La última aparición de Pau Donés: “Si estás viendo esta entrevista es porque el malo me ha matado”

Jordi Évole presenta en el Festival de Málaga "Eso que tú me das", la charla que mantuvo con el cantante de Jarabe de palo a solo dos semanas de su muerte. Un encuentro impactante en el que el músico simplemente quería "hablar por hablar"

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Durante veinte años ha sido uno de los músicos con más éxito de España. Pero eso sirve de poco cuando el cáncer se cruza en el camino de uno. Luchó contra ello sin ocultarlo. Incluso, en algunos momentos, parecía que iba a lograr superar la enfermedad, pero, a principios de este dichoso 2020, todo empeoró. Luego, en mayo, Pau Donés cogía el teléfono para llamar a su amigo Jordi (Évole) y pedirle una concesión: consciente de que le quedaban pocas semanas de vida, quería dar una última entrevista sin el ruido del estrellato. «No recuerdo haber dado nunca una entrevista sin tiempo concreto. Simplemente hablar por hablar. Lo necesitaba. Explicar las cosas sin entrar en la frivolidad artística», argumenta Donés en «Eso que tú me das». Una llamada con la que, dice Évole, «nos vaciamos y lloramos todo lo que teníamos que llorar».

Así es la dura charla que ayer se presentó ayer en el Festival de Málaga y que el artista afrontó dos semanas antes de su fallecimiento. Con toda la entereza del mundo, mira a la cámara y se lanza: «Si estás viendo esta entrevista yo ya no estaré porque el malo me ha matado».

Es solo uno de los momentos que se muestran del encuentro entre el cantante y el periodista en el Valle de Arán (Lérida) y que dejó sin palabras al propio Évole: «No sé ni qué preguntarte». Enfrente, un tipo extremadamente delgado, que la cámara coge de perfil mientras calienta la voz con «a, e, i, o, u...» y alguna pedorreta. En la nariz, lleva una sonda «para poder alimentarme e hidratarme», lo que hace todavía más impactante la imagen de ese hombre que encandiló a España con «La Flaca». Curioso.

El aspecto frágil de Donés –al que pronto se acostumbra el espectador para centrarse en sus palabras– poco tiene que ver con la fuerza que transmite el mensaje de un hombre que ha aceptado el destino y que no piensa en nada más que disfrutar cada detalle que le roza. Hablar, pasear, comer, echarse la siesta... Ser «el tío más feliz del mundo». Ocuparse y no preocuparse. «Es miércoles, estamos en un sitio estupendo, dos amigos...». La voz ya no es la de siempre. Apenas le queda un hilo rasgado que, eso sí, no pierde ni pizca de lucidez: «Hoy me he levantado. He ido a la montaña, un sitio que siento que formo parte de él. Y ahora estoy en casa descansando. Acabo de sacar un disco, pero tengo cáncer. Me estoy muriendo y quería acabar mis días, que no sé si son dos meses, uno, una semana..., teniendo una conversación con alguien e intentar dar una imagen nuestra [enfermos de cáncer] que la gente no tiene. Somos personas normales», explica. Ni siquiera esa llamativa sonda le cohíbe. «No pasa nada. Es un tubo que me ayuda. Mejor, así se va normalizando», comenta.

Después de un lustro enfrentado al cáncer, y durante el que ha «disfrutado» del nacimiento de «dos discos, giras, un sobrino...», Pau Donés se olvidó de lo que era el miedo. Rompió todos los tabús sobre la enfermedad y solo pretendía «hablar de la vida. No de la muerte. El miedo es terrible. La gente tiene miedo a moverse, a querer y a que le quieran, al dolor... Te corta la libertad. Yo puedo tener miedo a lo que le pase a mi familia, pero no a este momento». Para el artista, «desde que aceptas que la muerte va contigo, que es parte de la vida, vives más tranquilo». Solo una preocupación: no sufrir.

Aunque sí hay una cosa que Donés no esconde ante las cámaras de Évole: la jodienda de irse de este mundo. Por mucho que lo tuviera asimilado, la vida para él era fue regalo y «si, en vez de irme el mes que viene, me fuera el año que viene y viera la bajada de los corzos de las montañas y la caída de las hojas», mejor. «¿Por qué no me puedo quedar a ver eso?», se resigna antes de pedir una prórroga de «toda una vida, hasta los 70». Y es que, como afirma el cantante, «no me va bien» la muerte. «Tengo cosas que hacer estos días».

Pau Donés se desahoga junto a su amigo en una charla inocente que para el periodista termina siendo un hito «histórico»: «Que alguien de esa relevancia se preste a una entrevista en sus momentos finales lo convierte en un documento único. Habla desde un lugar poco común». De esta forma, el encuentro se alargó hasta las tres horas, que en la pantalla se han reducido a un tercio pese a que para Évole «quitar una sola frase era como cortarse un brazo».

Pero la intención era mostrar la naturalidad de una persona que tiene más que asumido su futuro. Cada minuto es un regalo en el que disfrutar de las anécdotas que van saliendo en la conversación: de su admiración por Carlos Tarque, Antonio Vega o Celia Cruz a su gusto por bailar salsa y rock and roll. «La sardana no porque es el paso más aburrido del mundo. El folclore tiene que ver con la personalidad de cada sitio y es verdad que los catalanes somos así. Mira las sevillanas, todo lo contrario», ríe Donés.

En «Eso que tú me das», que llegará a las salas de cine el 8 de octubre (siempre que la pandemia lo permita), se ve al que fuera líder de Jarabe de palo entregado a los suyos. Sin querer saber nada del qué dirán ni internet ni redes sociales. «¿Pasar mis últimos días pendiente de lo que digan los demás? No». «En estos días en los que el odio tiene tanto protagonismo, que alguien no sepa lo que es un “hater” es maravilloso. Todo su mensaje es positivo», afirma Évole. Contestar los centenares de mensajes que recibía al día hubiera significado para el músico alejarse de pequeños placeres de la vida payesa como «tomar el sol» o, simplemente, «ir a comprar queso». Son los caprichos a los que se aferró Donés, ya desahuciado, después de vivir durante unos meses el sueño americano con su hija Sara en California, en Santa Mónica. Fue a la vuelta de Estados Unidos, tras Navidades, cuando el músico se dio cuenta de la cercanía de su final y de cómo le gustaría que le recordasen: «Me gustaría que mis compañeros me tuvieran respeto, que digan “este es de los nuestros”. Y que el público me recuerde por las canciones».