Sergio Vila-Sanjuán: «El buen periodismo cultural es aquel que nace de la pasión»

El periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán es el último Premio Nacional de Periodismo Cultural

El escritor y periodista barcelonés es una de las firmas más respetadas del preiodismo cultural. A punto de sacar dos libros, «Por qué soy monárquico» y «El jove Porcel», acaba de ser galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Cultural.

–¿Qué representa para usted un premio como el Nacional de Periodismo Cultural?

–Representa dos cosas importantes para mí. En primer lugar es un reconocimiento a 43 años de profesión, lo que te da la convicción de que lo que has hecho no ha quedado en saco roto y ha servido para algo, valorado por un jurado extenso e independiente. Por otro lado me permite estar en una nómina donde hay mucha gente a la que aprecio y con la que creo que tengo ciertas concomitancias porque se han dedicado a la profesión en la misma época que yo y que son Juan Cruz, Blanca Berasategui, Antón Castro o Jacinto Antón, profesionales muy indiscutibles. Todos tienen unas trayectorias que algunos momentos son paralelas.

–Un premio de estas características refuerza la existencia de este tipo de periodismo, en un momento en el que se habla más, por ejemplo, de periodismo político.

–Sí, por un lado es una necesidad, pero por el otro es el asentamiento de una especialidad del periodismo que ha tenido lugar en la España de los últimos 40 años, algo que se ha producido en la época democrática. Antes de la muerte de Franco no existía secciones de cultura y prácticamente no existían los periodistas especializados, quizás con la excepción de Marino Gómez Santos que fue un pionero en esto. Lo que habían eran escritores que hacían columnas o entrevistas, pero no es hasta la muerte de Franco que empiezan a aparecer diarios nuevos que incorporan la sección de cultura, como ocurre con «El País» o el «Avui». Igualmente diarios veteranos, como «La Vanguardia» o el «Abc», tras 1975 , incorporan la sección de cultura.

–¿Por qué ocurre?

–Ocurre, creo, porque con el cambio democrático, el nuevo sistema político español se da cuenta que debe incluir uno de los datos clave del antifranquismo que ha sido el compromiso cultural. A partir de ahí, en los años 80, España deriva hacia un modelo cultural a la francesa que es el del Estado cultural. El Estado considera que debe preocuparse por la cultura y poner dinero en ella. Ese es el proceso que he vivido porque empecé a trabajar en 1977. Este ciclo marca mi trayectoria.

–¿El periodismo cultural nos hace más cultos?

–El periodismo cultural, como mínimo el bueno, no es que te haga más culto sino que el que se dedica a él ya nace de una pasión. Es alguien apasionado por un tema en el que se mete. No creo que alguien a quien no le interese la cultura pueda desempeñarse bien. Es una profesión muy gratificante desde el punto de vista espiritual, otra cosa es lo económico, pero los que están en ella se lo pasan muy bien. Hablamos de gente a la que le gusta leer, ver cine o arte o escuchar música.

–¿No le da la sensación que el periodismo cultural se ha convertido en los últimos años en una competición a la caza de exclusivas?

–El periodismo es competitivo en sí mismo. Si te dedicas a esta profesión el caramelo de una exclusiva siempre lo tienes. Si te interesa la cultura y no quieres escribir rápido y competir, lo mejor es que te vayas a la universidad que es el otro gran campo para estas cosas. Si te dedicas a estas cosas hay que ser rápido, entregar el artículo cuando toca y si tienes un buen tema debes sacarlo. Eso es el espíritu de la profesión y un poco de competitividad es sana.

–En su discurso de ingreso en la Real Academia de Buenas Letras apuntaba ocho puntos sobre cómo debe ser el periodista cultural. ¿Hoy ampliaría o reduciría esos puntos?

–Siempre que se vuelve a algo escrito lo reharías. Pero en ese discurso yo hablaba de que hay que tener pasión, hay que ir a las fuentes, algo que es muy importante porque el periodista tiene que ir al testimonio vivo, no al documento muerto. Luego hay una cosa que a mí siempre me ha preocupado es ese intento de mezclar lo trascendente con lo anecdótico. He intentado en mis libros y en mis artículos, a la vez que lanzas conceptos de cierta profundidad tienes que ser ameno, intentar colocar anécdotas e historias narrativas que al lector de alguna forma le ayude.

–¿Qué otro punto destacaría?

–Es muy importante que el periodista entienda lo que está explicando. No se pueden contar de manera confusas determinados conceptos al lector.