“Es más peligroso dejar a los niños con los abuelos que reabrir las escuelas”

Los niños no tienen el gran poder de contagio que se les atribuyó al inicio de la pandemia, pero la autoridades no han asumido este cambio de dirección científica

Vall d’Hebron lidera un estudio para demostrar que los niños no son grandes vectores de transmisión y ayudar a dibujar cómo será la vuelta al colegio en septiembreJesús Gómez FeriaLa Razón

Cuando España reaccionó contra el nuevo coronavirus, asumió que los niños eran grandes contagiadores, igual que con la gripe, y por prudencia cerró todas las escuelas. En marzo, no había ningún dato que sugiriera que los menores tenían un gran poder para transmitir la COVID-19. Pero en algunas cabezas cuajó la idea de que los niños eran pequeños luciferes con una alta capacidad de propagar el virus. Y los padres de hijos con trastorno del espectro autista u otras discapacidades, que durante el confinamiento tenían permiso para salir a la calle, se vieron empujados a identificarlos con una prenda azul para no ser increpados desde los balcones. Para combatir el aburrimiento y la frustración de estar encerrados, hubo personas que se adjudicaron el título de “policía de balcón”, que consistía en denunciar y señalar a todo el personal que había en la calle, sin tener en cuenta si se trataba de una enfermera, una cajera de supermercado o un niño con TDHA.

Cuatro meses después, las cosas han cambiado. Los niños tienen permiso para salir a la calle y las escuelas para abrir. Pero muchas no lo harán porque no tienen los protocolos listos. Pese a que la decena de ensayos que han estudiado la COVID-19 en niños y adolescentes indican que no son grandes contagiadores, pediatras como el doctor Pere Soler, jefe de Patología Infecciosa de Pediatría del Hospital Vall d’Hebron, tienen la sensación de que no se ha asumido este cambio de dirección científica a la hora de reabrir las escuelas. “En España se han abierto antes las terrazas de los bares que las escuelas, que son imprescindibles", lamenta.

La experiencia de Dinamarca

El doctor Soler es partidario de abrir las escuelas antes de dejar a los niños con los abuelos que son grandes receptores. “En vez de exponer a la población de más riesgo, hubiera sido más sensato ir paso a paso, juntar a los niños y a los niños con sus profesores -menores de 60 años- y ver qué pasa”, opina. Admite que el riesgo cero no existe, pero la experiencia de otros países demuestra que la vuelta al colegio no ha aumentado los contagios. El primer país de la Unión Europea en reabrir las escuelas fue Dinamarca. El 15 de abril los niños volvieron a clase. La última semana de marzo se detectó un pico de casos entre la población de 1 a 19 años porque se hicieron más test. Y cuando empezaron las clases, durante la primera semana se observó un aumento de contagios. Fue puntual. A partir de la segunda semana, el número de infectados entre niños de 1 a 19 años ha ido en descenso, en paralelo al resto de la población.

En Dinamarca, igual que en otros países del norte de Europa, la conciliación ha sido una prioridad política. La vuelta al cole arrancó con medidas que se han ido relajando, como horarios reducidos, clases al aire libre o la supresión de asignaturas donde los niños compartían material. El doctor Soler comparte que la reapertura de los colegios se ha de pensar bien. “La decisión final incluye a muchos actores”, admite.

Desde un punto de vista científico, una norma clave es que ningún niño ni profesor con síntomas compatibles con la covid vaya a la escuela. Y lo más prudente es el lavado de manos, la distancia social, gestionar las aglomeraciones de adultos en la entrada y salida, generar circuitos hábiles en la atención primaria para atender casos sospechosos, además de no reincorporar a profesores mayores de 60 años o con patologías previas. En cambio, “decirle a un niño de 10 años que juegue a fútbol con mascarilla no tiene mucho sentido”, dice. Cree que la reapertura de colegios en junio hubiera sido un buen banco de pruebas para septiembre. “Hay que observar qué pasa en los casales de verano, aprovechando que hay espacios al aire libre y que el calor mengua la propagación del virus para gestionar el regreso a las aulas en septiembre ”, constata. Una ventaja de cara a septiembre, es que los virus suelen competir entre elllos. “Confiamos en que la covid y la gripe no se alíen”, añade el pediatra.

Vall d’Hebron lidera un estudio para ayudar a dibujar cómo será la vuelta al colegio en septiembre

Decir ahora cómo arrancará el curso en septiembre es hacer política ficción. “La situación epidemiológica será otra. El riesgo de contagio será más bajo. Y muchas de las medidas que se han propuesto, como el uso de mascarillas dentro del aula o la distancia social no serán necesarias”, matiza Quique Bassat, pediatra y epidemiólogo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y del Hospital Sant Joan de Déu.

Para ayudar a Salud y a Educación a dibujar la estrategia de la vuelta al cole en septiembre, el Hospital Vall d’Hebron lidera junto a la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitaria de Cataluña (AQUAS) un estudio que cuenta con la colaboración de 50 hospitales y centros de atención primaria para determinar cuál ha sido la secuencia de transmisión en las familias. Analizarán cerca de 150 familias con casos de coronavirus para saber quién infectó a quién. Con estos datos y el aprendizaje de estos meses esperan tener más información para poder facilitar la vuelta al colegio en septiembre de todos los niños. Los médicos han constatado que los niños están más protegidos que los adultos de la covid. Cataluña sólo ha detectado 120 menores con coronavirus y sólo uno, que tenía ya una salud muy deteriorada ha fallecido. Ahora, queda por confirmar que no son grandes contagiadores.

¿Por qué los niños están más protegidos de la covid?

Aunque sólo hace seis meses que los científicos bautizaron a este nuevo virus como SARS-CoV-2, los médicos han tenido tiempo de observar por qué los niños están más protegidos que los adultos de esta enfermedad. El virus se comporta diferente en niños y adultos, pero esto también pasa con otras infecciones. Por ejemplo, la legionela no afecta los niños y hay otros virus que les causan cuadros más leves.
Pere Soler, pediatra del Vall d’Hebron enumera alguna de las hipótesis que se están estudiando. Una es que su inmunidad innata está más entrenada. Otra teoría señala que pueden estar más protegidos porque están más expuestos a resfriados comunes y otras infecciones causadas por otros coronavirus y esto les puede dar defensas cruzadas. También que la microbiota de especies bacterianas que los niños tienen en las vías altas, la nariz y la faringe, que es distinta a la de los adultos, les protege del virus. Y la que coge más peso, esta semana se ha publicado un estudio italiano, es que los niños tienen más elevada la parte soluble de una enzima, llamada ACE2, que ayuda al virus a entrar en una célula sana y a replicarse. De ser así, el virus tendría más dificultades para infectar las células. Esto explicaría por qué los niños tienen una enfermedad muy leve y porque apenas hay casos graves. El doctor Soler cuenta que en el Vall d’Hebron sólo han ingresado 28 menores y sólo seis tuvieron que ser ingresados en la UCI. Los seis tenían una patología previa que se descompensó con la inflamación que en algunos casos provoca el SARS-CoV-2, la mayoría, tenía problemas en el corazón y en ningún caso se requirió tecnología compleja como la ECMO, para curarlos.