Los ambulatorios temen una avalancha de pacientes

Los profesionales del sector temen que la atención primaria queden saturadas a medida que descienda la alerta sanitaria

Asistencia domiciliaria del CAP Ramona Via i Pros de El Prat de Llobregat
La doctora Martha Egoavil repasa sus notas mientras prepara la asistencia domiciliaria de pacientes en el centro de atención primaria Ramona Via i Pros, en El Prat de Llobregat (Barcelona). EFE/Quique GarcíaQuique GarciaEFE

"Aún nos queda lo peor”, asegura Ana, médico de familia en un ambulatorio de Barcelona, quien si bien admite que los últimos tres meses han sido muy duros para la atención primaria, a partir de ahora la carga de trabajo se va a ver incluso incrementada.

Durante el pico de la pandemia, la primaria fue la puerta de entrada al sistema sanitario de muchos pacientes. Sobre los profesionales de este servicio recayó la asistencia y seguimiento telefónico de todos aquellos casos de personas aisladas por sospecha de infección, así como de los pacientes de coronavirus leves y moderados, de aquellos que presentaban otros síntomas o patologías, y fue necesario llevar a cabo atención presencial o visitas a domicilio en el caso en que la situación así lo requirió. Además, en una fase más avanzada de la crisis sanitaria, también se encomendó a los profesionales de los Centros de Atención Primaria (CAP) la asistencia en las residencias geriátricas. “Durante el pico de la pandemia, apenas hicimos vistas presenciales pero teníamos que realizar en torno a unas 500 llamadas al día, las cuales podían alargarse entre unos 20 o 30 minutos”, señala Ana, quien recuerda que cuando fue necesario “entrar a las residencias, se destinó un equipo de médico, enfermera y gestor de casos solo para este cometido”.

A ello hay que sumar que, tal y como apunta esta médico de familia, el sistema de derivación de pacientes a los especialistas no resultó del todo eficaz, lo que contribuyó a incrementar la presión sobre el personal de primaria. “Por entonces, los especialistas no visitaban y éramos nosotros quienes recibíamos las consultas de los pacientes y se las hacíamos llegar al especialista a través de un sistema telemático de interconsultas, pero lo cierto es que éstos tardaban mucho en darnos una respuesta. De hecho, a día de hoy, nos dan interconsulta para el 21 de junio”, explica Ana, quien pone de relieve que esta situación “generó mucho estrés y presión a los profesionales de primaria”. “Somos la puerta de entrada y el paciente se queja al médico de familia, pero nosotros no podemos hacer nada cuando se necesita al especialista”, comenta al respecto Ana.

Falta de recursos

Así pues, el volumen de trabajo que durante esos días tuvo que gestionar el personal de primaria fue muy elevado, una situación que se vio agravada por la falta de efectivos disponibles. Y es que durante las primeras semanas de la crisis se produjeron muchas bajas entre los profesionales. “En mi ambulatorio casi el 25% del personal estuvo de baja por contagio o sospecha de contagio por coronavirus de manera que el resto de médicos y enfermeras tuvimos que asumir su carga de trabajo”, señala Ana, quien, en este contexto, recuerda que “al principio no tuvimos Equipos de Protección Individual suficientes y tuvimos que hacérnoslos nosotros mismos con bolsas de basura”. “Estuvimos muy expuestos al virus y eso genera mucha angustia”, apunta para a continuación lamentar que “la mayoría de recursos se van a los hospitales y a los ambulatorios llega una parte ínfima”.

Meritxell Sànchez-Amat, médico de familia en el CAP Besós y presidenta del Fòrum Català d’Atenció Primària, recuerda que durante “las primeras semanas del brote, el equipo tuvo mucha gente de baja”. “En mi caso fue solo una tercera parte, pero en otros fue incluso necesario cerrar el CAP porque había muchos profesionales de baja”, añade para hacer referencia también a que “por entonces, las autoridades sanitarias también optaron por echar la persiana en ciertos Centros de Atención Primara al consideran que en ese momento su labor era prescindible y resultaba más efectivo destinar sus recursos a la atención hospitalaria. Sànchez-Amat recuerda también que por esas fechas, “al margen del gran volumen de trabajo que tuvimos, experimentamos mucha angustia e incertidumbre porque continuamente se cambiaban los protocolos de actuación, nunca nos habíamos enfrentado a algo así y además tuvimos que convivir con la posibilidad de enviar a alguien a casa con coronavirus porque en aquel momento sus síntomas así lo indicaban y que ese paciente luego, en solo unas horas, empeorara”.

Javier O’Farrill, presidente del Sector de Primaria ICS de Metges de Cataluña, va más allá al denunciar que la presión que ha sufrido el personal de la Primaria durante la pandemia se ha visto agravada por la “existencia de un déficit de médicos desde que, durante la crisis de hace una década, perdiéramos a 900, de los cuales después solo se ha recuperado a un centenar”. “La crisis del coronavirus se ha encontrado una primaria infradotada, esquelética y endémica, con poco personal”, constata para a continuación recordar que “si bien se ha reforzado la plantilla hospitalaria ante esta situación de emergencia, no se ha hecho lo propio con la de primaria”.

