Por qué tienes que ver... “Babylon Berlin”: un mundo vibrante al borde del colapso

Hay giros dramáticos tan efectivos que proporcionan un cosquilleo de regalo inesperado

Estamos ante toda una ficción «noir» que, de hecho, arranca con la mirada puesta en el detective Gereon Rath (Volker Bruch), que acaba de llegar a la capital alemana desde Colonia con el fin de investigar una red de extorsión y que no tarda en revelarse como el tipo de sabueso que dio al cine negro su buen nombre: un «outsider» lleno de talento, pero azotado por los demonios, y dotado tanto de habilidades únicas para la observación y el análisis como de altas dosis de ingenuidad. Los detalles de sus pesquisas, en todo caso, son poco más que el pretexto de la serie para adentrarnos en una versión increíblemente sombría y aun así –o tal vez precisamente por eso– muy hermosa de la República de Weimar. En otras palabras: opulencia, pobreza extrema, fluidez sexual, vanguardia, surrealismo, decadencia, los primeros síntomas del nazismo, y multitud de formas de pensar apiñadas en un espacio urbano convulso.

Un universo complejo

El mundo en el que «Babylon Berlin» transcurre es tan complejo que mientras la ve el espectador se ve obligado a usar toda su capacidad de atención para no perderse entre la plétora de personajes y líneas narrativas que chocan entre sí de formas fascinantes. La serie incluye historias sobre bolcheviques, tesoros robados, mafiosos que chantajean a políticos, ocultismo, bases militares secretas y traumas relacionados con la Primera Guerra Mundial. A lo largo de su metraje se nos ofrecen revelaciones sobre identidades secretas y tramas asesinas y varios giros dramáticos tan efectivos que proporcionan el mismo tipo de cosquilleo interior que uno siente al recibir un regalo inesperado.

Lo tiene todo

Todo lo dicho hasta ahora sugiere que «Babylon Berlin» está llena de oscuridad y capacidad perturbadora; y efectivamente lo está, pero también incluye momentos francamente divertidos, y exuberantes coreografías de baile y otras escenas propias de un musical, y estimulantes paseos por la época que marcó el auge de la psiquiatría, y vistosos momentos oníricos, y deslumbrantes secuencias de acción, y una de las más seductoras representaciones de un coqueteo entre un hombre y una mujer que es posible encontrar en el ámbito de la ficción televisiva. En otras palabras, lo tiene todo.

Ambigüedad moral

Uno de los rasgos más efectivos de «Babylon Berlin» es su ambigüedad moral; ninguno de sus personajes es trigo completamente limpio. Lo más parecido al héroe, Gereon, es un drogadicto propenso a acumular secretos y generalmente incapaz de cumplir las normas; y su colaboradora, la mecanógrafa y aspirante a detective Lotte (Liv Lisa Fries), es una mujer inteligente y valerosa, pero también una trabajadora del sexo proclive a mentir. Por supuesto, los defectos de ambos no son más que un horrible reflejo de la corrupción que está devorando los cimientos del vistoso mundo que habitan.

Semejanza con la actualidad

En su tercera temporada, «Babylon Berlin» reparte su carga dramática entre la aterradora representación de un asesino que merodea por el rodaje de una película y nuestro conocimiento previo de lo que se cierne sobre sus personajes; la amenaza del nazismo y la eugenesia, en efecto, acecha bajo la superficie de cada plano. Y es que, aunque pasea por el territorio del «noir», el de la ciencia-ficción y el del terror, la serie mantiene los pies plantados en el mundo real; el que retrata es un universo a punto de colapsar a causa de la brutalidad policial, la desigualdad sistémica y la paranoia política y, por tanto, uno muy parecido al nuestro.