Castilla y León potencia la elaboración de nuevos vinos peculiares para adaptarse a los gustos del consumidor

Incluye en la IGP Vinos de la Tierra nuevas variedades minoritarias de uva como la Rufete Serrano Blanco, la Estaladiña, Gajo Arroba o Tinto Jeromo, que permitirán abrir nuevos mercados

El consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Jesús Julio Carnero, visita un viñedo de la provincia de Burgos durante la pasada vendimiaJcylLa Razón

Buenas noticias para los amantes del vino, pero también y sobre todo para los bodegueros y productores que elaboran caldos dentro de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Vinos de la Tierra de Castilla y León, ya que podrán elaborar nuevos y peculiares vinos gracias a la modificación del pliego de condiciones de esta IGP que con veinte años de historia, por la que se incluyen las nuevas variedades de uva minoritaria como Rabigato o Puesta en Cruz, Rufete Serrano Blanco, Estaladiña, Gajo Arroba, Mandón o Garro y Tinto Jeromo, y además la Maturana Blanca y Maturana Tinta, originarias de La Rioja, y la Touriga Nacional, de origen en Portugal, que permitirán a las bodegas adaptarse a los gustos del consumidor y a las nuevas demandas del mercado.

“Con esta modificación la figura de calidad amplia su horizonte y cuenta con un potencial muy elevado”, destacan fuentes de la Consejería de Agricultura y Ganadería que dirige Jesús Julio Carnero, quienes destacan el abanico de nuevos vinos que se abre ahora, con una carácter genuino y diferenciado, “que puede resultar muy atractivo para el consumidor de vinos actual”.

Vinos de todo tipo y color

La IGP Vino de la Tierra de Castilla y León es la figura de calidad vínica más heterogénea de la Comunidad Autónoma, ya que su área geográfica delimitada abarca todo el territorio. Los vinos que se comercializan con la mención Vino de la Tierra de Castilla y León pueden ser blancos jóvenes, rosados, tintos, espumosos, vinos de aguja, de licor y de uva sobremadura.

La diversidad se extiende también a las casi 200 bodegas que comercializan este tipo de vino.Junto con bodegas de reconocido prestigio que no están adscritas a ninguna de las denominaciones de origen protegidas (DOP) de la Comunidad, y que marcan su propio estilo, también es utilizado este distintivo por bodegas que pertenecen a alguna de las DOP, destinando a la IGP aquellos vinos de características peculiares no amparables por las denominaciones.

La evolución de la IGP ha sido muy positiva desde su creación y en 2019 el volumen de ventas superó los 168.000 hectolitros por un valor superior a los 50 millones de euros. Además, dos de cada tres botellas que se venden de Vino de la Tierra de Castilla y León lo hacen en el mercado nacional, mientras que una de cada tres se destina al mercado exterior.