Sociedad

Jiménez Lozano, profeta en su tierra

El Ayuntamiento hace entrega al universal escritor y Premio Cervantes de la Medalla de Oro de Valladolid a título póstumo

La viuda de Jiménez Lozano, Dora Vicente, y uno de sus hijos, Ángel, recogen la Medalla de Oro de Valladolid a título póstumo para el universal escritor
La viuda de Jiménez Lozano, Dora Vicente, y uno de sus hijos, Ángel, recogen la Medalla de Oro de Valladolid a título póstumo para el universal escritorayuntamiento valladolidLa Razón

El universal escritor abulense de nacimiento (Langa) pero vallisoletano de adopción, José Jiménez Lozano, que falleciera el 9 de marzo de 2020, ha recibido este sábado el homenaje de Valladolid que le faltaba a título póstumo: la Medalla de Oro de la ciudad, en un acto emotivo y sincero, con la presencia de sus familiares, que recogían agradecidos y orgullosos la distinción.

El alcalde de la capital vallisoletana, Óscar Puente, presidía esta ceremonia en el Salón de Recepciones de la Casa Consistorial, donde ponía en valor los “numeroso” méritos que atesoraba el Premio Miguel de Cervantes “que justifican sobradamente la concesión de esta distinción”, decía.

Puente reivindicaba la grandeza de la persona Jiménez Lozano y recordaba que Valladolid, en vida, ya reconocío al escritor y periodista en un acto en 2010, cuando se dio su nombre al Instituto de Enseñanza Secundaria ubicado en la calle Felipe Ruiz Martín del barrio de Parquesol, centro que el autor de “Memorias de un escribidor” visitó con frecuencia.

“Fue un persona sencilla y discreta en su vida privada”, apuntaba el alcalde, al referirse a un texto perteneciente a su obra Elegías menores, donde reconocía que: “yo querría que se leyesen y se amasen mis libros, pero que se olvidase el nombre de quien los escribió. Y no es que no me importe el afecto o el aprecio de los demás: me importa del todo y es lo que me ayuda a vivir; pero ¡tengo tanto miedo al «yo», a la vanidad, al orgullo, a la estupidez, a la condición de «autor», a la gloria! Aunque no sea más que lo que envejece y madura y le convierte a uno en muñeco, en mortaja; pero también y sobre todo porque el triunfo de un «yo» se hace siempre, como todos los triunfos, con sangre ajena”.

Puente hacía suyas las palabras de Carlos Gallego, cuando decía que “cualquier aproximación a la persona de José Jiménez Lozano debe empezar subrayando su profunda bondad, de cuyo núcleo arranca la opción ética que ha inspirado constantemente su vida y su obra, caracterizada por su riqueza, complejidad y originalidad, sin parangón en nuestro ámbito”.

Y la trascendencia de su obra queda recogida en estas palabras de Reyes Maté, en las que destacaba: “que un escritor así, como es Pepe Jiménez Lozano, logre el reconocimiento general es uno de esos signos que, según Emmanuel Kant, muestran el progreso moral de la humanidad”.

Tras la intervención del alcalde, ha tomado la palabra el poeta, escritor y periodista Carlos Aganzo, que ha sido director de El Norte de Castilla y actualmente es director de Relaciones Institucionales de este periódico y subdirector de la Fundación Vocento que disertaba sobre la grandeza de la persona Jiménez Lozano y de su obra.

Seguidamente, el vicesecretario del Ayuntamiento de Valladolid ha dado lectura al artículo del Reglamento de Distinciones del Ayuntamiento y del acuerdo del Pleno para la concesión de la medalla que ha sido recogida por la viuda del escritor, Dora Vicente, y uno de sus hijos, Ángel, con cuyas palabras de agradecimiento por la distinción concedida a su padre se ha puesto el broche a las intervenciones del acto.

Para finalizar, los presentes han podido disfrutar del aria Nessun Dorma interpretada por Tamara Mena, voz; Ana Lobo, violín; y Jesús Sanz, pinao; profesores los tres de la Escuela Municipal de Música de Valladolid.

Vida y trayectoria

José Jiménez Lozano nació en Langa, en la Moraña abulense, el 13 de mayo de 1930. Cursó sus estudios primarios en Langa y Arévalo. Y en Ávila comenzó el bachillerato, que completó en el Instituto Zorrilla de Valladolid. En 1951 inició la carrera de Derecho en la Universidad vallisoletana, y, a la vez, cursó los estudios de Filosofía y Letras en las Universidades de Salamanca y Madrid.

Obtenida la licenciatura en Derecho en 1956, preparó oposiciones a Judicatura, pero pronto abandonó tal propósito y se matriculó en la Escuela Oficial de Periodismo. Y poco después inició su colaboración en El Norte de Castilla, con una columna que llevaba por título Ciudad de Dios.

En ese periódico, que por entonces dirigía Miguel Delibes, se dedicó luego a la crítica política, compartiendo tarea con periodistas del prestigio de Manuel Leguineche, César Alonso de los Ríos, José Luis Martín Descalzo o Javier Pérez Pellón. En el decano de la prensa nacional destacó también por su labor como corresponsal en el Concilio Vaticano II y en la elaboración de editoriales sobre política internacional.

A partir de 1978 desempeñó el cargo de subdirector del periódico, con Miguel Delibes al mando. Cuando éste se retiró, Jiménez Lozano asumió la dirección del diario, responsabilidad que ejerció hasta su jubilación en 1995.

Cultivó una larga amistad con Delibes, prueba de la cual es que el escritor vallisoletano le dedicó su novela “Cinco horas con Mario”, un Mario que, tal como el propio Delibes reconoció en alguna ocasión, estaba en parte inspirado en Jiménez Lozano.

Además de su estrecha vinculación con El Norte de Castilla fue, también, colaborador de otros periódicos nacionales, tales como El País, ABC y La Razón.

La obra literaria de José Jiménez Lozano, que desborda calidad, fue muy extensa. En su haber se cuentan veintisiete novelas, trece libros de cuentos, diez poemarios y siete volúmenes de diarios y cartas, veinticinco ensayos y once libros en los que recogen sus artículos periodísticos. Entre tantos inolvidables títulos debidos a la pluma de Jiménez Lozano, recordamos, por citar solo algunos de esa larga lista, Los cementerios civiles y la heterodoxia española, Sobre judíos, moriscos y conversos, Los tres cuadernos rojos o Guía espiritual de Castilla.

En sus textos abordó temas fundamentales de la historia de nuestro país, como la Inquisición, la convivencia entre judíos, moros y cristianos o la guerra civil española y la posguerra. Y relacionó acontecimientos relevantes que tuvieron lugar en España con otros acaecidos en diversos lugares de Europa, tales como la Revolución francesa, los procesos de secularización o la aparición de los totalitarismos y sus consecuencias en el siglo XX.

Su obra ha tenido una importante difusión más allá de nuestras fronteras y ha sido traducida al francés, al alemán, al italiano, al inglés, al checo, al ruso, al islandés y al holandés.

Junto a sus amigos el sacerdote José Velicia y el arquitecto Pablo Puente, ideó las exposiciones Las Edades del Hombre, que se vienen celebrando desde 1988 para poner en valor el arte sacro de nuestra región. Jiménez Lozano escribió el guion de las cuatro primeras exposiciones, incluida la inicial que, con gran éxito, tuvo lugar en la Catedral de Valladolid.

La extensa trayectoria literaria y periodística de José Jiménez Lozano le reportó numerosos reconocimientos de gran prestigio. Entre ellos, y por citar solo aquellos que considero más relevantes, recibió en 1988 el Premio Castilla y León de las Letras, y un año después el Premio de la Crítica por El grano de maíz rojo. En 1992 obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas y en 1994 el Premio Luca de Tena de Periodismo. Se le distinguió en 1996 con el Premio Provincia de Valladolid a la Trayectoria Literaria, en 1999 con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, en el año 2000 se le otorgó el Premio Nacional de Periodismo “Miguel Delibes” y en 2002 fue galardonado con el Premio Miguel de Cervantes. En 2006 se le entregó el Premio Cossío por su trayectoria profesional y en 2017 el papa Francisco le agració con la cruz Pro Ecclesia et Pontifice por su trayectoria periodística, su papel en la gestación de Las Edades del Hombre y su ejemplaridad como persona y como cristiano.

Además, en 1998 fue nombrado Patrono de la Residencia de Estudiantes y en 2001 lo fue del Instituto Cervantes. En 2008 fue investido Doctor Honoris Causa por Humanidades en la Universidad Francisco de Vitoria. Asimismo, el Ayuntamiento de Ávila le designó Hijo Adoptivo de esa ciudad en 2012.