Ante este panorama, fue necesario reestructurar los horarios laborales para ajustarse a la situación. “Cambiamos todos los turnos y tuvimos que abrir todos los fines de semana, sábado y domingo, cuando no era lo habitual”, pone de relieve Ana, quien además destaca que “todos teníamos que hacer guardias, independientemente de si teníamos ya los 50 años o no”, una edad que exime al profesional de tener que hacer este tipo de servicio.

Sin embargo, y pese a la situación vivida a causa de la pandemia, Ana reconoce que algo bueno ha traído también la experiencia. “Gracias al COVID-19, todos los pacientes podían ir a la farmacia con su tarjeta sanitaria a buscar la medicación, sin la necesidad de tener que ir al CAP a buscar nuestro papel. Eso es algo que veníamos reivindicando hace tiempo y por el COVID, al fin, ha cambiado”, explica. Ahora falta ver si, cuando la situación se normalice, este protocolo se mantiene o bien se optará por volver al sistema anterior, en el que para obtener la medicación era requisito indispensable disponer de una autorización del médico de cabecera.

Avalancha de trabajo

Y es que ese nuevo modo de operar alivia ligeramente la carga de trabajo del personal de atención primaria, pero lo cierto es que, si bien la pandemia ha bajado de intensidad en las últimas semanas, ello no ha ido acompañado de un decrecimiento del volumen de trabajo en los Centros de Atención Primaria. “Pese a que ahora ha bajado el número de pacientes que atendemos por COVID, esperamos una avalancha de trabajo”, asegura Ana, quien considera que “la gente se ha estado aguantando durante dos o tres meses” en un gesto de responsabilidad orientado a no contribuir al colapso de los centros sanitarios, “pero llegará un momento en que no aguantará más y volverá a la atención primaria”, constata para a continuación indicar que además, seguramente “vendrá más descompensada por temas relacionados con la tensión, el azúcar...”. Paralelamente, el personal de los Centros de Atención Primaria debe continuar llevando a cabo el seguimiento de los pacientes que tienen o ya han superado el coronavirus y ello, en muchos casos, con una plantilla reducida debido a aquellos profesionales que aún siguen de baja, algunos de ellos por estrés. “Si pienso en mañana, me hundo, así que prefiero vivir al día”, confiesa Ana al respecto.

Sànchez-Amat, por su parte, prevé “mucho trabajo en los próximos meses porque no solo tendremos que ponernos al día con el trabajo que ha quedado pendiente y seguir atentos al tema del COVID, sino que además será necesario dar atención a la sintomatología que puede provocar el sufrimiento que ha generado y está generando esta crisis, que puede acabar desembocando en enfermedad”. Pese a ello, como apunta la presidenta del FOCAP, “no se está pensando en incrementar los recursos de personal y ya veníamos mal”.

Prolongar la vía telemática

En cualquier caso, los centros ya están diseñando los protocolos necesarios para poder reabrir sus puertas con cierta normalidad e incrementar el número de atenciones presenciales, algo que vendrá condicionado por la necesidad de mantener la distancia social. “Yo comparto sala de espera con cuatro consultas y en ella caben unos 30 pacientes, pero en la actual situación solo podrán coincidir en ella unas siete personas a la vez, así que si antes hacíamos de media unos 25 o 30 pacientes presenciales al día, ahora se podrán hacer cinco por médico”, estima Ana, de manera que durante algún tiempo más se mantendrá cierta intensidad en lo que se refiere a las consultas telefónicas, así como también en lo relativo a las domiciliarias. Al respecto, Javier O’Farrill señala que “los espacios físicos de los ambulatorios se quedan pequeños para poder respetar la distancia de seguridad, por lo que va a haber que cambiar la esencia de la asistencia y mantener la vía telemática por encima de la presencial”

Y todo ello, en un contexto en el que la amenaza de un posible rebrote está latente. “Nos han hecho coger las vacaciones antes del 31 de septiembre, porque esperan que estemos todos los efectivos disponibles de cara a una segunda oleada de la pandemia a partir de octubre”, lo cual implica que en los próximos meses habrá menos profesionales disponibles para atender la creciente demanda en los CAP. Ante esta situación, desde la Primaria se exige a las administraciones más recursos y mejores condiciones, ya que la sensación compartida por todos ellos es que tal y como señala Sànchez-Amat, “la atención primaria está al final del pensamiento de las autoridades y ello se pone en evidencia cuando pasan cosas así”. Por su parte, O’Farrill destaca que “durante la crisis sanitaria, el papel de la Primaria ha sido vital y sigue siéndolo, porque gracias a la atención primaria, la mayoría de pacientes se ha queda en casa”, evitando así una mayor saturación y colapso del sistema sanitario.