Política USA by J.M. Peredo

La llegada de Donald Trump a la Presidencia de EE.UU. ha generado incertidumbres en la política internacional y en la sociedad norteamericana. La posibilidad de que se produzcan cambios en la orientación de políticas como la medio ambiental o la de seguridad choca con la necesidad de una política exterior continuista. Los desafíos del mundo cuyas decisiones están aún por llegar. Este blog fija su atención en el proceso de transición que vive la primera potencia global

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Canadá y Trudeau, equilibrio y globalismo

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Sobre el autor

José María Peredo Pombo

es Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid, donde imparte Comunicación Política Internacional e Imagen Exterior y Diplomacia Pública. Dirige el Media Lab Europea Media y el Observatorio de las Relaciones Internacionales (www.relacionesinternacionales.media) en la facultad de CC. Sociales y de la Comunicación. Compatibiliza su trabajo universitario con el ejercicio del periodismo y el análisis político en diferentes medios de comunicación y espacios de debate. Sus principales líneas de investigación son la política exterior de Estados Unidos, la comunicación de lobbies y grupos de presión, la opinión pública internacional y la cooperación española. Ha sido investigador principal del proyecto Influencia de los Grupos de Presión en las Elecciones Presidenciales de 2008 en Estados Unidos y coordinador del libro USA 08: las elecciones que cambiaron el siglo XXI.

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Cuando Donald Trump hizo referencia en su discurso de la Asamblea de Naciones Unidas a la pugna que mantendrán los globalistas y los patriotas en el futuro la cual, en su opinión, ganarían los segundos, seguramente pensaba en las elecciones canadienses del próximo 21 de octubre. El Primer Ministro Justin Trudeau es el exponente más cercano y molesto del globalismo norteamericano: ha llevado a Canadá a consolidarse como un país de referencia en la lucha contra el cambio climático, en la acogida e integración de inmigrantes y refugiados, en la proyección de un sistema educativo moderno y atractivo en los cinco continentes y en el respeto por la diversidad. Trudeau gano en 2015 con este ideario liberal que ahora tendrá que equilibrar para hacer viables los principios que definen su proyecto de sociedad, con la sensibilidad de los ciudadanos indecisos y los que varían su voto en cada elección, muchos de los cuáles se preguntan si el segundo país más grande del mundo es capaz de integrar a 300.000 inmigrantes cada año y un número de refugiados mayor de los que acoge Estados Unidos.

Las primeras encuestas en septiembre daban una cierta ventaja al candidato conservador Andrew Scheer. Un joven católico moderado, nada populista, que no quiere reabrir las guerras culturales en torno al aborto o al matrimonio entre personas del mismo sexo y que cuenta con importantes apoyos en ámbitos rurales y amenaza al Macron canadiense con captar a los swing voters. Pero en las últimas semanas, la tendencia se ha revertido y el Partido Liberal encabeza las apuestas en torno a un 36 a 33, con una tercera opción del New Democratic Party que se mueve en el 14 % en intención de voto, y podría resultar decisivo a la hora de elegir al nuevo Primer Ministro.

“Mi objetivo político ha sido el de asegurar que Canadá lo haga bien en el siglo XXI”, aseguraba Justin Trudeau. Ahora llega el momento de comprobar si los resultados obtenidos son valorados de forma positiva por una mayoría de canadienses y si a pesar del deterioro de su imagen después de cuatro años de gestión, el carismático líder puede seguir poniendo en valor sus firmes principios globalistas ante la dificultad que supone implementarlos en un periodo donde las relaciones económicas internacionales son cada vez más competitivas, la rivalidad entre potencias crece y los populismos abundan. “Necesitamos que nuestros negocios tengan éxito y sean competitivos, pero si no aseguramos a los ciudadanos que sus hijos van a tener la oportunidad de tener éxito, vamos a vivir más crisis en nuestros sistemas políticos, más nacionalismos y más populismos extremos”, afirma.

Equilibrio, esa es la cuestión. Para desarrollar el modelo inmigratorio sobre la base de considerar la adopción de nuevos ciudadanos como una acción humanitaria y al mismo tiempo como una política pragmática que siga impulsando la competitividad en la economía canadiense. Para ser más eficientes en la reducción de emisiones de combustibles fósiles y aprovechar los abundantes recursos energéticos tradicionales y los impuestos para propiciar una transición ordenada hacia las energías limpias. Para que los beneficios de las políticas domésticas sean extrapolables a un mundo abierto y global.

Equilibrio y globalismo, frente al equilibrio realista basado únicamente en el interés nacional. Canadá es un firme defensor del multilateralismo democrático en el G7 y no concibe otra fórmula que la cooperación entre estados para progresar. Ha firmado el tratado USMCA (el NAFTA renovado) con sus dos socios norteamericanos y un amplio tratado comercial con la Unión Europea, y se ha mantenido en el Trans - Pacific Partnership que abandonara el presidente Trump. Mantiene una tensión política con el gobierno chino a quien acusa de la detención arbitraria de dos ciudadanos canadienses por motivos políticos, aunque China sigue siendo su segundo socio comercial. Critica la actuación de Arabia Saudí contra los disidentes y activistas pro - derechos de la mujer. Se implica en operaciones de lucha antiterrorista y en la seguridad colectiva desde la OTAN. Reconoce la diversidad de sistemas políticos, pero no renuncia a hacer fuertes y presentes los valores democráticos en las relaciones internacionales. Presenta en estas elecciones a dos candidatos jóvenes, uno liberal y el otro conservador, que no proponen un choque entre globalistas y patriotas, sino que representan el verdadero sentido de lo que supone ser una nación global en nuestro tiempo.

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