Por qué debes evitar introducir tu viejo táper en el microondas

Un nuevo estudio muestra efectos perjudiciales del bisfenol A de algunos de estos envases

La química es la rama de la ciencia en la que encontramos más puntos de vista diferentes en la sociedad. Algunos consideran todos los compuestos químicos como malos por el simple hecho de serlos, una “quimofobia” que no tiene mucho sentido si consideramos que el propio cuerpo humano funciona con un equilibrio complejo de reacciones químicas. Pero tampoco hay que caer en el extremo contrario, no todos los productos químicos son inofensivos. Son útiles, pero algunos de ellos deben ser vigilados para usarlos con seguridad.

Uno de los compuestos que más dudas plantea en este sentido es el bisfenol A, conocido por sus siglas BPA. Esta molécula está presente en la composición de varios tipos de plástico como los policarbonatos y las resinas epoxi, por lo que estamos en contacto con él casi continuamente en nuestro día a día. Por ejemplo, en la montura de las gafas o el casco de la bicicleta.

Estos plásticos son útiles y no plantean ningún problema, pero esto es diferente cuando se incluyen en algunos productos en contacto con alimentos. Suelen aparecer en el recubrimiento interno de los envases de conserva (para separar el metal del alimento), en platos y vasos desechables, y en algunos táperes. Son estos casos en los que el bisfenol levanta más suspicacias, ya que se ha comprobado que esta molécula puede liberarse del plástico y transferirse a los alimentos cercanos.

Esa capacidad de migración no siempre es igual, y cambia según diferentes factores como el tipo de plástico, la temperatura, o la reutilización. Por eso, los productos que los incluyen hoy en día suelen estar preparados para un único uso y a temperatura normal, como las latas de conserva o los vasos desechables.

Pero ahí llega el problema de algunos tápers antiguos. Su uso sí que suele ser repetido a lo largo de los días, y muchos usuarios tienen la costumbre de meterlo en el microondas para calentar la comida. Si tiene BPA, es precisamente uno de los peores usos que se puede dar a este tipo de plástico. Hoy en día, los tápers que se pueden comprar tienen distintivos especiales para indicar si son compatibles con productos calientes y el microondas. Si se desaconseja su uso, seguramente sea porque incluye BPA o alguna sustancia similar.

Si lleva años comiendo del mismo táper y calentándolo, no se preocupe. Es cierto que habrá ingerido algo de BPA. De hecho, este podrá ser detectado en su orina, mientras sus riñones lo filtran. Cuando se descubrió que el BPA se liberaba al alimento, se hicieron estudios para saber qué dosis eran peligrosas y actuar en consecuencia. Y como avance, seguramente su dosis sea baja.

El enemigo en casa

El bisfenol A es una molécula perniciosa para el ser humano, pero siempre que se consuma en grandes cantidades. Y por grandes cantidades implica no comer desde el táper, sino comerse el táper en sí. En experimentos hechos con animales en dosis muy elevadas, se ha comprobado que tiene efectos cardiovasculares, puede provocar cáncer, y tiene fuertes efectos hormonales, ya que esta molécula puede afectar a los receptores hormonales.

Pero repetimos, estos efectos se observan con cantidades elevadas y poco realistas. En bioquímica, la dosis es importante. Una misma molécula puede actuar de manera beneficiosa o inocua en cantidades bajas, pero ser un veneno mortal en cantidades elevadas.

Todos estos estudios probaban que el BPA tenía efectos perjudiciales con concentraciones mayores de 0,6 mg por cada kilo de alimento y día. En consecuencia, hace diez años se impusieron leyes para que los productos con BPA que lleguen al mercado solo puedan desprender una cantidad mil veces menor que ese límite.

Por lo tanto, incluso si usamos el táper mal y lo calentamos en el microondas, tendremos que hacerlo al menos mil veces al día (y comer todo su contenido cada vez) para poder llegar a estas dosis perjudiciales.

