El Reina Sofía expone la banda sonora del arte

La exposición «Disonata» recorre el sonido, diferenciado de la música, como arte a través del siglo XX

El arte siempre ha mantenido una estrecha relación con la música desde sus orígenes. A través de esculturas y pinturas se han retratado instrumentos de música, músicos y partituras. No solo como sombras de una elegancia o pruritos de una aristocracia bien formada, sino también porque las Bellas Artes y la música han avanzado en múltiples ocasiones por sendas paralelas en cuanto a estilos. El Museo Reina Sofía aborda en «Disonata», comisariada por Maike Aden sobre un proyecto original de Guy Schraenen, un amplio recorrido sobre cómo el sonido se separó de la música para convertirse en una materia del arte. Una disgregación que llegó a la paradoja de que las notas acabaran permeándose en objetos concretos. «La tesis de la exposición -explica Manuel Borja-Villel- muestra la voluntad del arte del siglo XX de romper las estructuras de las disciplinas y para muchos músicos, la propia música tradicional, con sus notaciones, diferencia entre el escenario y el público».

El recorrido está trabado por cerca de doscientas piezas, que incluyen esculturas, grabaciones, por supuesto, un conjunto de partituras, manifiestos, fotografías y películas, que nos acercan a diferentes aspectos de las vanguardias históricas y cómo se aproximaron desde sus teorías al sonido. Entre las piezas que se exhiben hay obras de Elena Asins, Ulises Carrión, Marcel Duchamp, Esther Ferrer, Jean Tinguely y John Cage. «El recorrido empieza con Satie, que incluye ruidos, y con futuristas soviéticos y dadaístas que introducen elementos sonoros, que es sonido, o los futuristas italianos y rusos, incluyen engranajes máquinas, que tenía que ver con la música que no introducía, o los dadás que incluyen gruñidos y hacen notaciones, que son poemas sonoros que no tiene nada que ver con lo que se había hecho. A partir de ahí, se repasa diferentes momentos del siglo XX, como la aparición del magnetófono, que permite a muchos artistas grabar, usar la voz, utilizar sonidos, cortar y pegar, el distribuir masivamente». Con los años cincuenta se repasan todos los experimentos multimedia que hubo, las aportaciones de Iannis Xenakis o de Edgar Varèse, ambos bajo la égida de Le Corbusiera. También se pueden ver las aportaciones de movimientos como Fluxus o el grupo español Zaj, hasta llegar a escenas pospunk.