Crónica de un asesinato en blanco y negro

José Sancho, Gloria Muñoz y José Luis Torrijo protagonizan «La amante inglesa», un oscuro relato de Marguerite Duras basado en un crimen real que lleva a escena Natalia Menéndez.

José Luis Torrijos (de espaldas) y Pepe Sancho, como el marido, en «La amante inglesa»
José Luis Torrijos (de espaldas) y Pepe Sancho, como el marido, en «La amante inglesa»

Hay coincidencias que no parecen fruto del azar: como que la primera adaptación en España de «La amante inglesa» se estrene en el Matadero de Madrid.

Hay coincidencias que no parecen fruto del azar: como que la primera adaptación en España de «La amante inglesa» se estrene en el Matadero de Madrid. En las primeras páginas de la novela de Marguerite Duras aparecía este aviso público: «Acaban de ser descubiertos en Francia, un poco por todas partes, restos humanos en vagones de mercancías... pertenecen al mismo cuerpo. A excepción de la cabeza, que no se ha encontrado, la reconstrucción del cuerpo se ha hecho en París. La comprobacion de la interseccion de líneas ferroviarias ha permitido descubrir que los trenes que transportaban estos restos han pasado, cualquiera que fuese su destino, por un mismo lugar, a saber, el viaducto de Viorne. Ha quedado establecido que se lanzaron a los vagones desde la alambrada de este viaducto, por lo que es probable que el crimen se haya cometido en nuestro municipio». Duras transformó en ficción, con algunos cambios, la crónica de un asesinato real ocurrido en Francia en 1949: Amélie Rabilloux mató a su marido con un martillo y descuartizó su cadáver, que fue tirando trozo a trozo a los vagones que pasaban cerca de su casa. La autora del guión de «Hiroshima mon amour» no planteó una novela negra, sino que transformó una crónica periodística –firmada por Jean-Marc Théolleyre– en un viaje oscuro al horror. Pronto conoceremos a la culpable ficticia. Claire Lannes, una vecina del tranquilo municipio, confiesa el crimen: la víctima aquí es su prima Therese, sordomuda, que ayudaba en las labores de la casa. A través de las páginas de la novela, Duras se esforzará en entender los motivos del crimen a través de tres perspectivas: la del propietario del café del pueblo en el que se cometió el homicidio, y las de la asesina y su marido, Pierre. Posteriormente, la propia novelista transformó su libro en una obra teatral.

Guiños truculentos aparte –ahora comprenderán la gracia de que la obra se estrene en el Matadero–, esta producción tiene todos los alicientes posibles, como estar dirigida por Natalia Menéndez o contar con Gloria Muñoz y José Sancho en escena, en los papeles de Claire y Pierre Lannes –Clara y Pedro en esta versión en español–, asesina y esposo respectivamente, ambos enfrentados al interrogador al que da vida José Luis Torrijo. «La obra va a desazonar, a preguntar. No deja tranquilo al espectador, pero le va a llevar desde momentos de amor y felicidad a otros de sueño, de pesadilla, de dudas, sopechas, interrogantes...», asegura Menéndez. Y matiza Pepe Sancho: «Como en Venecia, donde todos los canales llevan al Gran Canal, todo en la obra lleva a entender cómo se llega a asesinar a alguien que es quien menos merece ser asesinado, por más que quizá haya implantado el malestar en la pareja».

«La función, su construcción dramática, tiene lo suficiente para inducir a pensar que la asesina puede ser ella, o puedo ser yo... Podría ser incluso un suicidio de la prima y una manera de quitarla de en medio habría sido destrozándola. No sabemos si mata: ella confiesa que sí, pero hay un policía avispado que dice: un momento que aunque ella haya confesado...», prosigue Sancho sobre la obra, una investigación a dos bandas, en la que, curiosamente, él y Muñoz no coinciden nunca en escena. Nunca antes habían trabajado juntos –ni con Menéndez, ninguno de los dos– y casi puede decirse que después de este estreno seguirán sin haber compartido escenario. De hecho, ambos intérpretes ni siquiera están ensayando a las mismas horas, para no «contaminar» su visión del personaje con el papel del otro. Ha sido para atender a la Prensa cuando se han sentado en la misma mesa de trabajo por primera vez. «Es una pena –lamenta Muñoz–, pero son dos interrogatorios: el primero al marido y el segundo a la asesina».

