Acaba el curso escolar con más interrogantes: ¿Cómo cambiará la educación tras la pandemia?

Educación promete el retorno del 100% de los alumnos a las aulas, con control de temperatura y grupos de 15 a 22, pero el virus replantea el aprendizaje online: ¿un riesgo o una oportunidad?

Un estudiante en un aula en una de las clases voluntarias de refuerzo a los alumnos de 2º de Bachillerato que van a realizar las pruebas de la Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad los días 6, 7, 8 y 9 de julio. EFE/MariscalSebastián MariscalEFE

Termina el curso más raro de las últimas décadas. Con despedidas virtuales, sin abrazos a compañeros ni profesores, y después de cien días sin patio. Cien días, en los que no se ha planteado la posibilidad de cambiar el calendario de vacaciones. En Francia, todos los niños volverán al colegio el próximo lunes 22 de junio. Mientras, en España, los niños empiezan tres meses de vacaciones.

Desde el 11 de marzo, cuando el presidente de la Generalitat, Quim Torra, anunció que cerraría los colegios, “nada ha sido normal” admitió ayer el conseller de Educación, Josep Bargalló, en una entrevista en la radio pública catalana. En marzo, sin ninguna evidencia científica, se asumió que los niños que eran grandes contagiadores, igual que con la gripe, y se decidió cerrar las escuelas. Cuatro meses después las cosas han cambiado. Los niños se infectan igual que los adultos, pero están más protegido de la COVID-19. En Cataluña sólo se han detectado oficialmente 120 menores contagiados. Queda por demostrar científicamente si son un foco de transmisión. La experiencia de Dinamarca, el primer país que reabrió las escuelas en Europa, indica que no. Los hospitales de referencia pediátrica en Cataluña, Sant Joan de Déu y Vall d’Hebron han puesto en marcha dos estudios en paralelo para responder a esta pregunta. La consellería de Educación utilizará los resultados para diseñar la estrategia para reabrir las aulas en septiembre. Bargalló ha avanzado que trabajan para que sea cien por cien presencial. Se tomará la temperatura a los niños antes de entrar a las aulas, las entradas, salidas y el recreo serán escalonados y la idea es fijar grupos estables de entre 15 y 22 alumnos que podrán interactuar entre ellos, pero no con el resto. Esta propuesta trastoca proyectos educativos en los que se mezclan grupos y niños de diferentes edades.

El virus acelera la digitalización del aprendizaje

El virus se coló en las aulas en plena primavera pedagógica, cuando los colegios pedían un cambio. Y aunque no va a inventar una nueva escuela, ha acelerado la digitalización de la educación. En un tiempo en que la información es accesible desde cualquier dispositivo móvil, no tenía mucho sentido que los niños aprendieran de memoria la lista de los Reyes Godos. La pregunta es cómo debe utilizarse la tecnología en el aprendizaje. De eso sabe Pablo Lara, que además de ser padre de tres niñas, está al frente de la dirección general del Área de Educación del Grupo Planeta, desde donde desarrolla proyectos y soluciones educativas digitales para mejorar el aprendizaje del alumnado. También Marc Masip, psicólogo y experto en adicciones a las nuevas tecnologías. Durante los días de confinamiento, el Círculo Ecuestre de Barcelona, invitó a Lara y a Masip a debatir sobre si la educación on line es un riesgo o una oportunidad. Compartieron la misma conclusión, las nuevas tecnologías pueden mejorar y potenciar el aprendizaje, pero hay que utilizarlas bajo un proyecto pedagógico y a partir de ciertas edades. En infantil y primaria, la prioridad es otra: ayudar a los niños a gestionar sus emociones -la frustración, la empatía o la compasión-, “para que de mayores se conviertan en ciudadanos más felices y seguros, capaces de moverse en un mundo cada vez más interconectado”. Una reflexión que comparten con Eduard Punset.

Un país con un alto número de jóvenes adictos

Masip cuenta que el día que cumplió 30 años, hace dos, Jordi Évole lo entrevistó en el programa “Salvados” para hablar de la adicción a las pantallas. Entonces, ya alertaba de que España es el país europeo con más adicción adolescente a la red: hay un 21,3% de jóvenes “enganchados”, cuando la media europea se sitúa en un 12,7%. Escribió un libro editado por Planeta, que ayuda a descubrir nuestro grado de dependencia al móvil, “Desconecta”. Y es fundador de del Instituto Desconect@, que cuenta con dos escuelas donde imparte clases a alumnos de ESO y Bachillerato en tratamiento terapéutico. “Somos las únicas escuelas que han abierto durante la pandemia”, dice Masip. “Cerramos 15 días, pero luego abrimos como centro sanitario”, explica. Aunque admite que las pantallas les ayudaron a conectar con los jóvenes durante las dos semanas que estuvieron cerrados, dice que si hubieran estado más tiempo sin abrir, “hubiera sido catatónico”. “Hemos tenido muchas llamadas de padres preocupados por el tiempo de exposición a las pantallas que han tenido sus hijos. Incluso, hemos hecho diez ingresos”, comenta. “Muchos padres, al pasar más tiempo con sus hijos, han descubierto el grado de dependencia que tienen de las pantallas”, constata. Admite que tiene una visión clínica y un tanto extremista del uso de las pantallas por los casos que trata en su centro. “Chicos adictos a juegos, a redes sociales, incluso al porno on line”, advierte. Y lamenta que el confinamiento ha puesto en riesgo a los menores porque han estado expuestos a un mayor aislamiento social, a engancharse a las pantallas y empeorar las relaciones humanas. Masip es partidario de legislar. “¿Qué pasa con los padres que dejan móviles y tabletas y niños menores de 3 años?”, pregunta.

Introducir las nuevas tecnologías en el aula para potenciar el aprendizaje

Lara, que como director del área de educación del Grupo Planeta tiene en nómina a más de 2.000 profesores, visita una media de diez escuelas al mes y trabaja en proyectos de innovación educativa centrados en el uso de la tecnología, no deja móviles ni tabletas a sus hijas. “Tienen menos de cuatro años”, matiza. Gran aficionado a leer sobre neurociencia, dice que en edades tempranas pueden provocar una regresión en el aprendizaje. Pero si se acompañan de un proyecto educativo, a partir de una edad, 10-12 años, son una oportunidad. “Permiten un aprendizaje activo, a partir de la pregunta de un profesor, que los alumnos investiguen y colaboren para encontrar la solución, también personalizar el aprendizaje de los alumnos, motivarlos, aprender de manera transversal, a través de retos e introducir el juego en el aula”, explica muy resumidamente. Lara replica a Masip que la tecnología no tiene por qué ser sinónimo de adicción a las redes sociales ni aislamiento social. “Para mi, las redes sociales son como el vino a la uva. Que me guste el vino no quiere decir que sea un borracho, igual que utilizar móviles o tabletas no equivale a ser un adicto”, matiza.

Pero de la misma manera que invita a los pedagogos a aprovechar la tecnología para mejorar el aprendizaje, comparte con Masip que España no estaba preparada para cerrar colegios y seguir con el curso on line. “Ha sido dramático. Para justificar cuotas, hay escuelas que han llenado horas de pantalla sin un proyecto pedagógico y lo más preocupante es que hemos sido testigos de cómo han aumentado las desigualdades”, lamenta. La brecha digital no es más que una extensión de la brecha social.

Masip aboga por prohibir las pantallas dentro del aula. Lara por enseñar a niños y jóvenes a utilizar el móvil.

Infantil y primaria abogan por un regreso presencial, secundaria por introducir una parte online

La principal preocupación para la vuelta al colegio en septiembre de padres y profesores es recuperar la motivación, después de seis meses sin pisar el aula y suplir la falta de medios que han sufrido algunos alumnos. Un informe encargado por el BBVA y la Fundación Ayuda contra la Drogadicción (FAD), elaborado por profesores de las universidades de Granada y Málaga, recién publicado, concluye que los docentes de infantil y primaria quieren recuperar las clases presenciales, aunque sea dividiendo a los alumnos en grupos reducidos y que se turnen para ir a la escuela. En cambio, los profesores de secundaria están más abiertos a combinar las clases presenciales y a distancia -un 23,8% propone que los alumnos vayan días alternos y un 17,5%, semanas alternas-. El informe lleva por título “Panorama de la educación en España tras la pandemia de la COVID-19: la opinión de la comunidad educativa.

En Cataluña, por ahora, se trabaja con el objetivo de empezar el curso presencialmente. Pero si no se pudiera hacer, Josep González Cambray, director general de Centros Públicos y presidente del Consorcio de Educación de Barcelona, ha avanzado que hasta 2º de ESO será cien por cien presencial y a partir de 3º, 50% presencial i 50% virtual.

La vuelta al cole para 1,7 millones de alumnos de infantil, 2,9 de primaria, 2 de secundaria y alrededor de 600.000 de Bachillerato, según datos del Ministerio de Educación, exige pensar una planificación.

“Si los niños tuvieran que pagar para jugar en un parque infantil, haría semanas que estarían todos abiertos”. decía hace unos días a través de Twitter el cineasta Marc Pastor. Ahora, se ha perdido una oportunidad para observar cómo se comportaba el virus en las escuelas. Con la planificación de la vuelta al cole, las autoridades tienen una nueva oportunidad para no cometer el mismo error que en 2008, cuando no se puso la Educación en el centro de las políticas.