Las rocas volcánicas que proporcionaban masas de hierro puro a los esquimales

Normalmente el hierro no se puede encontrar en estado puro entre las rocas, como el oro o el cobre... A menos que vivas en Groenlandia.

En 1870, el geólogo y explorador ártico Adolf Erik Nordenskiöld encontró unos curiosos cantos rodados metálicos en la costa de la isla de Disko, en Groenlandia. Aunque sus tamaños eran dispares, el más grande pesaba unas impresionantes 22,7 toneladas. El análisis de estos mazacotes de metal reveló que se trataba de hierro casi puro aleado con pequeñas cantidades de carbono y níquel... Una composición que resultaba muy intrigante.

Elementos nativos

En geología, los elementos nativos son aquellos que se pueden encontrar en estado más o menos puro en la naturaleza. El ejemplo más conocido es el del oro: al tratarse de un metal tan inerte, las pepitas de oro son capaces de permanecer inalteradas en la naturaleza durante miles de millones hasta que la erosión las arranca de las rocas y las transporta hasta un lugar donde alguien las pueda recoger.

Otros elementos que se encuentran de forma nativa en la naturaleza son el cobre o el platino, pero la mayoría nunca hemos tenido la suerte de encontrar muestras metales valiosos como estos mientras paseamos por el campo. Sin embargo, si alguna vez habéis estado en una región con actividad volcánica, es muy probable que hayáis visto otro elemento nativo amarillo más modesto: el azufre, que a veces forma una capa de material amarillento sobre las rocas volcánicas.

El hecho de que existieran masas de hierro casi puro en Groenlandia era muy desconcertante porque es un elemento que nunca se encuentra de forma nativa. El motivo es que se trata de un metal muy reactivo que tiende a combinarse con el oxígeno y el azufre en la corteza terrestre, dando lugar a minerales de óxidos de hierro como la hematita o la magnetita o a sulfuros como la pirita. Teniendo esto en cuenta, en un principio se pensó que el hierro de Groenlandia no se había formado en la Tierra, sino que se trataba de fragmentos de hierro y níquel de algún meteorito metálico (como la daga de hierro meteorítico de Tutankamón de la que hablamos en un artículo anterior).

Pero, en este caso, no parecía que las masas de metal de Groenlandia provinieran del espacio porque su contenido en níquel era mucho menor que el del hierro de los meteoritos. Ademas, la roca basáltica de la zona estaba llena de masas de metal idénticas que la erosión aún no había liberado de su prisión de piedra. Por tanto, ¿cómo habían acabado esos fragmentos de hierro macizo incrustados entre las rocas de la isla de Disko?

Opciones de formación

Aunque aún no se conoce el mecanismo exacto que las produjo, esas masas de hierro están incrustadas en basalto, un tipo de roca que se forma cuando la lava expulsada por algún volcán se solidifica. Por tanto, parece que los dos escenarios más probables para su formación son los siguientes.

La primera opción es que la corriente de magma que alimentaba el volcán arrastrara las masas de hierro fundido desde las profundidades de la Tierra, donde las condiciones químicas permitirían la existencia del hierro casi puro en estado líquido. En este caso, es posible que el hierro fuera arrastrado hasta la superficie en forma de pequeñas esferas fundidas que se habrían combinado entre ellas en el interior de la lava mientras se solidificaba y habrían producido las masas de hierro de tamaños dispares que se observan hoy en día dentro del basalto.

La otra opción es que la lava hubiera contenido grandes cantidades de óxidos de hierro y entrase en contacto con otras capas de sedimentos que contenían mucho carbón cuando cubrió la zona. Debido a las altas temperaturas, el carbón habría reaccionado químicamente con el óxido de hierro y le habría robado el oxígeno, produciendo monóxido de carbono y dejando el metal libre. De hecho, este es el mismo proceso que se lleva a cabo de forma industrial para extraer el hierro de los óxidos de hierro... Pero, en este caso, habría tenido lugar de forma completamente natural.

Sea cual sea el mecanismo que formó el hierro nativo de la isla de Disko, está claro que se trata de un proceso que se da con muy poca frecuencia porque el depósito de Groenlandia es el único conocido que tiene un tamaño considerable. Curiosamente, esta casualidad geológica les resultó muy útil a los inuit locales: aunque la ausencia de vegetación en la zona les impedía obtener el carbón necesario para extraer el hierro de los minerales, pudieron fabricar herramientas de hierro gracias a estos mazacotes de metal casi puro que la naturaleza había extraído por ellos.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Es posible que alguna vez hayáis oído que es imposible encontrar hierro nativo formado en la Tierra. Como hemos visto, eso no es cierto, pero esta afirmación tiene su lógica: el hierro nativo se encuentra en cantidades tan pequeñas y en unos lugares tan concretos, que, a efectos prácticos, su existencia es anecdótica.

REFERENCIAS (MLA):

  • Vagn Fabritius Buchwald, “The Use of Iron by the Eskimos in Greenland”. Materials Characterization, volumen 29, número 2, pp. 139-176 (1992).
  • John M. Bird, Maura S. Weathers. “Native Iron Occurrences of Disko Island, Greenland”, The Journal of Geology, volumen 85, número 3, pp. 359-371 (1977).
  • John M. Bird et al. “Petrogenesis of Uivfaq Iron, Disko Island, Greenland”. Journal of Geophysical Research, volumen 86, número BI2, pp. 11 787-11 805 (1981).