Nausicaä del Valle del Viento: Insectos gigantes y bosques de cristal

A pesar de su aspecto fantasioso, Nausicaä esconde conceptos científicos de gran calado, desde paleoclimatología hasta entomología.

El anime es un género que se mueve entre dos estigmas. Por un lado, sus fotogramas dibujados nos invitan a pensar que estamos ante contenido para niños, por otro, algunas de las producciones más exitosas muestran historias oscuras, retorcidas y profundamente violentas que tendemos a generalizar sin demasiados remilgos. La realidad es que en su formato tienen cabida todo tipo de historias para todo tipo de público. Es más, cuenta con un potencial incomparable para crear complejísimos mundos de ficción donde solo la tinta es el límite.

Hace 36 años, Hayao Miyazaki presentó al mundo “Nausicaä del Valle del Viento”, un filme de ciencia ficción de lo más conmovedor. Para Miyazaki aquello parecía el culmen de su carrera, estaba llevando a la gran pantalla una novela gráfica escrita y dibujada por él mismo, el trabajo de más de una década. Lo que todavía no sabía es que aquella era la piedra sobre la que construiría su Iglesia. Gracias al éxito de la película, Miyazaki pudo fundar Studio Ghibli, uno de los mayores estudios de animación del mundo y análogo oriental al todopoderoso Disney. Pero hablemos de Nausicaä, de hongos que “comen” radiación, insectos gigantes y bosques de cristal.

Nausicaä

Ya han pasado mil años desde que los “Siete días de fuego” arrasaron la civilización. Los pocos humanos que quedan se organizan en pequeños reinos casi tribales sobreviviendo en un mundo inhóspito con la ayuda de las pocas reliquias tecnológicas que han se mantienen en pie. Y digo “sobreviven” porque el Mar de la Putrefacción es una amenaza constante. Un bosque creciente del cual emanan vapores tóxicos y cuyos hongos se esparcen como el fuego tan pronto como sus esporas arraigan.

Este es único mundo que conoce Nausicaä, la princesa del Valle del Viento, una diminuta región entre reinos algo menos diminutos. Su curiosidad y arrojo la arrastrarán a una aventura de redescubrimiento en la que su universo mutará por completo. ¿Y si el Mar de Putrefacción no fuera el enemigo, sino la última esperanza de la humanidad?

El mar de putrefacción

En la película, Miyazaki plantea que estas plantas surgieron a raíz de nuestros excesos contaminando el planeta, que fueron una suerte de purificador del aire ingeniado por la madre Tierra para mantenerse en equilibrio. Esta interpretación panteísta dista mucho de la ciencia, pero es cierto que ya Lovelock y Margulis formularon en 1970 la hipótesis de Gaia. No debe tomarse de forma literal, pero sugieren que, a efectos prácticos, nuestro planeta funciona como un gran organismo capaz de regularse a sí mismo. Una idea que ya había sugerido uno de los padres de la ecología: von Humboldt, en el siglo XIX. En los seres vivos se llama “homeostasis” y permite que mantengamos una temperatura constante, por ejemplo.

En el caso de nuestro planeta estas relaciones de equilibrio son mucho más sutiles entre biología, climatología, geología, etc. No obstante, sí que parece haber algunas condiciones propicias para la vida que la misma vida en el planeta se “encarga” de mantener. Claro que todo esto sucede sin voluntad, consciencia o una finalidad clara, sino por azar donde lo que funciona simplemente se mantiene. Dejando esto a un lado, así como la imposible velocidad a la que se ha adaptado la vida al mundo postapocalíptico de Nausicaä, nos encontramos con una visión bastante ajustada a la realidad. De hecho, incluso conocemos hongos radiotróficos que (probablemente) se alimenten de radiación ionizante. Fueron encontrados durante 1991 en Chernobyl y aprovechan el mismo pigmento que broncea nuestra piel, la melanina, para captar la radiación que consumen.

