Josep Ramon Bosch: «Si hubiera habido burguesía catalana, no habría existido el ‘procés’»

Así lo afirma el expresidente de Sociedad Civil Catalana y autor de “Cataluña, la ruta falsa” en una entrevista para LA RAZÓN

Josep Ramon Bosch (Santpedor, 1963), expresidente de Sociedad Civil Catalana y promotor del partido catalanista Lliga Democràtica, publica “Cataluña, la ruta falsa” (Deusto), un libro en el que trata de construir un nuevo y documentado relato sobre la pertenencia de Cataluña a España desde una perspectiva histórica y, a la vez, trata de desmontar el discurso de rechazo a España elaborado por el nacionalismo durante los últimos tiempos. Además, hace una serie de propuestas para desterrar la conllevancia del “problema catalán” y solucionarlo de raíz.

Desafía a la “conllevancia” orteguiana.

Sí, la conllevancia es un mantra que hemos sufrido todos los catalanes y el resto de españoles para decir que el problema catalán no tiene solución y hay que conllevarlo. Muchos entendemos que eso no es cierto ahora, cuando ha quedado demostrado que el problema catalán es un problema español. Ha llegado el momento de superar la conllevancia y resolver el problema de raíz.

¿Y eso qué significa?

Eso significa una implicación de Cataluña en la gobernanza de España y eso significa también que buena parte del poder del Estado esté en Cataluña.

¿Por dónde se empieza a resolver el “problema catalán”?

Cerrando el libro del “procés” y enviando a los protagonistas de este golpe de estado a casa con un indulto, aunque sigan inhabilitados. Ha sido un proyecto fallido que ha ido en contra de lo que ha sido el catalanismo, que ha sido siempre un proyecto de futuro y de amor a España. A partir de aquí, hay que repensar tanto Cataluña como España y construir un nuevo relato.

¿Este libro se propone ser una base para desmontar el relato nacionalista?

Este libro pretende ser precisamente eso, un relato. ¿Por qué un catalanoparlante de ocho apellidos catalanes de una familia tradicional del interior de Cataluña en una zona eminentemente independentista se siente español? Este es un libro que hace un repaso a la historia de Cataluña para deshacer entuertos de la burda manipulación del nacionalismo.

Usted acusa al independentismo de adoctrinamiento en la educación. ¿Cómo puede calar ese nuevo relato en la sociedad?

Sí, el “procés” empezó con el plan de Jordi Pujol de los años 80 para construir una nación en Cataluña para que fuese un Estado. Para ello tenía que usar todos los medios a su alcance. Se centró en dos: la educación y los medios de comunicación, que han permitido generar una idea mayoritaria de rechazo a España y de que Cataluña tiene derecho a ser Estado independiente. Yo propongo que las competencias en Educación continúen descentralizadas, en manos de la Generalitat, pero gestionadas con lealtad a España. Para eso hay que echar al independentismo.

¿Por qué cree que hay una carencia de argumentos para defender la unidad de España?

Pongo como ejemplo mi caso: vivo en Santpedor y a 30 kilómetros a la redonda no hay ni un símbolo español. Cómo uno se puede identificar con algo que no está y en una zona catalanoparlante, donde se ve TV3 de forma mayoritaria. No hay nada que una persona que nazca y viva en mi tierra pueda sentir de relación hacia España.

La sociedad catalana también ha ido cambiando.

Cataluña vive una triple división: de sentimiento de pertenencia a Cataluña y España; económica porque las clases medias y altas son independentistas y las clases populares no lo son; y etnolingüística, el 90 por ciento de los catalanoparlantes son independentistas mientras que el 90 por ciento de castellanohablantes no lo son. La sociedad catalana ha cambiado mucho. Si hubiera habido burguesía catalana, no habría habido “procés” nunca. Ha sido la revolución de los ricos. La burguesía de principios de siglos realmente mandaba y estaba en instituciones y asociaciones. Ahora no existe esa burguesía, ahora hay gente con mucho dinero, rentistas. Son nuevos ricos y nos han traído hasta aquí. Siguen viviendo en Babia a pesar de que se han ido 5.000 empresas y la credibilidad de Cataluña está bajo mínimos.

El independentismo está tratando de explotar la nueva crisis económica como en 2008 y agita el “España nos roba”.

Es evidente que la crisis de 2008 fue aprovechada por el separatismo. Van a usar esta crisis económica para desgastar a España. El problema que tenemos es que en el momento en que el independentismo saque más del 50 por ciento de los votos en las elecciones, en Cataluña volveremos a vivir jornadas muy negras.

Usted, en este sentido, también plantea un relato económico: España ha beneficiado históricamente a Cataluña, ¿no?.

Es evidente que Cataluña no estaría en la posición en la que está si no hubiera sido por su pertenencia a España. La revolución industrial se produce en el siglo XVIII gracias a que los mesetarios castellanos compraban paños a los catalanes en lugar de a los ingleses. Cataluña se hizo rica gracias a las relaciones privilegiadas que tuvo con América. Cataluña, por ser una zona industrial ha recibido muchas inversiones, como Seat, que no vino aquí por arte de vivir, sino fue una decisión de Estado. Los catalanes hemos hecho España desde un punto de vista económico.

¿Cree que el independentismo lo va a volver a intentar si supera el 50% de los votos?

Sí, lo va a volver a intentar sabiendo que no lo va a conseguir. El independentismo es un proyecto que da trabajo a 150.000 personas en la administración catalana directa o indirectamente. Saben que si pierden el relato independentista pierden su puesto de trabajo.

¿Qué le parece la mesa de dialogo?

Es un error. Hay que hablar y dialogar, pero no puedes ceder a cosas que corresponden a todos los españoles.

El referéndum tampoco es la solución.

Cataluña no necesita un referéndum. Cataluña necesita seguridad jurídica, el corredor del Mediterráneo, la tercera pista del Aeropuerto de Barcelona, mejores conexiones en el Puerto de Barcelona, inversiones y que los catalanes nos creamos que somos España. Para ello, el constitucionalismo debe asaltar la Generalitat, sin falsos protagonismos de siglas ni de nombres.