas. Sin embargo, la inmunización juega un papel que va más allá de la época infantil y que ayuda en la prevención de complicaciones serias, sobre todo en los pacientes crónicos, que sufren más de una y dos patologías de base. Los expertos creen que existe una clara necesidad de concienciar a la población adulta sobre la importancia de la vacunación para prevenir ciertas enfermedades como la neumocócica o la gripe. Sobre esta última, aunque sea una de las más «famosas», las tasas de cobertura no son suficientes como apunta Esther Redondo, coordinadora nacional del Grupo de Trabajo de Actividades Preventivas de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). «En España, la cobertura a penas supera la mitad de la población, un 56,4 por ciento, mientras que la previsión de la OMS –Organización Mundial de la Salud– tiene como objetivo alcanza el 75 por ciento», subraya Redondo.

Desde la Asociación Española de Vacunología (AEV), su presidente, Amós García Rojas, propone que para «reenganchar» al adulto al calendario vacunal se tengan en cuenta «más ámbitos que el propio ambulatorio o la atención primaria. No podemos sobrecargarlos más. Si bien es cierto, que se puede intentar que si una persona ha de vacunarse por los riesgos laborales, no sólo se le administre la inmunización pertinente, sino que además se aproveche para que se «ponga al día» con el resto. Lo mismo sucede con los que sólo acuden a los centros de vacunación internacional por motivos de riesgo de contracción de enfermedades en los países de destino. Que no lo se pongan las que le tocan, sino las que le falten. De este modo, creo que se mejoraría mucho la cobertura en los adultos. Insisto que son estrategias que debemos diseñar y abordar desde diferentes perspectivas».

Carencias

También Rojas señala la importancia de que desde la atención especializada, a la que acude la gran mayoría de la población de crónicos, «se puedan resolver este tipo de carencias, gracias a un abordaje claro», subraya el presidente de la AEV. En este sentido, Redondo asegura que «desde las administraciones y las instituciones sanitarias se tiene claro que existe un perfil de riesgo en este tipo de pacientes que ha asumir que tiene que quedar bajo la cobertura vacunal. «Para ayudar a concienciar a la población, y también a los profesionales sanitarios, sería fundamental trabajar en una actualización del calendario vacunal del adulto, que defina perfiles de los pacientes para los que se priorizase un programa sistemático de vacunaciones», apunta la portavoz de Semergen. Además, Redondo añade que «hay que conseguir que vean la vacunación como un derecho y una responsabilidad consigo mismo y con la comunidad, al tiempo que comprendan el valor de las vacunas y los beneficios que aportan». Los expertos han abogado por informar a la sociedad para cambiar este patrón de conducta de los adultos y conseguir las tasas de vacunación del 95 por ciento, que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), para ciertas enfermedades.

Prioridad: neumococo y gripe

Los expertos identifican la enfermedad neumocócica y la gripe como las principales patologías prevenibles con las vacunas en el paciente mayor y crónico, tal y como incide Redondo, quien ha completado la lista con otras como la de la varicela, sarampión, rubeola y pariotiditis en adultos susceptibles, difteria, y tétanos. La portavoz de Semergen hace hincapié sobre todo en la enfermedad neumocócica, ya que en España se producen al año más de 114.000 casos de neumonía en mayores de 18 años, de los que el 41,5 por ciento necesitó hospitalización, y de estas 47.500 hospitalizaciones, el 34 por ciento fueron provocados por el neumococo. «Generalizar la vacunación antineumocócica en los adultos y, especialmente, en aquellos con patología de base, puede resultar una estrategia clave para prevenir esta enfermedad», explica Redondo.

Asimismo, los médicos aseguran que la efectividad de la vacunación antigripal es alta, ya que disminuye la tasa de hospitalizaciones en mayores de 65 años, reducciones de hospitalización por neumonía y gripe entre un 27 y 33 por ciento. Además, inmunizarse contra la gripe ayuda a reducir la mortalidad entre la población de mayor edad y entre los grupos de riesgo mayor para presentar complicaciones graves. Cabe señalar que los grupos de riesgo que comparten ambas son aquellos en los que sobre todo la edad es elevada y cualquier esfuerzo del organismo pone en compromiso su vida, ya que además son pacientes crónicos, que arrastran otras enfermedades (respiratorias, cardiovasculares...) a las que ha de hacer frente su sistema de defensas. Además, cuando los médicos intentan saber el porqué de su no vacunación, las razones son las mismas: ningún doctor me la ha recomendado, no conocía la existencia de la vacuna del neumococo, no me preocupa el riesgo de gripe/neumonía, tengo dudas de los efectos secundarios de las vacunaciones en general, no estoy seguro de la efectividad de las vacunas y su coste.

La Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph) ha recomendado la vacunación contra el herpes zoster a partir de los 60 años al igual que ya han hecho Estados Unidos, Inglaterra y Francia. Esta ha sido una de las principales conclusiones de la mesa de trabajo dedicada a la vacunación contra el Herpes Zoster, celebrada en la segunda jornada del XVIII Congreso Nacional y VIII Internacional de la Sempsph.

Pilar Arrazola, jefa del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital 12 de Octubre de Madrid, y Carlos Quintas, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Lucus Augusti en Lugo, han insistido en las ventajas de esta vacuna, al igual que el moderador de la mesa, Luís Salleras, miembro del departamento de Salud Pública de la Universidad de Barcelona.

Según han recordado, el herpes zóster y sus complicaciones son un importante problema de salud pública, si bien la carga de la enfermedad en España es semejante a la de otros países desarrollados. Concretamente, se estima que la incidencia global de la enfermedad es de 4 por 1.000 personas al año, elevándose al 10 o el 11 por 1.000 personas a partir de los 60 años. De hecho se estima que más del 50 por ciento de las personas que padecen herpes zoster tienen más de 60 años y sufren complicaciones la mitad de las personas de edades avanzadas que la padecen. Se estima que el 50 por ciento de las personas que lleguen a los 85 años de edad sin haber padecido herpes zoster, lo padecerán durante los años que sobrevivan.

Crónicas

La mayoría de los adultos no se vacuna porque su médico de cabecera no se lo prescribe y hay enfermedades crónicas como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (Epoc), las cardiovasculares o la diabetes que pueden agravarse hasta provocar un ictus o un accidente cerebrovascular a causa del virus del herpes zóster. «Nos ocupamos mucho de vacunar a los niños, pero nada de vacunar a los adultos», asegura en una entrevista con Efe la doctora Isabel Jimeno, responsable del Grupo de Vacunas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, que aconseja vacunar a los mayores de 50 años por este tipo de virus que causa mucho dolor pero que se puede prevenir con esta vacuna, aplicable desde el año pasado. A corto plazo y hasta los cuatro años de haberse administrado la vacuna, la incidencia de herpes zóster se reduce en un 53 por ciento, la neuralgia postherpética en un 66 por ciento y un 61 por ciento la carga de la enfermedad en las personas inmunocompetentesde 60 o más años.