Miquel Puig: “Uno de los factores que deprimen los salarios es la inmigración y se debe controlar”

Entrevista con Miquel Puig, economista y autor del libro “Los salarios de la ira”

Miquel Puig
Miquel PuigMarc Puig Perez

Miquel Puig (Tarragona, 1954) reconoce su gusto por desmontar tópicos. Y en el nuevo libro que acaba de publicar, “Los salarios de la ira” (La Campana), aborda y derriba algunos de los más extendidos en la economía hasta ahora, como el vínculo entre los salarios y la productividad o los beneficios económicos de la inmigración. Puig, doctor en ciencias económicas, tiene una amplia trayectoria en la administración pública (fue alto cargo en la conselleria de Industria durante la etapa de Jordi Pujol), en la empresa privada (ha sido consultor independiente y ha pasado por Abertis) y en la docencia (ha sido profesor en la Universitat Pompeu Fabra).

La tesis del libro es que los salarios dependen del volumen de trabajadores que hay en el mercado y no de la productividad.

A mí me parece de sentido común y que los referentes económicos del siglo XVIII y XIX tenían clarísimo, pero es una cosa que no se enseña en las universidades, sino lo contrario.

Sostiene que los grandes beneficiarios hoy en día no son los capitalistas o empresarios, sino los propietarios inmobiliarios. ¿Por qué?

La productividad, que depende mucho de las inversiones y la tecnología, permite pagar más o menos, pero no conlleva automáticamente que se pague más o menos. Los capitalistas o empresarios pagan salarios de mercado porque se ven obligados a hacerlo y estos salarios de mercado dependen de la abundancia o escasez del trabajo que haya, cosa que me parece de sentido común. Desde hace 40 o 50 años, en Occidente sobran trabajadores y eso hace que los salarios se hayan estancado. Lo que digo es que el beneficiario de esta situación, de lo que se hace con el excedente que se genera cuando tú pagas a los trabajadores menos que su productividad, no son los capitalistas porque, a la larga, sus beneficios tienden al mínimo, sino los propietarios de alguna cosa que tienen en exclusiva y, por tanto, tienen el mecanismo para hacerse con este excedente. Esto, en la época que escribían los grandes economistas del siglo XVIII y XIX eran los propietarios terratenientes y, hoy, en día son los propietarios de inmuebles en el centro de la ciudad o los que tienen algo que no es accesible a la competencia, como las piernas de Messi, la voz de una soprano o la posición de control en una empresa grande.

¿Cómo se puede revertir ahora la abundancia de trabajadores en un momento en que cada vez tenemos menos hijos en Occidente?

Solo hay tres opciones viables. La primera es aumentar el volumen del sector público porque tiene necesidades ilimitadas de personas para prestar servicios y, de he hecho, hasta los años 70, iba creciendo en volumen (con el inicio de la sanidad y educación universal o la enseñanza universitaria). Tiene que crecer el sector público porque el sector privado expulsará trabajadores. La segunda cosa, sobre todo dirigida a las izquierdas, es controlar la inmigración porque la izquierda siempre está incómoda. Se debe reconocer que uno de los factores que deprimen los salarios es la inmigración y se debe controlar. El tercer factor es poner el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) al mismo nivel que estaba en España o Estados Unidos en los años 70, que era el 25% de la productividad (entendida como el cociente entre lo que producimos entre todos y el número de horas que se dedican a obtenerla), que es una manera indirecta de frenar la inmigración porque ahora en Europa estamos haciendo una cosa absurda que es intentar aumentar la producción en turismo y agricultura sabiendo que son sectores que no ocupan nacionales, sino extranjeros. Estos tres factores creo que son viables: lo que no haremos será frenar la tecnología para que haya más trabajo.

¿Cómo se puede aumentar el volumen del sector público en un momento que la deuda está muy elevada?