Pero la seguridad de la población es lo más importante, y aunque la dosis sea segura con nuestro conocimiento actual, no está de más seguir comprobándolo. Actualmente hay estudios que tratan de comprobar si hay algún efecto inadvertido con el BPA en una concentración más baja y realista.

Uno de estos últimos estudios ha sido llevado por la Universidad de Alcalá de Henares, y han encontrado un efecto con concentraciones medias de bisfenol. Un resultado que no es importante para aquel que consume desde el táper, sino para aquel que lo fabrica.

Ni alto ni normal

El equipo de investigación, liderado por Ricardo Bosch, se ha dedicado a cultivar podocitos humanos. Son un tipo de células que forman nuestros riñones y que se encargan de filtrar la sangre. Cuando se unen entre sí, forman una malla que actúa como un tamiz, separando los componentes de la sangre según su tamaño y dejando pasar las moléculas desechadas que formarán la orina.

En los cultivos celulares de podocitos, estos viven en una placa, a la que se puede añadir diferentes sustancias y medicamentos para ver su efecto. Los cultivos suelen ser una manera artificial de hacer crecer las células, pero en los podocitos resulta muy útil, ya que el cultivo puede imitar lo que puede encontrarse el podocito en la sangre, y conocer el efecto del filtrado en el riñón.

El equipo probó a añadir diferentes cantidades de BPA en el cultivo de podocitos. Si la concentración era muy elevada, a los niveles poco realistas que hemos mencionado, los podocitos morían. Pero cuando se usaban concentraciones bajas, similares a las que podemos tener en nuestro día a día, los podocitos se encontraban bien. Una prueba más que indicaba que el BPA diario no tenía en principio efecto en nuestros riñones.

Pero luego probaron a subir un poco la concentración de BPA. A un nivel más elevado de lo que sería un consumo probable, pero más bajo que el límite considerado seguro. A ese nivel medio comprobaron algo extraño: los podocitos no morían, pero se desprendían de la placa. En vez de quedarse adheridos los unos con otros (lo que en el riñón seria formando la red), estos acababan flotando libres. Este comportamiento se ha observado en algunas enfermedades humanas como la proteinuria, donde los podocitos liberados acaban en la orina y se forman agujeros en la malla, dejando pasar proteínas grandes a la orina.

Este efecto se observa a niveles cien veces mayores que los niveles normales, por lo que no debe afectar a la población. Sin embargo, si son niveles realistas para trabajadores que fabrican este tipo de plástico. Ellos están expuestos a altas concentraciones de BPA en su turno de trabajo, y parte de él acaba siendo inhalado si no toman medidas de protección. Si esto se confirma mediante estudios posteriores, seguramente signifique un cambio en las regulaciones de estas fábricas y un aumento de las medidas de seguridad de estos trabajadores.

Mientras se confirma, lo ideal parece ser evitar el BPA en nuestra dieta. Podemos asegurar que en nuestro consumo diario los niveles son bajos, y sus efectos son más inocuos que otros compuestos químicos de consumo general, como la nicotina. Si queremos evitar efectos perjudiciales de los plásticos, la manera más sencilla es leer las instrucciones de los envases que tengamos, evitando reutilizarlo o calentarlo si así lo indica. La química ha ayudado mucho a nuestras vidas, y lo seguirá haciendo, siempre y cuando leamos sus restricciones.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Hace unos años salió un estudio sobre los altos niveles de BPA en los tickets térmicos que se emiten en el supermercado. Se comprobó que el BPA no se absorbe por la piel, por lo que si accede a nuestro cuerpo seria por tocar el ticket y no lavarse las manos después. Incluso así, los niveles que adquiriremos siguen sin llegar al límite de seguridad.
  • Una manera sencilla de saber si un tipo de plástico tiene bisfenol A es mirando su código de identificación. Si es 1 o 7 serán plásticos con BPA, que convendrá no reutilizar ni calentar. Incluso sin esta señal, podemos evitar su ingesta acatando las indicaciones sobre el uso del producto.

REFERENCIAS: