Actualidad

Fotografiar la muerte

Por Ana Rubio Jordán

Publicidad

Burhan Ozbilici, fotógrafo de Associated Press (AP) acudió al museo de arte de Ankara a contemplar una muestra fotográfica porque le pillaba de camino a casa. Cuando llegó, el embajador de Rusia en Turquía, Andrei Karlov, ya había comenzado su charla. Mientras pronunciaba su discurso, parando de vez en cuando para dar tiempo al traductor a hacer su trabajo, Ozbilici pensaba en lo humilde y tranquilo que parecía.

De repente, estalló el caos. Sonaron los disparos y el pánico se adueñó de la sala. Cuando el fotógrafo vio que un hombre con traje y corbata negra sacaba una pistola, pensó que se trataba de una representación teatral. Un pensamiento del todo razonable ya que, a pesar de que los medios de comunicación nos bombardean a diario con noticias sobre atentados terroristas, uno nunca piensa que la violencia y el horror sea algo que nos vaya a tocar de cerca. Así que, ¿por qué no pensar que se trataba de una obra teatral?

Publicidad

Una vez pasada la confusión inicial, y a pesar del peligro al que se enfrentaba si el asesino se volvía hacia él, Ozbilici no dejó ni un instante de fotografiar al hombre que había puesto fin a la vida de Karlov. Aunque el reportero no estaba trabajando, su cámara captó ese momento. Horas después relataba: “Estoy aquí. Incluso si me dispara, me hiere o me mata, soy un periodista. Tengo que hacer mi trabajo. Podría haber salido corriendo sin tomar ni una foto. Pero después no hubiese tenido una respuesta apropiada si la gente me preguntaba después: ¿Por qué no tomaste fotos?”

Publicidad

Ante determinadas preguntas es a veces difícil encontrar la respuesta adecuada y, sin duda, lo peor de todo es no tener una respuesta. Ese “no tener una respuesta”, es decir, el verse en la obligación de tener que rendir cuentas ante los demás, es lo que hizo que Ozbilici antepusiera su profesión por encima de lo principal, que no era otra cosa más que poner su vida a salvo.

La fotografía tiene el poder de relatar la historia, lo que pasa en nuestro mundo hoy, desde el nivel del suelo”, decía James Nachtwey, premio Luka Brajnovic de periodismo. A través de su objetivo conocemos la historia, gracias a que la imagen periodística mantiene por encima de todo una vinculación y un compromiso con la realidad. De hecho, cualquier imagen es una porción de realidad.

Cómo el propio Ozbilici confesó, los amigos y colegas de profesión que han fallecido en zonas de conflicto fueron, en ese instante, una inspiración para él. Ser reportero en zonas de conflicto armado es una de las profesiones más arriesgadas del mundo. Así nos lo recuerda Reporteros Sin Fronteras, cuyo balance anual de este año cifra en 74 el número de periodistas asesinados en todo el mundo.

Publicidad

El pasado lunes Burhan Ozbilici pasó de ser un simple fotógrafo de agencia para convertirse en todo un reportero de guerra. Poco imaginaba antes de acudir al acto que sus fotografías saldrían publicadas en las portadas de los diarios de medio mundo. La más vista ha sido sin duda la del atacante alzando la pistola, pero hay toda una secuencia de fotos.

En el momento actual caracterizado por el cuestionamiento de la veracidad de los medios de comunicación, debemos apostar por una fotografía real la cual incorpore el menor tipo de modificaciones éticas y estéticas posibles, para que los ciudadanos otorguen de nuevo a los medios de comunicación el papel social de la expresión de la verdad.

El célebre Robert Capa dejó una frase que ha pasado a la posteridad en la historia de la fotografía: “Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente”. En este caso, las imágenes del fotógrafo de Associated Press lo son, se acercó demasiado porque no tuvo otra elección.