Los insectos gigantes

No obstante, hay vida que ha podido prosperar en el tóxico ecosistema del bosque. Artrópodos gigantes pueblan su espesura, algunos del tamaño de montañas y con exoesqueletos más recios que el acero, como los ohmu. Por un lado, es evidente que un animal terrestre tan grande colapsaría bajo su propio peso, no podría sobrevivir en un entorno frondoso y le costaría encontrar suficiente alimento. Sin embargo, la resistencia de su coraza nos hace pensar en los insectos que refuerzan su cuerpo con zinc, un metal que hace más resistente el aguijón de algunas avispas y las piezas bucales de los mosquitos.

Y, para ser justos, si bien el tamaño que muestran en la película es imposible, han existido insectos realmente grandes en otras épocas. Durante el periodo Carbonífero, hace unos 300 millones de años, existían libélulas como las del género Meganeura, capaces de alcanzar los 70 centímetros de envergadura o incluso el género Arthropleura, parientes de los milpiés cuyo récord se encuentra en los casi tres metros de longitud.

Sin embargo, este tamaño parecen haberlo alcanzado precisamente gracias a la gran concentración de oxígeno que había en el aire, un 35%, superior al 21% actual. Esto, que sabemos gracias a los estudios de paleoclimatología hechos analizando testigos de hielo enterrados en las profundidades de la Antártida, no acaba de encajar con los bosques llenos de contaminación de Nausicaä.

Bosques de cristal

En un momento de la película Nausicaä se hunde en la tierra y emerge en una amplísima cavidad. Allí, entre otras maravillas, hay troncos de árboles hechos de cristal o que al menos lo parecen. Puede que esto aparente ser lo más fantasioso de la historia y que nos recuerde a esos cristales gigantes que describió Julio Verne en las profundidades de la Tierra. No obstante, hemos encontrado cristales como los de Verne en la cueva de Naica, en México, y que un árbol se transforme en cristal podría no ser tan absurdo como parece.

Lo cierto es que el proceso de fosilización consiste en algo parecido. Determinados minerales precipitan sustituyendo la materia orgánica de un ser vivo. Algunos pueden cristalizar, formando pequeñas estructuras ordenadas y angulosas que llenan el “molde” de las antiguas células. De hecho, se conservan algunos árboles prehistóricos, que tras ser sepultados y en ausencia de oxígeno quedaron convertidos en roca. Aunque, a decir verdad, sus troncos suelen estar tronzados y en lugar de translúcidos suelen tener una coloración parda. El motivo es que, aunque los cristales de cuarzo puro son transparentes, las impurezas de hierro, cobre y otros metales presentes tanto en los tejidos orgánicos como en el entorno, alteran el color del fósil.

Sea como fuere, es toda una experiencia ver un bosque fosilizado, y tenemos la suerte de que en España hay más de uno, entre los que destaca el de la Sierra del Aragoncillo, en Guadalajara. Así que, después de todo y a pesar de su ambientación fantástica, Nausicaä esconde más ciencia de la que parece, puede que incluso más de la que el mismo Miyazaki sabe. Por esos guiños a la ciencia, por su estética, su desbordante imaginación, su mensaje, sus valores y por su papel clave en el desarrollo de un género, Nausicaä se erige como una de las películas más interesantes de la ciencia ficción.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • El tamaño de los artrópodos en el pasado estuvo relacionado con el porcentaje de oxígeno en la atmósfera, entre otras cosas, porque su sistema respiratorio consiste en una red de finos conductos que no mejoran su eficacia tanto como deberían al aumentar su calibre. A no ser, claro, que haya una mayor cantidad de oxígeno disponible en el aire. No obstante, este no fue el único factor del que dependen, cuando aparecieron las aves su tamaño se redujo a pesar de que no hubo grandes cambios en el oxígeno, puede que para huir de ellas con más facilidad.
  • La forma de los ohmu recuerda a la de una larva, pero son adultos capaces de reproducirse. Que los caracteres infantiles permanezcan incluso durante la madurez es llamado “neotenia” y hay animales reales, como el axolotl, que se caracterizan por ello.

REFERENCIAS (MLA):