“El novio de la muerte”: historia de un himno

Para unos proviene de un cuplé de Lola Montes y para otros, su letra nace de los versos que se encontró en el bolsillo de un oficial que murió en Marruecos

Es una canción vinculada a la legión y en concreto a esa legión de Millán Astray (como puede apreciarse en “Mientras dure la guerra”, la película de Alejandro Amenabar) que participó desde el primer momento en el levantamiento militar de 1936 contra el Gobierno republicano lo que precisamente ha utilizado Vox en una protesta civil en Madrid. Pero, ¿cuál es su origen? Existen varias versiones. Una está basada en un hecho que sucedió en Marruecos durante la guerra del Rif, cuando el oficial que sostenía la bandera moría en enero en una posición avanzada. Su fallecimiento se convirtió en un emblema, en pura imaginería militar. Se dice que en los bolsillos del soldado se halló un papel con unos versos que había escrito a su novia. Sería parte de la letra que más adelante se emplearía en este himno militar. Lo cierto es que no existen demasiadas evidencias que ratifiquen todo esto, pero todavía pervive en la memoria de muchos.

La otra versión, que cuenta con mayor verosimilitud, es que era una copla de Lola Montes. Ella la cantaba y un día Millán Astray, que estaba buscando una canción que sirviera de inspiración y ejemplo para sus hombres, un himno que recogiera un poco los ideales que él trataba de inculcar en estos pelotones, la escuchó y le gustó y la consideró apropiada para sus pretensiones. Algo tan sencillo como eso. Parece ser que fue en un club nocturno, durante una actuación, y, también, parece ser que le encantó la letra porque se adecuaba lo que trataba enseñar a este nuevo cuerpo del ejército español. A partir de ahí, la letra sufrió algunas enmiendas y modificaciones y quedó en lo que conocemos actualmente: “Soy un hombre a quien la suerte /hirió con zarpa de fiera /soy un novio de la muerte / que va a unirse en lazo fuerte/ con tal leal compañera/Cuanto más duro era el fuego/ y la pelea más fiera/ defendiendo a su Bandera/ el legionario avanzó/ Y sin temor al empuje/ del enemigo exaltado /supo morir como un bravo/ y la enseña rescató”.

Lo que se pretende es difundir un código de renuncia de la vida, de entrega al dolor y al sacrificio, y de desprecio a la muerte. Miguel de Unamuno, en aquel célebre encuentro que sucedió en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, no tardó en sacar la contradicción a esta idea aventaba por Millán Astray. Cuando le gritaron: “¡Viva la muerte!”, que es lo que ensalza esta canción, él respondió: “O sea que muera la vida”. Con estas sencillas palabras el filósofo desarmaba tanta intelectualidad.

Desde aquellos años bélicos, el himno se ha ido identificando con aquella legión, que no con la legión actual, que ahora es un cuerpo integrado plenamente en la democracia que participa en multitud de misiones humanitarias en el exterior. El himno se veía ya como algo tradicional, una curiosidad en el contexto de ciertas fiestas, como en Semana Santa, que los propios legionarios cantan durante el traslado del Cristo de Mena, y que es uno de los grandes y emotivos momentos de esta celebración. Fuera de ellas y en otros contextos, en cambio, la canción todavía sigue teniendo las mismas connotaciones que antaño, haciendo un muy flaco favor, sobre todo, a la legión española. La demostración de esto es que los grupos españoles Los Planetas y la Niña de Elche habían versionado la canción, lo que ayudaba a quitar carga histórica y política, y asumirla con normalidad en los días actuales.