El sistema fiscal está dirigido a gravar rentas y, por tanto, grava mucho la producción de las rentas y el trabajo, que es lo fácil. Lo que se debe hacer es gravar a los grandes beneficiarios de esta situación, que son los propietarios. Además, tiene una ventaja: si tú gravas rentas, los granes receptores de rentas tienen sistemas para evadir impuestos, pero si gravas la propiedad, las propiedades están aquí. Es inevitable que iremos a gravar más la propiedad porque es la principal beneficiaria de la situación.

¿Por qué a la izquierda en España le cuesta tanto afrontar el debate de la inmigración mientras en otros rincones de Europa tienen más capacidad?

Hay tres capas: los nórdicos, que lo tienen claro: la más explícita es la presidenta de Dinamarca y líder del partido socialdemócrata danés, que dice claramente que la inmigración perjudica a la clase trabajadora, que es la que tienen que defender. En Francia o Alemania ha habido disparidad, porque hay partidos como Francia Insumisa o Die Linke, donde hay divergencias sobre si la inmigración perjudica. Y, en el mediterráneo no hay debate en el sentido de que hay un pensamiento mágico de que la inmigración no perjudica a nadie ni a la clase trabajadora. Esto se manifiesta de dos maneras: con frivolidad, pidiendo papeles para todo el mundo, que es lo que hace la izquierda alternativa; o, con cinismo, que es lo que practican las izquierdas del Gobierno, que es cantar La Internacional y llorar lágrimas de cocodrilo cuando hay crisis migratoria, pero después cerrar las fronteras.

Vox se está aprovechando de esta posición de la izquierda.

Está claro. En general, los populismos explotan la contradicción enorme que tiene la izquierda en relación a la frontera. La izquierda, en los años 70, que es cuando se produce la ruptura, compra el mensaje liberal de que las fronteras se deben abolir y que es bueno y que el mercado se ocupará de que todo funcione bien. Es el momento en que las izquierdas se hacen globalistas y, en el caso de España, esto coincide con la crisis del franquismo y el deseo de adherirse a la Unión Europea. Esto ha sido un error porque las fronteras sirven para proteger el estado del bienestar y si las disuelves, estás erosionando el Estado del bienestar.

No obstante, los ganadores del premio Nobel de Economía ponen en duda que la inmigración deprima los salarios.

Los galardonados lo han sido por poner en valor los denominados experimentos cuasi naturales. Justamente, lo que defiendo en el libro en relación a la inmigración lo hago en base a dos experimentos cuasi naturales que tuvieron lugar en la Alemania post reunificación. Estos experimentos, como otros, ponían de manifiesto que la inmigración no reduce los salarios a corto plazo (entre otras cosas, debido a la vigencia de los convenios colectivos), pero sí que tienen un fuerte impacto desplazando trabajadores. Inevitablemente, este desplazamiento deteriora la posición de fuerza de los trabajadores afectados en la renegociación de las condiciones laborales.

¿Qué opina de la renta garantizada de ciudadanía como mecanismo alternativo para absorber la oferta de trabajadores?

Creo que es una solución, pero es una mala solución. La buena solución es proporcionar puestos de trabajo y, en este sentido, soy más simpatizante de los que dicen que el Estado tiene la obligación de proporcionar trabajo para todo el mundo que los que dicen que el Estado tiene que proporcionar renta para todo el mundo. Me parece que la renta garantizada, ideológicamente es una idea conservadora, como vía para mantener la paz social. La tradición de la izquierda tiene un discurso diferente: dice que los que trabajan deben ganarse la vida dignamente y, por tanto, me parece que la renta garantizada, aunque ahora la defiendan las izquierdas y los millonarios de Silicon Valley, es conservadora. La idea de izquierdas es que haya trabajo para todos y debe estar remunerado dignamente.

¿Y la reducción de las jornadas laborales?