Se trata de un texto con cierta tranquilidad. Su cara a cara con Torrijos le ha permitido a Sancho rebajar la intensidad habitual de sus papeles, asegura el actor de Manises. Algo que debe ponerse a las órdenes de Menéndez tras dirigirse él mismo en montajes como el «Enrique IV» de Pirandello y «Los intereses creados» de Benavente: «Yo estoy acostumbrado a trabajar más a tope de mi energía. En esta función, gracias a la dirección, no es que haya aprendido, sino que he vuelto a mis orígenes, a saber canalizar esa energía. No voy a estar comedido, voy a ser yo, pero las partes más bruscas de mi interpretación aquí no me hacen falta: soy un marido, medio gañán, medio instruido, que vive en una casa en el campo con una señora que evidentemente es más lista que él». Y Muñoz destaca «la serenidad de la dirección de Natalia, está planteada con una aparente tranquilidad externa. No tiene pretensiones de ser un supermontaje ni estridente». No es, por otra parte, «el típico interrogatorio naturalista», adelanta la directora: «Es un interrogatorio donde los personajes se mueven; hay fisicidad, porque para mí el movimiento tiene que ver con la respuesta, con lo que sienten. Y el espacio, igual: no es un flexo y una mesa. Y el interrogador tampoco es un policía ni un juez. Me apetecía mostrar un espacio mucho más onírico y sugerente».

Clara en realidad podría haber matado a cualquiera en este viaje al origen de la violencia. «Podría haber matado al marido, pero él no está sordo», explica el actor. La prima no tuvo tanta suerte. Y bromea Gloria Muñoz con bondad: «A Pepe Sancho no le partiría en pedazos...». La posibilidad desata bromas entre ambos: «No he hecho tanto... Algunas cosas, sí, pero no como para matarme», dice el actor. Y suelta con sorna: «Pero hago el muerto de puta madre».

Asegura Muñoz que «la obra plantea preguntas: nadie sabe por qué ha hecho esto esta señora, y lo que es más grave es que ni siquiera ella lo sabe. Ha llegado al punto de asesinar a su prima, y no sabe por qué. La novela plantea preguntas al lector y la obra de teatro al espectador». Y al final, ¿logramos comprender sus motivos?, ¿empatizamos con ella? «Ése es mi trabajo, sí. Me gustaría», reconoce la intérprete de títulos como «Las troyanas» y «Todos eran mis hijos». «Empatizar, no sé. Pero sí entendiendo por qué cada personaje se comporta como se comporta», matiza su compañero de cartel.

En el fondo, no estamos tanto ante la crónica de un crimen como ante el retrato de un matrimonio en el que ha fallado el contacto, la comunicación, «una familia desestructurada, comos e dice ahora, aunque sólo sean dos y la desestructuración sea muy pequeña: empiezan a ser incompatibles. Viven en la misma casa, pero ella se pasa horas en el jardín, en una habitación, sin decirle nada a nadie, elucubrando. Es una obra que trata más de qué lleva al asesinato que del asesinato en sí». Para Muñoz, «es una obra que plantea muchas cosas: habla de la incomunicación, desde luego, de la soledad no estando solo, de las responsabilidades del resto e la gente, de la falta de razones y del exceso de razones para el asesinato. También de la impotencia, cuando uno tiene muchas cosas en la cabeza pero es incapaz de expresarlas. Es una obra muy compleja».