Los clásicos y la libertad

“Mariano Fazio, vicario auxiliar del Opus Dei, es el único que, desde el fervor y la lealtad, ha desenmascarado a una sociedad incapaz de aupar un mundo esperanzado e ilusionante”

Mariano Fazio, autor de El último romántico (Rialp, 2018)
Mariano Fazio, autor de El último romántico (Rialp, 2018)

Si existe un intelectual, atento y comprometido con el dolor humano, capaz de dar respuestas a las falsas emociones e insistentes trapacerías que nos conducen a este desasosiego cada vez más difícil de sobrellevar, ese es Mariano Fazio. Es el único que lo hace desde el fervor y la lealtad a los clásicos. Filósofo y profesor, autor de 23 libros dedicados a desenmascarar una sociedad incapaz de lo que en verdad importa: aupar un mundo esperanzado e ilusionante. La obra de Fazio, se ha convertido en una brújula para la reciedumbre de los sentidos.

Apoyado en una sólida formación universitaria y humanística, esta obsesión del vicario auxiliar del Opus Dei por los clásicos, le ha llevado a rescatar lo más hermoso y fecundo que existe a nuestro alrededor y así no traficarnos en exceso. Para él, únicamente habrá déficits, sin los ideales clásicos de libertad, belleza y amor, que son los que conectan con Dios, desde una concepción antropológica cristiana. Mariano Fazio ahonda en su nuevo libro, “Los clásicos y la libertad”, en la pequeña bondad humana; es decir: en todo eso que hace que nuestro planeta no sea un corral de becerros.

Algo que proclama, a través de unos clásicos a los que conoce bien. Página tras página, nuestro autor va desmenuzando, con un desafío implacable, las camelancias y la mentira galopantes, desde la libertad radical imprescindible para liberarse del ego y de tantos rencores y miserias.

Sostiene Mariano Fazio, como ya lo hizo en” La libertad para amar a través de los clásicos”, que la felicidad es el horizonte existencial de todo ser humano. Pero admite, también, que resulta ser un bien escaso. ¿Qué está pasando? Pues sucede, según su pensar, “que la seguimos buscando donde no está”. Digámoslo claramente, como lo hace con su valentía y respeto habituales este argentino universal: “la sobreabundante celebración de la alegría de vivir que proponemos ahora mismo, no transita por los caminos que conducen a la única epopeya valiosa de la vida y que no es otra que el amor”.

“Los clásicos y la libertad”, nos invita a apurar el espléndido banquete que hay en nosotros y, “cuando el cuerpo y el alma se amotinen contra el rigor y la libertad”, acudir a esas verdades que los clásicos proponen para conocernos mejor y construir un mundo más digno y vividero.