Las Fallas de Valencia celebran la primera “cremà” de la nueva normalidad

A las 20 horas han empezado a arder todos los monumentos infantiles

La primera cremà de la nueva normalidad
La primera cremà de la nueva normalidad FOTO: Kike Taberner Kike Taberner

Han sido días intensos, de mirar al cielo y rezar para que la lluvia y el viento no estropearan ningún acto importante. Finalmente, y a pesar de que han sido las Fallas más lluviosas desde hace 84 años, las nubes permitieron que jueves y viernes las falleras y falleros rindieran su particular homenaje a la Virgen de los Desamparados, y que hoy los monumentos falleros ardan en la tradicional “cremà”, símbolo de todo lo malo del año que hay que dejar atrás.

Se trata de la primera “cremà” de la nueva normalidad, las primeras fiestas sin restricciones -solamente la mascarilla en las grandes aglomeraciones- la que dice adiós a dos años para olvidar, y da la bienvenida a una nueva era que, aunque viene marcada por una guerra que cada día nos toca más cerca, se espera que pronto renazca en una época más esperanzadora y libre de tragedias.

Las primeras fallas en arder han sido las infantiles de toda la ciudad, a las 20 horas, seguidas por la infantil municipal ganadora de este año, que corresponde a la Comisión Gayano Lluc, y que ha ardido a las 20:30. A las 21 horas le ha llegado el turno a la falla municipal infantil, elaborada este año por los artistas Ceballos y Sanabria.

A partir de las 22 horas ha empezado la “cremà” de todas las Fallas grandes de Valencia, que se ha visto enfriada por la lluvia y el frío.

Han sido precisamente dos fallas dedicadas a las consecuencias del cambio climático, a las advertencias del calentamiento global y la necesidad de avanzar hacia un desarrollo sostenible, la municipal de la plaza del Ayuntamiento y la cercana de Convento Jerusalén, las que han concitado más atención a la hora de someterse al ritual del fuego purificador que anuncia la llegada de la primavera.

Tras la Cremà infantil -que ha dejado para el recuerdo la agonía de la falla municipal, que no lograba prender a causa de la lluvia y el viento-, las fallas grandes han comenzado a quemarse por cada barrio a las diez de la noche, a los sones de las bandas de música y entre castillos de fuegos artificiales, y media hora más tarde ha sido el turno del elegido como mejor monumento de 2022, el de Convento Jerusalén con el lema “2030″ y obra de Pere Baenas.

Con un presupuesto de 315.000 euros, esa falla hacía una alegoría, imponente y llena de riqueza cromática y simbólica, sobre los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU para salvar el planeta de los excesos humanos, y ha vuelto a ser una de las fallas más visitadas, como las del resto de la sección Especial, las de mayor inversión y espectacularidad.

Entre estas últimas se encontraba otra de las más admiradas, el “Jaque” de la falla del Pilar (segundo premio) que albergaba uno de los ninots más virales de este año por la guerra en Ucrania, el de Vladímir Putin jugando a los bolos con Joe Biden y Xi Jinping, y que como el resto ha sido pasto de las llamas.

Y a las once de la noche ha sido el turno de la falla municipal, en plena plaza del Ayuntamiento -el “kilómetro cero” del paseo fallero y donde se disparan las mascletaes más multitudinarias- y que este año, con un presupuesto de 205.000 euros (sufragados por el Ayuntamiento) y obra de Alejandro Santaeulalia y el artista urbano Dulk, llevaba por lema medioambiental la frase “Protegix allò que estimes” (protege lo que amas) que inmortalizó Jacques Cousteau.

El monumento era un canto a la Naturaleza repleto de animales en peligro de extinción y construida con materiales sostenibles para alertar del riesgo de que desaparezcan muchas especies de flora y fauna, como el enorme oso polar con mirada triste e incierta que se ha convertido en uno de los emblemas de estas Fallas.

Bajo la lluvia y ante la emoción de la fallera mayor, Carmen Martín, y su corte de honor, junto a autoridades como el president de la Generalitat, Ximo Puig, la ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant, y el alcalde de València, Joan Ribó, la falla ha ardido sin problema y en cinco minutos se ha convertido en una pira ante la mirada de miles de personas que abarrotaban la plaza y sus calles aledañas.

Este año se han salvado del fuego, por votación popular, los grupos “Fantástica indumentaria” (de Carlos Carsí para l’Antiga de Campanar) y “Mare mòbil” (de José Gallego para Convento Jerusalén), que pasarán a formar parte del Museo Fallero de València.

La Cremà está siendo vigilada y atendida por un dispositivo reforzado de bomberos que presta atención especial a los efectos del viento para evitar daños en fachadas o mobiliario urbano.

Ahora llega el turno de los 1.400 trabajadores del servicio extraordinario de limpieza que ha montado el Ayuntamiento para que durante toda la madrugada se recojan los residuos de las fallas quemadas y de la intensa vida de calle que se ha hecho estos días, a pesar del tiempo tan desapacible que ha hecho y que ha obligado a suspender actos festivos y pirotécnicos.

Con la incertidumbre ante la irrupción de la crisis económica que se deriva ya de la invasión rusa de Ucrania, el mundo fallero, que había cogido aire con estas fiestas para intentar volver a la normalidad prepandemia, afronta las Fallas de 2023 con la previsión de reducir su inversión, lo que puede afectar a todos los sectores que dependen, a lo largo de todo el año, de esta fiesta universal.