Al Extremo

"Lo que no se debía hacer es justo lo que se ha hecho: dejar al libre albedrío a cada Comunidad, sin planes ni protocolos comunes"

Saúl N. Amado
Saúl N. AmadoAna Rodríguez de la Vega

Los veranos pasan, y el de este año no podía ser la excepción. Un verano que quedará para el recuerdo por carecer de buenos momentos que recordar. Un verano que no ha venido a veranear. Y antes de acabar este mes de agosto, parece que se ha adelantado el otoño en cuanto a los datos de afectados por la pandemia. Los encargados de dirigir esta crisis, ahora ya sin nombre propio definido, lamentan que el virus no haya dado la tregua que se esperaba para el período estival y haya decidido situarse en un momento posterior, donde los pronósticos apuntaban a un aumento de casos. Queríamos que en agosto el virus también se fuese de vacaciones, pero se ha reincorporado antes de lo esperado. Aunque nunca se ha ido.

Pero da igual, nada de esto importa. Más de 400.000 infectados no es una cifra preocupante. O por lo menos esa es la sensación que me provocan las decisiones –u omisiones– del Gobierno, porque para un católico pecar se puede hacer de pensamiento, palabra, obra u omisión. Y yo ya no sé si seguir viviendo entre la incertidumbre y la impotencia, o entre la calma y el beneplácito.

Las Comunidades Autónomas querían ser las encargadas de dirigir la desescalada; ser las protagonistas de la nueva normalidad. Gritaron que ya no era necesario el mando único y que el Gobierno central debía devolver las competencias a las regiones. El mando único, en exceso, supone confiscación de la autonomía y carácter dictatorial al congregar todo el poder en un mínimo de personas. Allá por marzo, y hasta bien entrado abril, fue un acierto, pero el Presidente del Gobierno convirtió una situación excepcional en algo común, lo que hizo saltar las alarmas en todos los Ejecutivos regionales. Y razón no les faltó. Pedro Sánchez llevó al extremo lo que en Derecho Penal se conoce como “ultima ratio”.

Ahora las Comunidades vuelven a reclamar la presencia del Gobierno central, acusándole de dejación de funciones, incluso hay quienes vuelven a solicitar un mando directo que dirija toda esta nueva oleada de rebrotes. ¿Son incongruentes al solicitar lo que antes exigieron con ímpetu que se acabara? No. ¿Dónde está el Ministro Ábalos? ¿Marlaska? ¿El Presidente? Formaban el mando único junto con Sanidad y Defensa, y lo que no se debía hacer es justo lo que se ha hecho: dejar al libre albedrío a cada Comunidad, sin planes ni protocolos comunes. ¿Y eso era lo que querían lasregiones? Puede que alguna sí y se habrá percatado de que esa no era la idea. Lo ideal es lo que tantos echamos en falta: la coordinación entre el Gobierno central y los Gobiernos regionales, para poder emprender medidas que permitan crear un ambiente seguro en todos los territorios, bajo la recta organización de España, dejando una amable libertad de actuación y gestión en Castilla y León, Madrid, Cataluña y todo el Estado de Autonomías. De esta manera se proyectaría una imagen sólida y robusta a Europa, encargada de enviar las ayudas económicas necesarias para que nuestra economía no salga mutilada.

Pero Sánchez, nuevamente, lo ha llevado al extremo esta vez por defecto. Y su argumento a partir de ahora va a ser claro: queríais autonomía y os la di. En la Historia hay dirigentes que se lavaron las manos. Otros, directamente, se zambulleron bajo el mar.