ARCO gana en Tiempo

La sección «It’s Just a Matter of Time» pasa por ser una de las mejores y más sólidas apuestas de esta edición de la feria, que ayer fue inaugurada por los Reyes

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La gran novedad de ARCO 2020 es la ausencia de país invitado. ¿Buena o mala decisión? La primera impresión es positiva. El estudio del arte por nacionalidades, en plena era de la globalización, y cuando la mayoría de los autores viven y trabajan lejos del lugar en el que nacieron, suena cuanto menos rancio. Más oportuna parece, sin embargo, la fórmula elegida por la organización de la feria para la edición de este año: se identifica a un artista esencial en el arte de las últimas décadas, y se rastrea su influencia en las prácticas artísticas contemporáneas. La realidad del arte se parece indudablemente más a este modelo de diseminación que que a ese otro de fronteras e identidades compactas.

El artista con el que la feria se ha estrenado en esta nueva fórmula es Félix González-Torres. Cubano de nacimiento, su trayectoria vital y profesional se desarrolló entre España, Puerto Rico y EE.UU.. Este espíritu nómada le otorga ese carácter fluido y transfronterizo tan distintivo de la posmodernidad, y que conjuga armoniosamente con la deslocalización de los tiempos actuales. Para abordar la importancia creciente de su obra, Arco ha delimitado una sección denominada «It’s Just a Matter of Time». Mientras que el programa público de esta ínsula reflexiva se ha encargado a Manuel Segade, director del CAM2, de Móstoles, el proyecto curatorial ha sido desarrollado conjuntamente por Alejandro Cesarco y Mason Leaver-Yap.

Presente, pasado y futuro

«It’s Just a Matter of Time» trata precisamente sobre eso: el tiempo y sus diferentes morfologías. Para Félix González-Torres, el tiempo constituía la materia prima más íntima y personal de sus trabajos: el tiempo cotidiano del activismo político; el tiempo excesivo –y, por tanto, disidente– de lo lúdico; y el tiempo grave y emocional del duelo. Presente, pasado y futuro son invocados con una ingeniería poética insuperable, que tanto Cesarco como Laver-Yap han auscultado en el pulso artístico de diversos y muy heterogéneos autores.

En «It’s Just a Matter of Time», el tiempo no es un concepto monolítico, fijo e inmutable. Su naturaleza es tan relativa como esa juventud tan inasible que Jack Pierson refleja en su serie fotográfica «Unidentified Youth» (1999). No es solo que el ideal de la juventud varíe y se transforme según las épocas y las culturas, sino que la idea y el sentimiento de juventud depositados en un ramo de flores puede ser tan frágil y efímero como para desvanecerse en un día. Como efímera es la propia vida de cualquier persona –también la de un artista–. Del autor conceptual Stanley Brouwn, se muestran una serie de tarjetas de invitación que abarcan desde 1993 hasta 2018 -meses después de su fallecimiento.

La línea de la muerte

El tiempo es siempre transformación –como lo evidencia Andrea Büttner en «Corner» (2011-2012) y «Ramp» (2010)–, en las que una serie de imágenes de rampas empleadas para salvar desniveles muestran el desgaste ocasionado por su uso. Cualquier transformación de la realidad implica su destrucción. Los cuerpos, los paisajes, el medioambiente sufren el paso del tiempo como una catástrofe incesante que los va minando poco a poco. Es lo que sucede en «Inferno» (2016), de Henrik Olesen, en la que un mosaico de pequeñas catástrofes naturales nos alertan del futuro horroroso que espera a la humanidad por los efectos de la destrucción del tiempo demencial de la «evolución». O el caso de «Corpo de delito», de Jac Leirner, en la que una hilera de ceniceros de conocidas marcas trazan la línea de una segura muerte.

El tiempo es también esa realidad del «después», la de los escombros y las ilusiones quemadas. Mía LaBeija recrea la escena de resaca posterior a una fiesta. Y Jem Cohen recopila, en un vídeo filmado en Super 8, las alfombras de papelillos que cubren las calles después de un gran desfile. Como demostró González-Torres, el cuerpo, su arquitectura y sexualidad, son territorios políticos de primer orden. Los objetos –sillas y prótesis– de Pepe Espaliú recrean el tiempo de los «cuerpos diferentes», mientras que los microfilms de Maria Eichhorn nos introducen en la temporalidad íntima de la sexualidad. El tiempo de cada ser vivo es finito; pero las formas del tiempo son infinitas. «It’s a Matter of Time» es, sin duda alguna, de lo más interesante de esta edición de ARCO.