Transformación: ¿El fin de la industria automovilística?

Cuenta Thomas Friedman, en “Gracias por llegar tarde”, que “los movimientos tectónicos” existentes en la sociedad y la economía demuestran “que hemos entrado en una era de aceleración vertiginosa”, en una era de la aceleración exponencial. La famosa Ley de Moore lo impregna todo: aproximadamente cada dos años se duplica el número de transistores en un microprocesador y en consecuencia los precios bajan al mismo tiempo que las prestaciones de los dispositivos suben: el aparato (móvil, ordenador, Tablet, etc.) que hoy tiene un precio de 1000 euros, costará la mitad al año siguiente y estará obsoleta en dos años. En 26 años el número de transistores en un chip se ha incrementado 3200 veces.

Es bastante evidente que el cambio es acelerado, exponencial, si piensas, sobre todo, en términos de una persona que aprendió y aprehendió la realidad en el siglo XX, como yo. Buscábamos “colocarnos” (en la acepción profesional) en un trabajo, comprar y cambiar cada cierto tiempo de coche (motor mecánico, propio, cuidado, como uno de la familia), poseer casa, y bajar el ritmo después de los cincuenta años, camino de una jubilación tranquila (y con un coche que expresara nuestro nivel económico y social, la respetabilidad de la carrera que culmina). Esos cimientos cambian, se derrumban.

La automatización y robótica, la inteligencia artificial, y el uso masivo de Big Data, tendrán, están teniendo, un enorme impacto en todos los órdenes de la vida humana, individual y colectiva, social y empresarial.

El futuro del trabajo es incierto. Hay quien sostiene que el 50% de los empleos desaparecerán en los próximos 20 años, hay quien dice que serán muchos más. Habrá, obviamente, muchos trabajos nuevos (relacionados con robótica, con tecnología, pero con la creatividad y humanización necesaria en-para dichos sistemas), pero no está claro si habrá suficientes trabajos nuevos en tan poco tiempo (ver página 309 del hipervínculo).

En términos sociales, esto nos plantea un reto social: ¿cómo podrá la sociedad manejar el paro y la necesaria distribución de la renta para que se mantenga la demanda de automóviles? Si bien será más barato producirlos, alguien tendrá que tirar de la demanda. Como nos avisaba Enrique Dans, hace ya un tiempo, todo está cambiando. Todo es todo.

En el fondo, casi todas las industrias tienen algo que ver con el quiosco de periódicos de 2005 (¿queda alguno en tu barrio?): veía el futuro como un túnel oscuro y sin luz y no veía el sendero hacia la luz.

Las empresas automovilísticas recuerdan a aquella empresa de fotos de papel, Kodak, que en el 1998 tenía más de 170.000 empleados y acabó un tiempo después por desaparecer. Lo que le sucedió a Kodak sucederá en muchas industrias en los próximos 5-10 años, ¡y la mayoría de la gente no lo ve venir! Veo el impacto arribar, muy especialmente en la industria del automóvil.

El siglo XX ha sido el siglo de la cultura automovilística, especialmente el último tercio. Pero esto está cambiando a ritmo exponencial: Viene el coche doblemente autónomo. Sin conductor, y dependiente, tan sólo de la energía solar (quedan 30 años, lo sé), y más seguro ( 585.000 personas en 10 años dejarán de perder la vida por evitables accidentes). Pero entre tanto:

-Los talleres y sus empleados irán poco a poco perdiendo su sentido.

-Las marcas venderán en el corto plazo “movilidad”, servicios, no automóviles, en el marco de una creciente “servitización” o “terciarización” (llamarás a un automóvil con tu teléfono, aparecerá en tu ubicación y te llevará a tu destino, mientras lees, duermes o manejas dispositivos varios). Si vives lejos de tu destino cotidiano, tendrás uno de renting.

-Los coches eléctricos en diez años harán innecesaria toda la industria del repuesto. Veremos nuevas plantas (en países baratos por la mano de obra que, por poco tiempo, será necesaria, hasta la robotización total) que solo construirán autos eléctricos en cuatro o cinco años. Un motor de gasolina tiene 20.000 piezas individuales. Solo toma 10 minutos extraer y reemplazar un motor eléctrico, mucho más simple.

-Las gasolineras tendrán que repensar su futuro. Todas las compañías petrolíferas instalarán estaciones de recarga eléctrica y tendrán que pensar en vender ocio mientras el coche se carga.

-Los parquímetros se complementarán por aparatos que dispensan electricidad (cada vez de manera más cómoda).

-Los seguros de automóvil tendrán que cambiar radicalmente. Si a estos cambios unimos la revolución blockchain, creo que el seguro de automóvil desaparecerá como lo conocemos. Un cliente comprará un desplazamiento en coche autónomo con un seguro vinculado al viaje, no al vehículo. Si sucede algo, el cliente recibe el reembolso inmediatamente, sin tan siquiera solicitarlo.

Me pregunta mi hijo de ocho años si irá en su coche a Nueva York. Creo que, sinceramente, es una cuestión de legislación de navegación aérea, y pensar seriamente en el aseo en vuelo. Pertenecerá a la última generación de los que obtendrán una licencia para conducir.

El coche personal, en propiedad, será cosa del pasado, poco a poco. Ordenadores, con su ley de Moore, sobre ruedas (las empresas automovilísticas han tardado en comprender la importancia del competidor Amazon, Google, Apple, etc.), en alquiler-renting, soluciones de movilidad, o coche propio por un tiempo, economía colaborativa. Veremos cambios imponentes en el corto plazo, que afectarán en positivo a las ciudades (crecientemente inteligentes) en las que habrá menos coches y contaminación.

¿Te gustaba conducir?