Es una cosa inevitable por la tecnología, pero no es una solución ni al paro ni al exceso de trabajadores porque cuando se imponga el vehículo autónomo, la tecnología hará redundantes muchos puestos de trabajo (como los conductores) y seguramente creará muchos puestos de trabajo porque hay muchas cosas a hacer para que los vehículos puedan funcionar por la carretera solos, pero los puestos de trabajo que destruirá y creará no serán para las mismas personas. La persona que ha quedado redundante no se reciclará para montar la tecnología necesaria para que los coches funcionen solos, aunque sus hijos, sí. Históricamente, siempre se ha dado así: la tecnología destruye sus puestos de trabajo y los crea para sus hijos. Que las personas reduzcan sus horas de trabajo no me parece una solución para las personas que se han quedado sin trabajo porque son incapaces de hacer el trabajo de los que trabajan.

En cambio, usted defiende el SMI, que puede destruir puestos de trabajo y empresas.

Sí, pero se deben decir varias cosas. Primero, como demócrata, tengo que decir que me avergüenza que el franquismo impusiera un SMI más elevado que el que después mantuvo la democracia española. Segundo, al ministro de Trabajo que firmó el decreto del SMI, le hicieron esta pregunta y respondió que las empresas que no puedan pagar este SMI no nos interesan en España. Y creo que debemos ser conscientes de esto, tenemos el nivel de productividad que tenemos y debemos exigir a las empresas que sean capaces de mantenerse a este nivel. Si una actividad no es capaz de pagar un salario digno, lo mejor es que esta actividad esté en otro país porque creará puestos de trabajo en aquel país y evitará que las personas de aquel país se vean obligadas a venir aquí. Por una cuestión solidaria, debemos evitar crear ciertos puestos de trabajo.

Hace referencia al turismo y la agricultura, pero si se suben los salarios, también habrá menos demanda del producto español ¿no?

Sí, seguramente. Habrá turistas que se irán al caribe o al Magreb y qué problema tiene. Es mejor que se vayan los turistas que no que vengan los caribeños o magrebíes aquí, jugándose la vida algunos de ellos.

¿La causa del descontento actual es por el empobrecimiento de la población o la desigualdad salarial?

Si nosotros comparamos cómo vive una persona hoy y hace 40 años haciendo el mismo trabajo, indudablemente vive mejor. Objetivamente. Lo que pasa es que a nosotros nos importa mucho lo que tenemos, pero nos importa mucho también lo que tienen los otros. Por tanto, observar que he quedado atrás en relación al resto de la sociedad, a algunas personas les hace estar irritadas. Esto es lo que está en la base de los triunfos de los populismos.

Usted afirma que el empobrecimiento de muchos, amenaza la democracia.

Trump ganó porque encarna el rechazo al sistema y la democracia forma parte del sistema. Cuando hay personas que están indignadas con la sociedad porque creen que la sociedad les está tratando mal, rechazan el sistema y dentro está la democracia.

Asegura que para volver a salvar la democracia hay que revertir la desigualdad salarial. ¿Cómo se hace?

A mí no me preocupa el 1% que gana mucho. Seguramente la forma sea gravar a este 1%, pero lo importante es crear trabajo para los que no tienen trabajo y remunerar dignamente a los de abajo.

La industria da buenos salarios y en Cataluña estamos viendo cómo se marchan empresas y la burguesía industrial también ha ido vendiendo sus empresas para invertir en el sector inmobiliario. ¿Por qué?

La burguesía se pasa al sector inmobiliario porque es un muy buen negocio y, en lugar de invertir sus rentas en más industria, compra inmuebles. Es un comportamiento racional. La industria es la base de la riqueza y la base es el conocimiento que es en lo que se basa la industria hoy. La industria que no se basa en el conocimiento es una industria que está situada en países de salarios bajos. Si queremos tener industria aquí hemos de tenerla basada en el conocimiento y lo que tenemos que reforzar sobre todo es la universidad, la investigación y la transferencia de conocimientos. Y suerte que tenemos que estos tres factores no están mal.